“Ejecutar el pandero no es golpear nomás”

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“El pandero no es tan conocido como la guitarra o batería y muchos piensan que se golpea nomás, pero a la hora de ejecutarlo hay que tener bastante coordinación con las manos y los pies”, afirma Ayelén Galeano Salgado (19), quien tiene una empresa familiar que fabrica esos instrumentos. La joven relata que desde pequeña baila con panderos y, además, imparte clases con su mamá.

Ayelén comenta que el emprendimiento familiar nació hace 14 años. Su madre es profesora de panderos y como no conseguía instrumentos de buena calidad, puesto que los extranjeros eran muy caros, el papá de la joven decidió fabricar uno. “Él intentó muchísimo hasta que le salieron los primeros; después de eso, nos dedicamos a venderlos”.

La joven menciona que, junto con sus hermanos, ayuda en la empresa desde niña. “Nunca nos obligaron a trabajar en el negocio, sino que por metiches ayudábamos en algunas cosas, limpiábamos o empaquetábamos. Ahora que somos grandes ya hacemos de todo”, comenta.

Ayelén confiesa que, como trabaja con su familia, el entorno está lleno de juegos y risas. “Tener un negocio en casa es muy bueno; siempre nos divertimos. Además, no tenés un horario tan exigente, pero, eso sí, no hay vacaciones ni fines de semana y, cuando abundan los pedidos, nos desvelamos”, relata.

Si uno quiere llegar lejos con lo que hace, debe atreverse y arriesgarse, agrega la joven. “Empezamos a vender los panderos al exterior por caraduras, principalmente porque nos animamos. Ya que no teníamos idea de cómo enviar los productos a otro país, nos vimos obligados a informarnos para así poder exportar”, cuenta nuestra entrevistada.

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En la empresa Pandero y Danza, el cliente tiene varias opciones para el diseño de su instrumento. “Están los económicos, estándar, modelos religiosos, full color y personalizados, a los que hasta le podés poner tu foto o una dedicatoria para la pareja”, menciona.

Comenta que a algunos les parece sencilla la danza con los panderos, porque piensan que es golpear nomás, sin embargo, tiene sus niveles de dificultad. “Todos dicen que es fácil, pero a la hora de ensayar se les complica, ya que tienen que coordinar las manos y los pies”. Ayelén desde siempre vio a su madre bailar y ahora juntas imparten clases en las iglesias. “Es lindo seguir los pasos de ella; encima, es una forma de expresarse”, finaliza.

Por Dahiana Galeano (19 años)