Convencida de que en Europa podría canalizar su amor por el arte del diseño y hallaría inspiración, a los 18 años hizo maletas y emprendió el camino que la conduciría a vivir la aventura que jamás imaginó. Con su delicado aroma de juventud, se inscribió en la Universidad de Arte de Berlín. Tras cuatro años de arduo sacrificio, egresó como máster en Diseño Industrial, con especialización en Moda, y pronto dejó en claro sus intenciones de ser asiento para la innovación femenina del lujo. Constante en sus metas, incursionó en el rubro de los calzados gracias a una coincidencia. Conoció al diseñador alemán Fritz Unützer, propietario de una fábrica que producía zapatos. Este le propuso trabajar para su marca y le concedió la libertad de buscar lo que ella pretendía. Infundiendo altivez en sus bocetos y conservando la herencia clásica de la compañía, Ingrid Mariela Schwarz Montiel (44) tuvo ante sí la combinación única entre oportunidad y creatividad para sumergirse en el universo de los negocios. Sus trazos conquistaron a prestigiosas casas de la talla de Gucci, Gap, Bally y Yohji Yamamoto. Con su firma registrada “Mariela Montiel”, cultivó una clientela que incluye a celebridades de Hollywood, como Penélope Cruz, Amy Adams, Tina Fey y Margot Robbie, quienes lucen sus creaciones en las alfombras rojas de las más espigadas galas internacionales. “Mi deseo también es posicionarme en mi país, ya lo estoy analizando y espero concretarlo”.
¿Cuál es tu secreto para hechizar a referentes del mundo de la alta moda? Imprimo mis exigencias en cada colección. Ingreso por una puerta distinta consciente de que no represento a una gran industria. Sin embargo, mi propuesta es diferente, pues brindo un servicio poco común en Europa y los Estados Unidos; la invención convence a la gente. El concepto de mi trabajo se basa en una colección exclusiva de calzados confeccionados sobre medida, que ofrecen comodidad y exquisitez. Mi sistema de ajuste único consiste en medir los pies de la clienta para reconocer su inclinación y otros detalles estratégicos. Posteriormente, envío un prototipo de muestra para que lo calce durante unos 10 días, a fin de verificar si todo quedó a la perfección. Es algo loco, pero es mi pasión y el modo en que me gusta servir a Hollywood.
¿Por qué Hollywood? Porque siempre llevé en mente el sueño de hacer calzados para las producciones cinematográficas, pero me decidí por la red carpet, sin descartar mi motivación inicial; es más, hace poco se dio la posibilidad, pero, desafortunadamente, una famosa empresa pagó la exclusividad. Ingresar a ese mundo es complicado, pero si tu trabajo se conoce, te eligen sin dudar.
¿Cómo se vinculó con sellos de altísimo renombre global? En el caso de Gucci, los headhunters (cazatalentos de agencias) me contactaron mientras me desempeñaba en una firma suiza, Bally, con la cual cumplía un buen contrato y cuyos ejecutivos me permitieron colaborar con Gucci. Así comenzó mi inspiración. Para ellos concebí un diseño de hebillas de bocado, una pieza icónica que siguen empleando en cada colección. Obtuve los demás trabajos mediante mi sed de aprender y mantenerme firme.
¿Y con las actrices? Cuando tuve la idea de adentrarme en el mundo de Hollywood, mi primera clienta fue Penélope Cruz. Esta suerte se dio gracias a la amabilidad de un amigo fotógrafo, quien se atrevió a hablarle de mí durante la producción de una campaña con la actriz. Él quería que viera mis trabajos, pero ella se negó rotundamente; sin embargo, luego de tanta insistencia, accedió a ver un video de mis colecciones. Para promocionar mis opciones acostumbro grabar un breve audiovisual en el que las exhibo, una vez montadas en hojas de papel, a partir de mis dibujos. Mi hija, Eva Luna, de seis años, compone la melodía que acompaña los pasos y mi marido se ocupa de la filmación. Tras observar el material, Penélope se comunicó conmigo y me invitó a su casa. También me presentó a la persona que se encarga de su look total, Cristina Ehrlich, una figura superimportante en Hollywood. Cristina, por su parte, me ayudó a establecer contacto con otras actrices, ya que orienta a varias. Meses atrás, concebí un par de calzados completamente confeccionado con cadenas de oro para la princesa de Dubái.
¿De qué se enamora para definir su colección? Cada inspiración es un viaje. Mi atelier está en Venecia y mi departamento, en París. Transito lugares emblemáticos para adquirir materia prima. Empiezo escogiendo un tema en torno al cual edifico una historia; si puedo, me traslado hasta el sitio o, simplemente, hago un recorrido con imágenes. Mi hogar queda frente al Museo del Louvre y con solo dirigir la mirada hacia allí, encuentro pura inspiración.
¿Por qué los calzados atraen a las mujeres? Creo que el motivo de esa fascinación radica en que se trata de un accesorio que las eleva y transforma su cuerpo. Siempre digo que los hombres no corren con la misma suerte.
¿Cuál es su colección fetiche? Curvies, estrenada por Margot Robbie en una campaña que encaró para mí.
Inquieta y meticulosa, Ingrid destina parte de su tiempo a las producciones fotográficas para las campañas publicitarias de la francesa Raynaud & Cie, regentada por su esposo, miembro de la cuarta generación de la manufacturera de porcelana de Limoges.
Distinción tradicional
En 1919, Raynaud Martial adquirió la fábrica de porcelana Montjovis fundada en 1849. El negocio pronto creció hasta convertirse en Raynaud & Cie, en 1925, cuyo propietario plasmó su ambición en el conocido sello de una R con una rama de laurel. La firma siguió tendencias artísticas y dio origen a las famosas copas Czarina. En 1952, André Raynaud sucedió a su padre e introdujo innovaciones industriales y amplió el enfoque. Presentó series de artistas, como Dalí, Cocteau, entre otros. Hoy trabaja la porcelana de Limoges, en la que prevalece la preferencia por las líneas y los colores. Desde hace más de dos siglos, la porcelana de Limoges es sinónimo de calidad en todos los continentes.
Texto dbattilana@abc.com.py
Fotos Gustavo Báez, gentileza
