Una historia para cada uso del botón

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En esta serie de publicaciones sobre los botones, hoy hablaré de la historia y el uso correcto de este importante accesorio en los trajes de los caballeros, tanto en los puños como los botones principales, así sabrán cuál botón abrochar y cuál no.

Como siempre digo, en protocolo, los usos y costumbres siguen tan vigentes, y cada uso viene acompañado siempre por un relato espectacular, pero no menos lógico y creíble de por qué la utilización de una u otra forma en ciertas indumentarias. En muchas ocasiones, la etiqueta y el protocolo son más sentido común que otra cosa.

Por ejemplo, la leyenda que tiene como principal personaje al rey Eduardo VII de Inglaterra, de curiosos gustos y del que dicen que fue el pionero en este uso. Al rey, el sobrepeso no le permitía abrochar el ultimo botón de su traje, por lo que empezó a dejar de abotonarse el segundo botón de la chaqueta. Al no querer avergonzarlo, los demás lo imitaron, y es uno de los códigos de vestimenta más sólidos de la moda.

En la actualidad hay trajes de uno, dos y tres botones. El caballero debe saber que, en los que tienen dos botones, el de arriba debe ir siempre abotonado; la misma regla se aplica al de tres botones: se abrochan los dos primeros de arriba. El traje de un botón debe ir cerrado siempre. La premisa es que a la hora de sentarse se desabrochan todos, en los diferentes modelos, pero al levantarse se vuelven a abrochar. La idea principal de esta costumbre es buscar algo de movilidad, holgura y comodidad dentro de estas piezas. Los caballeros que siguen esta sencilla regla siempre se distinguirán de los demás por su porte y elegancia.

Otros botones que tienen su propia historia son los que vienen en los puños de los trajes. ¿Para qué sirven?, ¿tienen realmente una función o solo están allí porque alguien consideró que aportaban un toque de distinción?

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Para entender mejor los motivos por los que se empezaron a utilizar estos botones, debemos remontarnos a la época victoriana del Imperio británico. En el largo reinado de Victoria I, que se extendió entre 1837 y 1901, las normas protocolarias de la época dictaban que un caballero no debía desprenderse de su traje fuera de las paredes de su casa, especialmente si había damas presentes; quitarse el saco era una grave falta de educación. No se podía hacer ni siquiera si se estaba trabajando. Esto suponía un considerable contratiempo para aquellos que necesitaban utilizar las manos con cierta libertad.

El blog Real Men Real Style explica que, en el momento de su uso, estos botones resolvían una necesidad importante, por eso se tuvo la idea de incluir unas pequeñas aberturas en el extremo de las mangas, y los botones servían para abrirlas y cerrarlas.

Si la situación lo exigía, los caballeros podían desabrochar los botones y remangarse de una forma discreta, sin perder la comodidad y elegancia.

Recuerde permanentemente que el sentido común, la etiqueta y el protocolo siempre caminan de la mano.

Hasta la próxima entrega…

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