Paraguaya juky

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Desde hace 11 años estudia danza en la academia de la maestra Elizabeth Vinader. Ama a su familia y le apasiona el baile. Es dueña de varios logros y uno de ellos se resume en su reciente participación en México, donde obtuvo el primer lugar como solista.

 Está honrada con la educación que le fomentó su padre, quien era japonés; pero confiesa que desconoce las tradiciones del país nipón. Perla Shimizu (15) es paraguaya y le fascina el baile; su gusto por el arte también incluye la pintura, afición que abandonó hace tres años para abocarse a lo que más ama: la danza.

A los 4 años, su madre, Fátima Gómez, la inscribió en la academia de la reconocida profesora Elizabeth  Vinader. Desde entonces, la vida de ambas cambió por completo. En la mirada de Fátima solo se observan satisfacción y admiración hacia su hija, quien en noviembre representó a nuestro país y a su academia en el Concurso Internacional de Danza 2012 (CIAD), realizado en Cancún, México. En la competición, la joven mostró su baile en la modalidad libre y otra folclórica; en esta última se presentó como solista y alcanzó el primer puesto equilibrando diez botellas sobre la cabeza. “Me sentí muy emocionada porque era la primera vez que alzaba esa cantidad, siempre bailaba con ocho, pero me propuse el desafío de sostener dos más. Mi entrenamiento fue bastante arduo: ensayé un mes antes de viajar; me lastimé la rodilla, sentí miedo por el reto que asumía y, cuando se aproximaba la fecha, las prácticas aumentaron, me quedaba hasta tarde en el instituto y al día siguiente asistía al colegio San Francisco”, cuenta.

Sin embargo, cada vez confiaba más en su talento gracias al aliento que la coreógrafa Laura Gabaglio le transmitía durante el proceso. Actualmente cursa el noveno año de danza y le faltan tres más para finalizar. “Me quiero dedicar al baile, y acompañar mi formación cursando la carrera de Administración de Empresas”.

Lleva al límite su dominio personal antes de aparecer frente al público, se concentra y recuerda todo el esfuerzo que realizó para llegar hasta ahí. “Si estuviera en su lugar, no me atrevería a bailar ante los demás para ser juzgada”, admite su mamá.

Aunque como todos, la ganadora menciona algunas debilidades: “En las clases de jazz, mi esfuerzo es mayor, porque no tengo las aberturas que otras adquirieron con mucho sacrificio y, por ende, me cuesta más”. No obstante, manifiesta que lleva una relación muy buena con sus compañeras, que son como sus hermanas. Le alientan a sobresalir y cree tener más afinidad con ellas que con otras personas, ya que comparten las mismas preferencias, hablan el mismo idioma y se comprenden. Uno de sus anhelos es ser como su directora, la “profe” Eli, ir lejos y dejar huellas en cada estudiante.

La competencia

En México, “la gente se acercaba a mí cuando estaba ensayando, me preguntaba cómo podía bailar con tantas botellas y, entre otras cosas, se fotografiaban conmigo, les sorprendía y me felicitaban”, comenta la adolescente.

A la hora del concurso, Perla estaba lista y sus deseos de triunfar eran infinitos. Durante seis minutos desplegaría sus habilidades físicas y folclóricas para deslumbrar a los mexicanos y a todos en el lugar. Se tomó el tiempo de bailar con las botellas y, a cada instante, mostraba su lado juky. Indudablemente, la joven encantó a todos y el jurado dio su veredicto: el primer puesto como solista en danza folclórica.

Su excelente actuación le valió la victoria.

Fue la segunda vez que Perla visitó México; la primera fue en el 2008, y además participó en el CIAD, en el que recibió una mención a la mejor bailarina y recibió una medalla de oro.

CONTRATOS

Gracias a Vinader, la bailarina y sus demás compañeras asisten a eventos empresariales para exhibir lo que más saben hacer. Por lo general, presentan coreografías de danza folclórica, la famosa danza de la botella, Galopera, entre otras. “A la directora le invitan y nos envía a nosotras para representarla. Acostumbro bailar como solista y en algunas fiestas se sorprenden por la soltura que demuestro en el escenario con la edad que tengo. Para mí no es una presión acudir a esos lugares; al contrario, me siento orgullosa porque confían en mi trabajo y es una oportunidad muy buena para que me conozcan. Además, en ocasiones, recibo alguna ganancia que ahorro para comprarme lo que quiero. Ahora, mamá me consiente algunos ‘caprichos’, pero sé que voy a recompensarla con el tiempo. Ella entiende que para mí bailar significa todo y más cuando llevo en alto el nombre de mi país”.

dbattilana@abc.com.py