Golpe femenino

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A sus 39 años, no pierde el sueño de ganar un título mundial de boxeo. Su padre fue su primer referente de este deporte. Majo se reparte entre los quehaceres de la casa, su familia y el entrenamiento.

Debutó profesionalmente en el boxeo en 2004. Desde entonces ninguna paraguaya le ha hecho sombra; en competencias internacionales, representa con orgullo a Paraguay. Uruguaya nacida en la ciudad de Salto, llegó a nuestro país para visitar a su hermano; los dos meses previstos para aquellas vacaciones se convirtieron en 14 años, tras rendirse ante el amor de un paraguayo. Desde las afueras de la capital, viene todos los días para entrenar en el gimnasio. A pesar de su bajo perfil, muy amable nos concedió esta entrevista. Cuenta que de jovencita siempre tuvo el deseo de dedicarse seriamente al deporte; hizo remo, natación, taekwondo, full contact y, su otra gran pasión, yudo, que empezó hace 12 años. El romance con el boxeo se le dio casi entrando a los 30 años. Convencida plenamente de que el mundo de los púgiles era lo suyo, la Panterita fue haciendo laboriosamente su camino: peleó en Paraguay, Alemania, Canadá, Australia, Argentina y Uruguay. Ganó el título de campeona intercontinental y disputó varias veces el título mundial por distintas organizaciones deportivas. Cuenta en su haber con 24 peleas, 8 perdidas. En el 2007, se batió por Paraguay en Alemania, por el título mundial mosca, contra la armenia Susy Reina Asesina Kentikian.

¿Realmente el amor te hizo quedar en Paraguay? La verdad es que sí, aunque nunca dejé de extrañar mi ciudad, que es muy linda y turística. Empecé peleando por Uruguay porque la Federación Paraguaya de Boxeo no me concedía la representación. Después eso cambió.

¿Cómo te decidiste a encarar el boxeo profesionalmente? Buscando mejorar mi estado físico para las artes marciales, probé boxeo y ya no pude dejarlo. Conocí aquí a un entrenador cubano y le pregunté si podía entrenarme; me acuerdo que me miró con una cara de “¿por qué no te vas a lavar los platos?”. Pero, perseverante como soy, conseguí que me entrenara.

¿Lamentaste no haber empezado antes? No pude, vivía otras cosas. Hoy me siento muy bien; hay boxeadoras que tienen 43 años y están espléndidas. Todavía tengo la esperanza de ganar un título mundial.

El boxeo femenino carga con fuertes prejuicios. Una vez le pregunté a mi entrenador por qué las mujeres en Paraguay no elegían el boxeo. No supo responderme. Es un misterio. No parece ser porque lo consideren masculino, porque sí hay mujeres en fútbol y rugby.

Será porque tienen miedo a que les rompan la cara. Pero en otros deportes también hay riesgo de que te lastimen. Las chicas creen que boxear te deja cuerpo de hombre, pero no es así; el músculo crece hasta donde vos quieras. ¿Nunca hiciste manillas, nunca pegaste a la bolsa? ¡Es lo máximo!

¿Cuántas boxeadoras hay en Paraguay? Poquísimas, tres o cuatro. Siempre faltan compañeras para practicar, por eso practico con hombres. Mi marido, Reinaldo Solalinde, que además es mi actual entrenador, suele ponerse el chaleco para que yo le pegue.

¿Cuál es tu categoría? Hace poco pasé a supergallo (54 kilos); dejé supermosca (52 kilos) porque ya me costaba mantenerme en ese peso. En el pesaje para la pelea son muy estrictos; si te pasás tu categoría, te mandan hacer ejercicios hasta que llegues al peso correcto.

¿Cuál es tu rutina de preparación? Depende de si hay pelea o no. El entrenador me va diciendo. A la mañana corro mucho, no largas distancias, sino cortas pero muy intensas; a la tarde hago lo más específico: pegar bolsa, sombra, sparring, etc. En cuanto a los alimentos, todo sano, trato de consumir más proteínas y pocos carbohidratos porque tiendo a engordar.

Maggie, la Million Dollar Baby, murió por un golpe a traición; no es muy convincente para invitarnos al ring. Eso no pasa en la vida real, hoy todo está muy controlado. En el boxeo femenino se cuida mucho a la atleta. Cruzando cualquiera de nuestras fronteras, te encontrás con una cantidad impresionante de boxeadoras, ¡y con unos cuerpos! Mirá a Yessica Bopp. El boxeo femenino afuera está cada vez más promocionado.

El cuerpo, para una boxeadora, ¿es un arma? Es un espejo de su ser interno.

¿Peleás con varones? En el boxeo no hay peleas mixtas, pero sí hago sparring, que es una pelea de gimnasio, controlada.

¿Nunca tuviste que dar unas trompadas callejeras? Nunca, a nadie. Pero siendo boxeadora me siento muy segura en la calle, a toda hora. Si me pasara algo, creo que golpearía o, como yudoca, tiraría al suelo.

Más que agresiones, los hombres te han de piropear esos brazos. (Risas) No me miran precisamente los brazos.

Siempre dicen que hay una razón psicológica para seguir deportes masculinos. Yo no sufrí maltrato ni nada. Soy única mujer, mis dos hermanos varones siempre me cuidaban. Mi papá fue boxeador; cuando vino a verme pelear por primera vez, dijo: “Dos varones que ni a la bolita juegan, y la nena me sale boxeadora”. Toda mi familia me apoya. Me gustaría que mi hijo menor fuera boxeador.

Por supuesto, la feminidad a salvo. El ser femenino no pasa por el maquillaje. A mí me gusta arreglarme, soy coqueta pero sin exagerar. Me encanta bordar, coser, tejer, arreglar mi casa y amasar pan casero.

Muhammad Alí era un invencible provocador: “Si sueñas con ganarme es mejor que despiertes y pidas perdón”. ¿Es parte del fortalecimiento de la autoestima? Esas frases eran parte de su show antes de cada pelea. “Para ser un gran campeón debes creer que eres el mejor y, si no, haz como si lo fueras”. Lo pensaba, decía y ponía en práctica. Alí, sin dudas, fue un gran boxeador.

¿Quiénes te gustan? Admiro a Mike Tyson, Manny Pacquiao, Regina Halmich y Erik Terrible Morales.

¿Cómo te promocionás laboralmente? Hoy con internet es muy fácil buscar oportunidades. No hago nada de show mediático; alguna boxeadora de país vecino ya lo hizo y no me gustó. Sin importar qué deporte practique la mujer, siempre tiene que tener su toque delicado. Aclaro que no soy machista.

¿Por qué te dicen Panterita? El Indio Azuaga me puso Pantera; después, tu colega Santi Álvarez me bautizó Panterita, por mi categoría mosca.

¿Lloraste alguna vez por ganar, por perder? Lloré cuando perdí en Alemania 2007. Teníamos tantas desventajas. Ver el primer mundo fue volver a nacer; tienen todo el apoyo, entrenadores, gimnasios. Acá todo el tiempo es cuesta arriba, porque hay potencial joven pero faltan entrenadores.

¿Ser entrenadora está en tus planes? Sí. Estaría muy bueno llevar chicas a pelear afuera.

En Argentina dieron un polémico empate entre la Tigresa Acuña y Yessica Bombón Asesino Marcos, haciendo que esta última retuviera el título mundial supergallo. ¿Qué te pareció? El boxeo profesional es un negocio, no un deporte; eso me aclaró mi entrenador ante mi romanticismo y lo entendí. Yo también peleo por plata y porque me encanta viajar.

¿Vos financiás tus salidas al exterior? No, lo hacen los que organizan las peleas.

¿Cuál es el plus de vida que da el boxeo con los años? Antes entraba a pegar, hoy estoy más madura, más inteligente. Aplico esta madurez también en la vida.

Cerrando la nota, Majo confiesa que le gustaría noquear a la contaminación de nuestros recursos naturales, a la exterminación de animales por codicia e ignorancia, al consumismo desenfrenado y a la violencia.

LA LUCHA DIARIA

De mañana y de tardecita sudando en el gimnasio, en medio de la casa, la comida, las compras, el colegio de Luca, a veces atiende el negocio de su marido, pero Majo se declara mujer común y corriente. “No me gusta llamar la atención. Mis vecinos no sabían que yo boxeaba; un día me vieron en un programa de televisión y ahí lo descubrieron”, comenta. Quiso terminar la secundaria, pero, estando en pareja y trabajando duro, esa deuda nunca la saldó. “Me arrepiento de no haber terminado el colegio”, se sincera. Nacida bajo el signo de Leo, se describe tranquila, romántica y muy casera.

lperalta@abc.com.py