El feminismo es un movimiento social y político que se inició a finales del siglo XVIII –aunque sin adoptar aún esta denominación– y supone la toma de conciencia de las mujeres de la opresión, dominación y explotación de que fueron y son objeto, en el seno del patriarcado, bajo distintas fases históricas de modelo de producción, lo cual las mueve a una acción liberadora con todas las transformaciones de la sociedad que aquella requiera.
El feminismo tiene varias vertientes, como el Neofeminismo (surgió en los años 70, tratando de llevar al ámbito de la política la dimensión del cuidado propio de la vida privada, y con él la no-violencia activa); el Feminismo Radical (que sostiene que la raíz de la desigualdad social existente es la dominación del varón sobre la mujer); el Anarcofeminismo (teoría y movimiento que enlaza el feminismo con el anarquismo, buscando la emancipación de la mujer como individuo y como género particular); el Feminismo de la diferencia (proviene de feministas radicales y defiende las características propias de la mujer, se distingue del Feminismo de la igualdad porque este considera que la masculinidad y la feminidad son roles de género construidos socialmente con los que hay que acabar). También se encuentran el Feminismo Separatista (corriente que defiende, en mayor o menor medida, la separación de hombres y mujeres en la sociedad), el Feminismo Filosófico (que nació hace 300 años y vincula los conceptos de mujer y filosofía pero desde el punto de vista femenino), el Feminismo Marxista (defiende la abolición del capitalismo y la implantación del socialismo como forma de liberación de las mujeres) y el Feminismo Socialista (intenta unir lo mejor del feminismo radical con el análisis de clase sobre la opresión de las mujeres).
“Creo que seguimos subordinadas”, asegura la escritora Chiquita Barreto, quien añade que existen aún muchas mujeres dependientes económicamente y también emocionalmente.
Manifiesta que son las mujeres trasgresoras las que hacen camino y que “vale la pena y es posible construir un mundo más amable, más justo y solidario, donde nacer mujer ya no sea ‘una experiencia de despojo de lo humano’, al decir de Margarita Pissano, y ya no sean ‘...penas muy encimadas el ser pobre y ser mujer’, al decir de nuestra compatriota Carmen Soler. La palabra compañera debe resumir el justo equilibrio para dejar de ser una simulación, un elemento de que dentro de la clase explotada y oprimida la mujer lo es doblemente”.
(*) Responsable del Area Género de la ONG Centro de Servicios y Estudios Rurales (CSER) y realiza trabajos con mujeres de organizaciones campesinas. Tiene publicados varios libros de poema y narrativa relacionadas con la mujer.