El anhelo de muchos jóvenes, desde hace mucho tiempo, ha sido actuar en una película o dirigirla, pero el negativo eco retumbando en las mentes de los ilusos decía que acá en Paraguay no se puede; no hay plata, mercado, ideas, auspiciantes, etcétera. Sin embargo, un grupo de “soñadores”, hace poco, con el éxito de un largometraje, nos demostró que quizás faltaba la combinación de esfuerzo y una buena dosis de optimismo para realizar buenas producciones.
Las primeras películas realizadas en Paraguay, El trueno entre las hojas, La sangre y la semilla, La sed, fueron producidas por argentinos, aproximadamente entre los años 50 y 60. El primer largometraje completamente hecho en nuestro país fue Cerro Corá, que se realizó en 1978, dirigida por Guillermo Vera González, y obtuvo una gran aceptación del público.
Después de algunas esperanzadoras muestras de audiovisuales paraguayos, todo terminaba en el opareí y se cortaba nuevamente el proceso de la industria cinematográfica nacional; por lo tanto, siempre parecía imposible llegar al objetivo de convertir el arte de la ficción en negocio.
Las últimas películas más nombradas son Cuchillo de palo, Universo servilleta, Libertad y 7 cajas; el impacto de esta última produjo una “revolución” en la perspectiva de la industria del cine paraguayo. En efecto, cambió no solo la visión de los productores y auspiciantes –que apuestan por la posibilidad de seguir realizando largometrajes–, sino también de los soñadores, que hoy ven renovada la oportunidad de que sus ilusiones pasen de la utopía a la realidad en nuestro país.
En este momento, debemos ponernos las pilas para que este gran paso que dio el cine nacional no quede otra vez en el opareí y podamos continuar desarrollando este importante medio de expresión, que puede constituirse en una magnífica fuente de trabajo para muchos jóvenes talentosos.
Por Graciela Galeano (18 años)
