Celsa Tetí Medina de Llano comenzó a hacer arreglos hace 45 años en el Club de Arreglos Florales Lucy Andress. Desde entonces no se cansa de idear ramos para novias, tocados, todo lo que se pueda hacer con pétalos y follajes. Poco a poco integró a su familia y logró un nombre reconocido en el mundo de las florerías con su primer negocio, “My Garden”. Tiene cuatro hijos y 11 nietos, y siempre dice que le pide al Señor una prórroga de tiempo porque ella tiene aún muchos sueños, ilusiones, proyectos de trabajo y ganas de seguir creando bellos diseños florales. Recuerda que en la primera exposición del Club ella presentó 12 arreglos y las amigas le dijeron: “Esto no puede ser”. Lo único que quería era seguir creando, un talento que considera innato porque siempre fue amante de las flores, desde niña. Los ramos de novia fueron un motivo de inspiración, primero con flores muy sencillas; fue el comienzo de su vocación. Según recuerda, al inicio hacía los ramos de picardías y de jazmines, flores que no eran tradicionales, y se ingeniaba para que duraran más, con un algodón húmedo. Cortaba las plantas en la mañana temprano y las ponía en agua para que respondieran más. Experimentaba y tenía el gran apoyo de su esposo, José Pepito Llano, quien falleció hace un año. Familia y trabajo estuvieron unidos siempre. La Asociación de Empresarios Cristianos (ADEC) distinguió a My Garden SA en la categoría PyMEs exitosas.
¿El amor a las flores nació en su familia y su jardín? Mi madre, Cleofe Falcón de Medina, tenía un jardincito lleno de flores, a mí me encantaba eso. Por lo visto que uno ya nace con esa inclinación. Me pasaba jugando con las flores. Eran flores más sencillas, nacionales, empezaban a entrar las importadas que se traían de Argentina y Brasil; yo incorporé las no tradicionales. Porque desde que me siento hay claveles y rosas, pero a mí me gustaban las flores silvestres, las más sencillas, la flor de escoba del campo, flores que encontrábamos al paso.
¿Quién fue su motor todos estos años? Mi marido me apoyó bastante, cuando le decía que quería ir a los baldíos fuera de la ciudad, me acompañaba, y en cualquier lugar del campo encontraba algo para traer. Mi esposo falleció hace un año, él me decía: “Yo soy la fuente de inspiración”, a mí me daba risa y de cierto modo coincidíamos, lo que a él le gustaba a mí también me agradaba. Salíamos, me acompañaba a buscar flores útiles para lo que yo tenía en mente idear. Así fui creciendo y cuando me di cuenta de que nuestra escuela no me iba a poder dar más, decidí viajar a Europa a un congreso, en el año 85. Allí me inscribí para un curso con profesores floristas espectaculares. Empecé en España, fui a cursos todos los años, llegué a viajar cada seis meses, buscando novedades.
Tiene varios diplomas en las paredes de su oficina, el arte de los arreglos necesita actualizarse. Tengo un título de profesora de arte floral, que me lo entregaron en un palacio de España, en la Cámara de Comercio de ese país también recibí otro título de profesora. Además de estos traje otros títulos, me faltarían paredes para colocarlos. Así fui creciendo. Cuando uno se da cuenta de que en un lugar no se puede avanzar mucho y aún se quiere saber más y capacitarse, tiene que salir, ir a buscar otra escuela, aunque yo no desmerezco las que tenemos acá.
¿Su historia está ligada al Club Lucy Andress, que cumple 50 años? Allí decidí dar todo mi tiempo, nunca he cobrado nada por enseñar, es un club de amigas. Hace 45 años aproximadamente que voy al Club Lucy Andress, nos respetamos, nos acompañamos, para mí es mi segunda casa. Y ahora con los 50 años estamos con festejos desde el primer día de clases que empezaron en abril, además, hicimos una linda fiesta en el Hotel del Paraguay. Todo el año tenemos actividades.
¿Cómo se compensó el tiempo con su familia? Fui muy acompañada, muy contenida por mi marido. Cuando comencé a sacar adelante mi proyecto él se incorporó porque sola no podía. Tengo cuatro hijos, casados; María Elvira Llano de Gauto, que administra una empresa de decoración y una florería que se llama Pétalos; José tiene La Divina Flor; Bernardo dirige otra florería que se llama Exotic flower, y un vivero; María Lucila Llano de Paciello es la administradora de My Garden. Ella hizo muchas innovaciones, bases de madera para los arreglos, que se cortan y pintan en la florería. Yo soy aquí un soldado raso. También tengo un vivero en Luque con flores tropicales, bromelias, por ejemplo, y ahora está lleno de kalanchoes. Mi esposo siempre decía: “Que suerte que nuestros hijos salieron tan emprendedores como la mamá”.
Toda una vida dedicada al trabajo maravilloso de las flores, como una fuente inacabable de amor, buen gusto y sensibilidad para crear. Tetí no se cansa de viajar, aprender y enseñar de manera gratuita en el Club Lucy Andress (en Azara 1718 c/ Rca. Francesa).
CONSEJOS DE LA EXPERTA
Tetí destaca que los lisianthus, rosas y calas son muy cotizadas para lucir en ramos de novias. “Un diseño con girasoles se pide poco, si va a ser para la noche, nada de girasoles. Se recomiendan flores tipo silvestres en colores pasteles para el día”. En cuanto a los tonos de las flores para los ramos se debe elegir todo blanco, todo rojo o amarillo, “las lilas también se usan mucho”, agrega.
“Los detalles se inspiran en revistas, internet; hay que ser muy creativos. Es muy importante el clima para las flores que se preparan y se colocan en cámara (una heladera especial) que las conserva a cinco grados, y en verano a siete grados. Se usan plumas, tallos forrados y naturales. Los ramos pueden ser de tallos entretejidos, estructurados. Se adornan con cuentas y cintas. En cuanto a tocados se usa el artificial, a veces se hacen naturales o ramitos para insertar en el pelo con rositas rococó. Siempre tienen que ser las mismas flores del ramo, no puede ser uno Pedro y el otro Juan. Tiene que haber armonía” apunta.
Texto mirtha@abc.com.py
Fotos Gustavo Báez, Arcenio Acuña
