¡Colorín colorado, pero su final no fue contado!

Este artículo tiene 13 años de antigüedad
Imagen sin descripción

Algunos cuentos que nos leían cuando éramos chicos terminaban con el famoso “vivieron felices para siempre”, pero Pinocho, en realidad, no se convierte en niño; la Sirenita no se casa con un príncipe ni Caperucita es salvada por unos leñadores... Estas historias originalmente no tenían finales felices, porque buscaban dejar moralejas realistas, pero fueron adaptadas para que el público infantil pudiera disfrutarlas.

Por Graciela Galeano (18 años)

Se dice que, probablemente, solo en los cuentos fantásticos hay finales alegres, pero no es así. Muchos cuentos auténticamente no terminaban con un “vivieron felices por siempre”, sino se escribieron para dar una lección o contar las crudas verdades de la realidad, como las siguientes:

-Pinocho, un muñeco hecho de madera que cuando mentía le crecía la nariz, finalmente se convierte en niño e hijo de Geppeto, su creador. El autor fue Carlo Collodi, quien no escribió un cuento infantil; en la versión original, el juguete no se convierte en niño y es castigado por todas sus faltas.

-Caperucita Roja, la niña que iba a visitar a su abuela y por el camino hablaba con un extraño (el Lobo Feroz). La historia original es un cuento de transmisión oral, cuya primera versión escrita pertenece a Charles Perrault; en ella, tanto Caperucita como su abuela son devoradas por el lobo; la adaptación más conocida, en la que aparece el leñador a rescatarlas, fue hecha por los hermanos Grimm.

-La Sirenita, una sirena llamada Ariel que vence a la bruja del mar (Úrsula), luego se convierte en humana y se casa con un príncipe. El cuento fue escrito por Hans Christian Andersen, el verdadero título es La pequeña mujer de mar y, en la historia original, a pesar de todo el esfuerzo que hace la Sirenita por estar con el príncipe, este se casa con otra mujer...

Existen otras historias que son copias fieles de las originales, pero con finales diferentes en comparación con las versiones que conocemos como la de Blancanieves y los siete enanitos, la Cenicienta, la Bella Durmiente, etcétera; fueron adaptadas por Disney para que puedan ser contadas a los niños de manera sutil y divertida.

También hay narraciones con finales felices; la cuestión no es que sean tristes, sino que dejen una moraleja disfrazada de aventuras y fantasías.