En la época electoral debemos tomar la difícil decisión de elegir a las autoridades del país; además, soportar sus campañas, que tienen el mismo repertorio y saturan las calles, la tevé y hasta en Facebook propagandean el número de su lista y la de sus correlíes, con lo cual tratan de reclutar ingenuos seguidores.
Lo peor es que los políticos ni siquiera se muestran como son en realidad, pues sus fotos están retocadas para aparentar varios años menos, con la piel de porcelana y, obviamente, esto es gracias al “milagro” de la tecnología y del Photoshop que tienen a mano, ya que al verlos en persona son bastante diferentes.
Fingen amistad hacia sus correligionarios, posan juntos en gran armonía haciendo la señal de la paz, pero terminan apuñalándose por la espalda unos a otros al no cumplir con las condiciones que pusieron desde un principio al candidatarse.
Frecuentemente vemos en la tele sus comerciales, en los que se presentan emocionados casi con lágrimas en los ojos hablando del mañana del país, terriblemente indignados por la situación en la que vive la gente pobre y se llenan la boca hablando del futuro de los jóvenes. Algunos caen tan bajo al abrazar a mujeres mayores, ilusionando a sus electores con las promesas de cambio. ¿Será que hay gente que cree en todo ese teatro de mal gusto?
El contraste que se ve entre sus promesas y las condiciones en que vivimos es notable; sus carteles tirados y pisoteados en toda la ciudad, gigantografías colocadas en terrenos que parecen basurales y detrás de los transportes públicos “adornados” por el abundante humo negro que estos dejan a su paso.
Así que abramos los ojos; no caigamos en sus estrategias ni nos dejemos llevar por colores; pensemos por nosotros mismos y votemos correctamente.
Por Ayelén Díaz (16 años)
