Harry de Inglaterra y Meghan Markle, felizmente casados
Los asistentes a la boda de los hoy duques de Sussex dejaron ver sus conocimientos en etiqueta y tuvieron que adaptarse al estricto protocolo real, especialmente en lo relacionado a códigos de vestimenta.
Hablemos del protocolo oficial en esta boda real
En primer lugar es muy importante precisar que esta no fue una boda de Estado, por la sencilla razón de tratarse de la celebración de matrimonio del sexto miembro de la familia real en línea de sucesión. Por lo expuesto, en esta ocasión no fueron invitados jefes de Estado o Gobiernos, presidentes, reyes o príncipes herederos de otras casas reales.
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La vestimenta apropiada para este día
Los invitados a la boda fueron alrededor de 600, quienes recibieron –como es costumbre– una guía de la vestimenta sugerida para la ocasión, y la gran mayoría se adaptó perfectamente al protocolo. Entre las claves que destacaba la etiqueta decía que todas las mujeres debían llevar pamelas o tocados y los guantes estaban permitidos si se combinaban con mangas cortas.
Para los caballeros, la vestimenta debía ser el chaqué, que es lo apropiado para fiestas y ceremonias de día o –en su defecto– traje oscuro; los zapatos debían ser de cuero y con cordones. Las damas asistentes a la boda no podían mostrar los hombros y sus zapatos debían ser preferentemente cerrados. Asimismo, se les aconsejaba no llevar ropa blanca. La sugerencia era optar por un vestido de día formal o una tenida de cóctel. Además, si utilizaban pollera o vestido, debían usar medias. Estaba prohibido ir con las piernas desnudas.
Redes sociales, definitivamente NO
Por más esplendidos y elegantes que lucieran los invitados, este no era el momento de compartir en sus redes sociales. Aunque quisieran hacerlo, no podían, ya que existe una regla de que ni los teléfonos ni las cámaras son permitidos en las bodas reales. Solo fotos de fotógrafos autorizados. Podríamos convenir que esta boda real estuvo enmarcada como una ceremonia cuyos ingredientes principales fueron el carisma de la familia real inglesa y el glamour de Hollywood.
Finalmente, podríamos decir que en esta ocasión se trabajó con un protocolo más flexible, enfocado a la gente común y no a la realeza; eso sí, con un guiño especial a la fusión de razas (la blanca y la negra). Esto se pudo comprobar en la homilía del obispo afroamericano Michael Curry, el primer negro que encabeza la Iglesia Episcopal de Estados Unidos, quien comenzó su discurso citando al héroe de los derechos civiles Martin Luther King.
“Fue una celebración abierta de la cultura afroamericana”, así calificó la boda Karen Attiah, editora de opinión del diario The Washington Post, y con quien estoy plenamente de acuerdo.
¡Hasta la próxima boda real!