Crisley se propuso llevar a cabo el proyecto de una caseta fotográfica después de haber asistido a una fiesta de 15 años en Brasil, y su primer pensamiento fue: “Voy a hacer esto, lo necesito”. En ese evento, que se realizó en el 2014, conoció un sistema de fotos instantáneas que dio pie a un emprendimiento que se materializó casi un año después. Hoy en día, ella cuenta con tres tipos de cabinas: una estructurada con cortinas, otra inflable y una que armó dentro de una combi. La joven comenta que tiene un promedio de dos eventos por fin de semana, entre los que se destacan las fiestas de bodas, 15 años, inauguraciones de locales y otros. Crisley, además, cursa el quinto año de la carrera de Hotelería y Turismo. Obtener las fotografías es un proceso sencillo de principio a fin; las personas ingresan a la cabina, eligen el cotillón que desean usar, accionan el monitor que les da un tiempo de cinco segundos para preparar las poses y, finalmente, el sistema imprime dos tiras de imágenes para los clientes. “Desde que el visitante aprieta la pantalla touch, todo es automático”, destaca la joven. Para solventar la inversión, que suponía la compra de la cámara, impresora y estructura en general de la cabina, Crisley utilizó sus ahorros y recibió la ayuda de su mamá. Así, también, comenta que le fue de gran utilidad haber hecho publicidad del negocio a través de las redes sociales, pues los clientes ya solicitaban los servicios antes de su lanzamiento y, con sus pagos por adelantado, pudo cubrir gran parte de los gastos.
“Ver sonreír a la gente es lo mejor”, agrega por último, pues para ella “La Cabina” representa, más que nada, una fuente de felicidad, que es transmitida por las personas que se divierten mientras inventan distintas poses en compañía de amigos o familiares. Es por eso que trata de ofrecer a los clientes un servicio que, sin perder la calidad, sea accesible para todos los que quieran contar con este atractivo en eventos que se realicen en cualquier parte del país.
Por Viviana Cáceres (18 años)
