Memoria celular positiva

Este artículo tiene 10 años de antigüedad
/pf/resources/images/abc-placeholder.png?d=2421

Muchas veces no logramos olvidar a un gran amor o el advenimiento de algún hecho nos imprime una marca tan profunda que enfermarnos por completo. Esta vez damos una mirada a la memoria celular, como también a su función en nuestra salud integral.

Nuestro cuerpo archiva tres tipos de memoria: la impronta energética –la de nuestros antepasados–; la genética o ADN, la que más utilizamos –lo que vivimos en el vientre materno–; y la memoria adquirida –obtenida a lo largo de la vida, cultura, aprendizaje e idiosincrasia–. Nada de lo que nos haya ocurrido queda a la deriva; las células guardan todo en el cuerpo. De esta forma, lo experimentado condiciona nuestra vida; todo cuanto la memoria almacena meticulosamente afecta nuestra relación con el mundo, el estrés y las situaciones diarias. En los humanos la energía se transforma mediante el pensamiento y la voluntad consciente o inconsciente; de manera que, en gran parte, somos responsables de qué sucede dentro y fuera de nosotros. Todo lo que percibimos se supedita a nuestro sistema de creencias; de ahí la importancia de superar los traumas pasados que limitan nuestra percepción presente. Por eso, debo ver la causa en mí para resolver los efectos.

Provechosas o destructivas

La memoria celular encierra toda nuestra impronta de comportamientos ingratos que nos impiden ser felices, sanos, realizarnos a través de nuestro potencial, pero lo bueno es que el cuerpo fue diseñado para autocurarse. Tras esta verdad, la pregunta es: si nuestro cuerpo fue creado para mantener la salud, armonía y conexión entre sus partes, ¿por qué hay enfermedades que se tornan crónicas? Una de las respuestas más simples, opina Luis Díaz, creador de un método que denominó Cellular memory release (CMR, por sus siglas en inglés), es que “nuestros cuerpos, por naturaleza, están hechos de carga emocional positiva (CEP), una fuerza que fluye constantemente. Todas las funciones físicas, mentales y emocionales la necesitan para su acción. La CEP abunda en bebés y niños pequeños, la naturaleza y los animales. Por el contrario, la carga emocional negativa (CEN) es el nombre que asignamos a la misma energía cuando se halla estancada”. Cuando nos sumergimos en la negatividad, se produce un daño en nuestra salud. “Reprimir las emociones negativas puede ser causal de enfermedades. El no expresarlas apropiadamente nos provoca ‘cocernos en nuestra propia salsa’ ”, dice Candace Pert, jefa del área de Bioquímica Cerebral de la Clínica de Neurociencia del National Institute of Mental Health, EE. UU. La clave, a criterio de la científica, está en unas moléculas complejas llamadas ‘neuropéptidos’; el cerebro contiene unas 60 diferentes, mediante las cuales las células se intercomunican. Las emociones están enlazadas a los neuropéptidos y, dependiendo de la clase y el número, inciden en la probabilidad de sentirte bien o enfermo. Los virus se sirven de estos receptores para entrar en las células. Candace acota: “Los químicos que circulan en nuestro cuerpo y cerebro son los mismos involucrados en las emociones. Esto me dice que es mejor que prestemos más atención a las emociones con respecto a la salud”.

Más que dieta

Todos los beneficios, en un solo lugar Descubrí donde te conviene comprar hoy

Para estudiosos del tema energético, no basta una dieta “equilibrada e ideal”, si la carga emocional derivada del cúmulo de emociones negativas atora que los receptores celulares capten el mensaje de conservar las funciones básicas. En medicina oriental, cada órgano o glándula tiene una o más emociones influyentes. La toxicidad emocional del “cuerpo del dolor” ataca lo espiritual, emocional y físico. Busquemos ayuda terapéutica/psicológica para superar traumas, transformando nuestra memoria celular.

Fuente: internet.

lperalta@abc.com.py