Para saborear verdaderamente un buen expreso, previamente, se debe beber un poco de agua para limpiar el paladar precediendo al primer sorbo de café. El expreso se toma con o sin azúcar; este disminuye el gusto amargo y ácido en exceso que, a veces, se encuentra en los cafés mal tostados o mal preparados.
El expreso se puede acompañar con un bizcocho o una galletita neutra. En el caso del capuchino, se puede tomar con un trozo de torta de chocolate, zanahoria y otros sabores.
Los cafés dulces se recomienda acompañarlos con repostería salada o neutra.
Cómo degustar un buen café
Aprender a degustar un café es como degustar un buen vino. No es llegar y beberlo simplemente; es muy importante tener en cuenta algunos elementos que demandan al placer del buen gusto: el aroma, la fragancia, la acidez y el cuerpo dan el perfil al sabor del café.
El aroma: consiste en los tonos aromáticos que percibimos en el café al mezclarlo con agua caliente. La expansión olorosa envuelve muchísimos aromas, como el ahumado, químico, medicinal, achocolatado, acaramelado, maltosa, tostado, terroso, dulce, salado, amargo.
La fragancia: se trata de todos aquellos olores que podemos distinguir en un café recién tostado y molido; notas dulces o cítricas, como, por ejemplo, las florales (mandarina, limón o naranja) o maderadas (fructosas, picantes o con reminiscencias de nueces, cereales, heno o tierra).
La acidez: esta es una característica deseable en el café, que por ningún motivo debe ser confundida con lo agrio. Hace referencia a su suavidad o viveza. Entre más suave, más ácido es el café. Esta sensación se percibe en los lados de la lengua. Se experimenta en la sequedad que el líquido produce en los bordes de la lengua y en la parte de atrás del paladar, y le da a su sabor cualidades marcadas, vibrantes e individuales.
El cuerpo: se refiere a la sensación de perdurabilidad en la boca después de degustar un café. Es la viscosidad, peso y grosor con que es notado en la lengua. Cuanto más perdure, mejor cuerpo tendrá el café. Generalmente, los cafés de Asia presentan más cuerpo que los de Sur y Centroamérica.
El sabor: la acidez, el aroma y el cuerpo dan forma al sabor del café. Es la relación entre estos tres factores la que hace un determinado café más o menos agradable. Las características típicas del sabor son tres: riqueza, complejidad y balance.
“El café es negro como el demonio, caliente como el infierno, puro como un ángel y dulce como el amor”. Charles Maurice de Talleyrand.
Hasta la próxima entrega…