Aparte de la famosa hora paraguaya, el chipá guasu al tatakua y abundante tereré durante todo el año, una característica de nuestro país que podemos sumar a todas estas es el lenguaje que acostumbramos utilizar diariamente, combinando el castellano con el guaraní y otros vocablos inventados, como por ejemplo: nio, katu, piko, chamigo, ko, dálena, hína.
Esta costumbre da lugar a la mala utilización de los idiomas indistintamente, que de generación en generación sigue siendo transmitida, lo cual evita mantener la pureza de cada una de las lenguas. Por ello, desde hace tiempo, existen palabras que solo nosotros entendemos, y si un extranjero intenta buscarlas en el diccionario para dilucidar los conceptos de esos vocablos, ni de casualidad las hallaría, y seguirá con la duda de lo que realmente significan.
Este problema no se da únicamente en el hablar porque ahora al enfrentarnos con el gran desafío de las innovaciones tecnológicas, ni para enviar un tuit mejoramos nuestra forma de comunicarnos, mezclando los dos idiomas nacionales –guaraní y castellano–, para hablar un híbrido, más conocido como jopara, y un ejemplo claro de esta situación son las siguientes expresiones: “¿No tenés permiso?, jaha katu, mba’e pio la tanto!”.
Quizás muchos digan como excusa que los usuarios pasivos o activos cibernéticos no le dan “nomás” mucha importancia al hecho de explayar sus “conocimientos” lingüísticos, a través de una computadora o teléfono celular, por eso escriben así. Atendiendo a esto, no cabe duda de que para el paraguayo no existen límites ni obstáculos para comunicarse o expresar lo que siente, aunque sea vaivai.
Por Desirée Esquivel (18 años)