Fe, música y amor

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A los cuatro años aprendía a entonar tangos, a los 12 obtuvo su primera paga por cantar en una boda y un programa de tevé la catapultó a la fama con apenas 17 años. Cuando su padre se enfermó de Parkinson y su madre tuvo problemas de salud, ella asumió responsabilidades de una persona mayor y hace cinco años se mantiene sola. Se siente lista para hacer del canto una carrera y dejar un poco la vida del rock and roll.

Le pagaron G. 50.000 por cantar en una boda cuando tenía solo 12 años y compró regalos a toda su familia, desde el perro hasta la abuela. Los tres pilares de la vida de Andrea Soledad Valobra Velilla (24) son la fe, la música y el amor. Su pasión es el canto. De sus cuatro medio hermanos, tres viven en Argentina y son hijos del primer matrimonio de su padre, la otra es hija del primer matrimonio de su madre. Sus primeros pasos en el canto vinieron de la mano de su padre, César Valobra, quien notó su talento innato. Siendo apenas un bebé, la recuerdan imitando el sonido del vaivén de la silla mecedora de mimbre. Ese oído musical llevó a su papá a enseñarle un variado repertorio de canciones. Mientras la mayoría de los niños de su edad aprendían Elefante trompita, ella cantaba el tango Volver con apenas cuatro años. Ya con 17, su hermana mayor, Cielo, la inscribió en el programa de tevé Rojo, desde entonces, su nombre se posicionó en la escena musical de nuestro país, por su potente voz y peculiar estilo.

¿Cuál es tu predilección musical? Pasé por muchos, a excepción de la cumbia y el reguetón. El estilo anglosajón es el que más me gusta y con el que más me identifico. El año pasado hice folclore por el Bicentenario, con mi toque. También soy rockera, me gusta escuchar este estilo de música y es el ambiente en el que me muevo, pero no es lo que hago con la música; en mis presentaciones soy más baladista.

¿Cómo llegaste a Rojo? Mi hermana Cielo me inscribió. Me quisieron meter en varios programas de talentos –Mix, Enganchados–, acepté entrar a Rojo, porque traía un formato diferente. De esa competencia quedé en tercer lugar en la gala final y me sentí muy mal por no ganar. Luego me ocurrió lo mismo en Gran Rojo, otra temporada de concursos, en el que también quedé en tercer lugar. Fue muy duro.

¿Cómo te afectaron esos resultados? Eran muchas presiones, estrés. Estuvimos en competencia por tres meses. Fue bastante fuerte. De por sí soy muy exigente conmigo misma, especialmente en algo que considero que sé hacer. Llegó un momento en que me hicieron dudar de que podría ser cantante. Incluso, me dije que si no puedo hacer esto, no puedo hacer nada. Mi carácter no estaba preparado para eso, tenía 17 años.

¿Cómo es tu carácter? Soy muy inestable emocionalmente, como todo artista, e inmadura, pero en ese entonces lo era mucho más para manejar ciertas cosas. El efecto Rojo (2005) fue muy fuerte para la gente. Era algo muy nuevo. Nos iban a ver cuando actuábamos y hasta nos pedían autógrafos, nos sentíamos rockstars, más allá de que solo bailábamos reguetón. Cuando sos una chiquilina es peor, confundís los roles, se te suben los humos, comenzás a creerte Madonna y no sos nadie.

¿Cómo te recuperaste de esa etapa? Tras quedar tercera en la competencia, en ambas ocasiones, me llamaron consagrados artistas para darme ánimos, pero no me interesaba nada. Después de Rojo, estuve mucho tiempo sin hacer nada, dejé de cantar y de estudiar. Fue mi tiempo de duelo. Pasado ese periodo, entendí muchas cosas, luego me llamó un grupo que hace covers –The Classic– y acepté trabajar con ellos. En ese momento, repunté de nuevo.

¿Cuándo elegiste lucir el estilo rockero? Dicen que las rockeras son tales porque no les da el cuero para vestirse de otra forma, al contrario de las cachaqueras, las reguetoneras y las que van a Coyote. Los mismos chicos de la escena dicen que “las metaleras son feas”. Me llamaban mucho más la atención las mujeres con tatuajes y las góticas. Honestamente, cuando decidí asumir el look rockero, no me daba el cuero. Mis compañeras del programa usaban shorcitos y miniblusas, y yo me enganché con la onda rocker. Luego conocí a gente del ambiente y era una especie de poser (imitador) que venía de Rojo y quería hacerse la rockerita gua'u. Más tarde, me invitaron a participar en sus proyectos. Grabé un disco con el grupo de rock Mythika y suelo tocar con gente de la escena. Hoy luzco como una rockera, pero canto canciones románticas de Whitney Houston y Céline Dion, y me gusta jugar con ese contraste.

¿Cuántos tatuajes tenés? A los 18 años me hice el primero con mis iniciales. Mamá lloró con cada uno de los 14 tatuajes que luzco. En esa ocasión, me sentí realizada, era lo máximo del mundo, fue en la espalda; hoy ya no existe, lo tapé con otro más grande. Luego no paré más.

¿Qué significan? Tengo tatuadas las palabras “Fe, Música y Amor”, que son los pilares de mi vida. La fe debería ser pilar de la vida de todos; la música también, no conozco ser humano en el mundo al que no le guste y el amor es todo. También tengo frases de canciones de los Guns and Roses y los Beatles; en el rostro, un silencio de negra, figura musical que significa un tiempo de silencio, que siempre es necesario; en la pierna le tengo a Hades y Perséfones. La leyenda del oscuro que rapta a una doncella y luego ella se enamora de él, que es un poco la historia de mi vida, siempre salgo con el menos indicado. En la espalda hay una serpiente kundalini con los chacras de cada color, una cruz y otras más. Mis tatuajes reflejan cada etapa importante de mi vida y son como una especie de descarga. Lo mismo me pasa con el pelo. Mi cabello es mi víctima: si estoy aburrida, mi pelo sufre las consecuencias. He probado todas las clases de colores y cortes, pero no me drogo, no me emborracho y no hago tonterías.

¿Te considerás rebelde? No, al contrario. Papá adquirió el mal de Parkinson cuando estaba en Rojo, después mamá cayó enferma. En ese momento, tuve que asumir responsabilidades con la casa y con mis cuentas. Vivo en casa de mis padres, pero desde hace cinco años me mantengo sola. Trabajo de noche y no me permito ser rebelde; debo estar sobria y en mis cabales para poder cantar. Tampoco soy farrista. A lo sumo, nos juntamos en la casa de amigos o en la mía a tomar algo y jugar a las cartas. No es mi estilo farrear y terminar destruida por la calle, no es mi onda.

¿Cuáles son tus objetivos a corto plazo? Quiero componer; compuse ya varias cosas. He pensado grabar varios discos, porque tengo un estudio. También está por salir uno con canciones de películas y después quiero hacer otro acústico con los temas que me gustan. Este año decidí tomar más en serio lo que hago, porque no me estoy volviendo joven. Creo que para divertirme y rockanrrolear ya fue bastante todo este tiempo. Aunque en medio haya hecho cosas serias, es tiempo de tomar esto más como lo que debe ser: mi carrera.

Andrea asegura que la vida del músico es muy sacrificada, pero que hay recompensas en ella. La consigna es hacer lo que se siente y, cuando se decida tomar un camino, debe ser el elegido por uno mismo y no el que diga la gente. Valobra ya tomó su camino.

VALPAN

Andrea Valobra, su hermana Cielo y uno de los cantantes del Grupo Contrapunto, Óscar Pane, formaron Valpan, que une los apellidos Valobra y Pane. La nueva productora cuenta con su propio estudio de grabación y se encarga de producir eventos artísticos musicales. Andrea señala que es importante que el artista se aparte de todo lo que tenga que ver con la parte administrativa de su carrera, para tener solidez en el manejo de sus contratos. “Personalmente, creo que un artista no tiene que meterse en la parte de los contratos o la parte económica. El artista siempre es fácil de convencer para ciertas cosas y no es flexible para otras, porque es subjetivo. Yo soy de moverme en colectivo, y no atiendo el teléfono, por ello mi hermana se encarga de mis contratos, y eso también forma parte de nuestros servicios en Valpan, para facilitar la vida del músico”, señala. Valobra destaca que el campo musical está teniendo una apertura importante y que este es el momento de los músicos, no así de otros artistas.