En el hotel: el huésped perfecto

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Nada mejor que un buen hotel para descansar y recuperar las energías, pero nada peor que un huésped barullento, irrespetuoso y desconsiderado, quien con su comportamiento termina incomodando a los demás.

Un hotel es una empresa prestadora de servicios, es decir, pagar por una habitación no nos convierte en el dueño de la misma ni de sus instalaciones. Existen normas de comportamientos que minimizan las posibilidades de que incurramos en conductas inapropiadas, típicas del huésped indeseado.

Tips para ser el huésped ideal

• Al ingresar por primera vez en el hotel, encaminate directamente a la recepción con tu documentación –cédula de identidad o pasaporte– y la de tu acompañante –si lo tuvieses– a mano. Lo mismo se aplica a la tarjeta de crédito, cuyo uso es común y muy extendido en la mayoría de los establecimientos hoteleros.

• Observá los horarios de check-in y check-out; no insistas en ocupar la habitación antes ni en abandonarla después de la hora establecida.

• Formulá tus pedidos “por favor” y agradecé cuando te brinden un servicio.

• Para presentar alguna queja, buscá siempre a un responsable; nunca llames la atención a la mucama o los botones, sino a sus superiores y cuidando mantener en todo momento el tratamiento de usted.

• Tené en cuenta que la propina no es una limosna y que es mejor no dar ninguna que dejar una auténtica miseria.

• Hablar en voz alta por los pasillos y descuidar el volumen elevado del televisor son los primeros síntomas de mala educación.

• Si el desayuno o cualquier otra comida es “tipo bufé”, no te adelantes a otro huésped y seguí la fila sin dar codazos. Asimismo, cuando sea pertinente, cedé tu lugar a las personas de la tercera edad o a aquellas que presenten algún impedimento físico.

• Es incorrecto llenar completamente los vasos ni los platos –siempre podrás repetir–. Servite pensando en no dejar sobras.

• No te dirijas al mozo a los gritos, con un chasquido de dedos –a veces, con una mirada basta– ni lo trates de “jefe”, “compañero”, “amigo” u otros apelativos similares.

• Por la sencilla razón de cuidar el medioambiente, enviá las toallas a la lavandería solamente cuando sea necesario.

• Prestá atención a tus expresiones, porque la articulación de frases como “para eso pago”, entre otras del mismo tenor, solo evidencian la falta de clase.

• Las sutilezas como el champú o el gel de ducha están incluidas en el precio, por lo que podés llevarte alguna a casa si quisieras, pero no así una toalla o bata de baño.

• Si al tramitar el check-out encontrás algún error en la factura, no te pongas irritable ni te muestres trastornado. Al contrario, mantené la calma, conversalo amablemente con el recepcionista para que te imprima otra boleta con el detalle correcto.

Y, finalmente, recordá que el comportamiento es un reflejo del mundo interior de las personas. Estas no se definen a sí mismas solo por sus palabras, sino principalmente por sus hechos. Pero lo verdaderamente importante es que exista coherencia entre pensamiento, sentimiento y acción, con el objetivo de convivir en armonía.

Hasta la próxima entrega…

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