A dos años de finalizar la carrera de Marketing y Publicidad, Gabriela Miers resolvió apartarse de los estudios para concretar un proyecto personal: Las delicias de mi Yeya. Tras la senda trazada por la excelente chef que fue su abuela materna, Stella Aguirre de Gómez –a quien llamaba Yeya–, volcó todo su amor y dedicación a la elaboración de dulces y al diseño de canastas. El desafío era enorme, pero nos cuenta que el apoyo de su mamá, Estela Gómez, y la memoria de Yeya bastaron para que no se rindiese.
Para seguir sus sueños, Gaby no solo hizo a un lado su formación académica; renunció también al alentador salario de un trabajo estable. “Algo me faltaba”, recuerda, a ocho meses de haber encarado la travesía del negocio propio.
De aquella excelente chef había aprendido solamente una receta: la del pavé. Sin embargo, sus escasos conocimientos gastronómicos no le impidieron luchar por su meta; sabía que podía cumplir su sueño.
Las habilidades decorativas de Estela resultaron cruciales para la puesta en marcha del proyecto, y así, poco tiempo más tarde, asumió plenamente la responsabilidad de hornear alimentos dulces y salados que cuidan la salud de quienes conviven con la intolerancia a la lactosa o al gluten.
¿Cómo surge el proyecto? Estaba estudiando Marketing y Publicidad, carrera que dejé en el tercer año porque me gusta la cocina. Mi intención va más allá de lo que he logrado hasta ahora, quiero un lugar donde la gente pueda disfrutar de su tiempo, sus amigos, y de un bufé especial. Antes de aventurarme a algo que no sabía cómo iría, tenía un trabajo estable como encargada de Marketing, un sueldo fijo; pero quería mi propia empresa, y gracias al apoyo que recibí y recibo pude alcanzar este sueño.
¿Los inicios fueron difíciles? Los primeros meses no fueron muy alentadores, nadie me conocía. Empecé habilitando cuentas en las redes sociales y tomando uno o dos encargos por mes. Es una tarea difícil, en la que toda la responsabilidad recae en mí. En el local limpio, cocino, armo las cestas y realizo el delivery de los pedidos, también hago de community manager. Pero gracias a todo ese esfuerzo, me gané los primeros clientes, los que compartían con otras personas su satisfacción hacia mi trabajo, y así fuimos creciendo. Actualmente, estoy entregando a diario un mínimo de cuatro cestas, incluso los fines de semana.
¿Por qué la cocina? Siempre pensé que lo más rentable es la comida. Cualquier puesto de alimentos siempre tiene éxito. Y más aún cuando se trata de algo lindo y bien elaborado. Nunca pensé que iba a terminar cocinando. En casa, la especialista en postres y dulces era mi abuela; cocinaba superbién. El pavé que yo preparo es la única receta que ella me enseñó.
¿Qué recuerdos guardás de ella? Mi abuela fue una persona ejemplar en muchos sentidos; hacía que todo fuese especial y único. Le decíamos Yeya y ella es la razón por la que elegí ese nombre para el negocio. Es que producimos alimentos ricos que me la recuerdan. Ella preparaba cosas riquísimas, siempre amable, ofreciendo algún dulce que acababa de hornear, era increíble. Mi Yeya era superconocida por lo delicioso que cocinaba y por ser siempre perfeccionista. Falleció hace cinco años y durante los primeros meses fue muy difícil superar su ausencia; era detallista, amorosa, constantemente pendiente del cumpleaños de todos sus nietos. Los míos eran inolvidables gracias a ella, que fue una madre para mí; siempre presente y sonriente cuando hacía falta.
¿Qué es lo característico de tus canastas? El cliente busca y prefiere algo personalizado, un presente que realmente sea significativo y, sobre todo, distinto. Nosotros trabajamos sobre esa base, observando los gustos individuales. Mi hermano es diseñador y me ayuda a modelar las tarjetas, aunque no siempre le pido a él; también acudo a otra diseñadora que crea conmigo. Pero, en todos los casos, siempre es el cliente quien elige todo, desde los colores hasta la forma de la cesta o la textura del papel, y –por supuesto– cada producto que va a formar parte de su presente. Más que nada, intentamos que nuestras canastas transmitan sentimientos, que expongan amor y permanezcan prolongadamente en el recuerdo.
¿Y en cuanto a costos? Tenemos un precio base, pero como consideramos que el cliente es lo más importante, nos ajustamos a su presupuesto; es decir, montamos un diseño acorde a lo que se quiere gastar. Siempre nos adecuamos en todos los sentidos a quienes confían en nosotros; incluso en el caso de que presenten problemas con el gluten o enfermedad celíaca.
¿Qué tenés en cuenta ante cada producción? Cuidamos mucho la elaboración de los postres, y cuando decimos que las cestas son personalizadas, lo decimos en todos los sentidos. Cuando el cliente nos pide algo especial para una persona celiaca o con algún tipo de intolerancia, adoptamos todas las medidas para brindar un buen servicio, cuidando de la salud. En este aspecto, trabajo en conjunto con una amiga que se dedica a cocinar productos para celiacos, personas con dificultades digestivas o intolerantes a algún ingrediente.
¿El negocio te deja tiempo para los momentos de relax? La verdad, no tengo horarios. Desde temprano estoy en el negocio, salgo de allí y me dispongo a armar o entregar pedidos, y en medio de todo eso hago las compras para los postres; es decir, nunca termino con todos mis quehaceres. Por el momento no tengo tiempo para otras cosas, más aún en fechas especiales, cuando se multiplican los encargos.
Reparte su jornada entre la cocina y el diseño de cestas, y a pesar de que la ausencia de su Yeya aún duele, no pierde la alegría propia de la juventud y mucho menos sus planes. Conquistar la confianza y el aprecio de sus clientes no le tomó ni un año.
NUEVA APUESTA
Luego de abandonar la carrera de Marketing y Publicidad, Gaby se dispone a cursar desde marzo los estudios para Chef Profesional con énfasis en Administración de Restaurantes, en O'Hora Gastronomía. La formación, de dos años de duración, apunta a jóvenes emprendedores que desean dirigir su propio negocio gastronómico o a quienes están interesados en cubrir la demanda que registran servicios de esta índole en hoteles, restaurantes, clubes o empresas. El entrenamiento culinario es intensivo en panadería, pastelería, administración gastronómica, marketing culinario y otros. En Asunción, son numerosos los centros de estudios gastronómicos y son cada vez más quienes abrazan esta profesión.
Texto nadia.cano@abc.com.py
