Queridos maestros, ¡gratitud por siempre!

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“Hetámi nde che mbo'e che mitâ'ípe yma, ha heta mba'e porâ aikuaa ndereha’e”, expresa la música de Teodoro S. Mongelós, dedicada a los maestros. Seguramente, desde pequeño celebrabas este día con tus profes, llevándoles regalos, tortas, y planeando con tus compañeros una minifiesta para esas personas que enseñan con tanta pasión y entrega. ¡Tomate un tiempito para felicitarles hoy en su día!

En nuestro país, cada 30 de abril recordamos el Día del Maestro, tal como lo estableció el Congreso de Educadores en 1915. Varias figuras paraguayas se destacaron en esta profesión, como Delfín Chamorro, quien era un amante de la lectura, lo que le ayudó a ser autodidacta y acumular múltiples conocimientos para luego transmitirlos.

Asimismo, se puede mencionar a las hermanas Adela y Celsa Speratti, quienes desde muy jóvenes ejercieron esta profesión. Asunción Escalada, nieta del educador Pedro Escalada, aportó mucho con sus conocimientos de literatura, filosofía, historia y hasta de cosmología. Y cómo olvidar a María Felicidad González, quien no solo se dedicó a la docencia, sino también fue una de las propulsoras del feminismo en el Paraguay.

Generalmente, los alumnos son los más emocionados cuando llega esta fecha, pues, a veces, pasan días preparando todo para que esta celebración salga de la mejor manera. Algunos llevan la torta, otros inflan los globos y el que tiene la mejor letra se encarga de escribir una dedicatoria en la pizarra. Así también, otro grupo se organiza para entonar canciones y recitar poemas en la formación.

Muchas personas, tal vez, estén eternamente agradecidas a los distintos profesores que tuvieron en el transcurso de sus vidas, y por la paciencia y dedicación que sus maestros demostraron siempre. Los principios básicos, aprendidos alguna vez, lograron tener impacto en sus vidas, inclusive en el área laboral, pues como indica una frase: “La docencia es la única profesión que crea a todas las otras profesiones”.

Tomate un tiempito para felicitarle hoy a ese profe que te tenía tanta paciencia cuando eras pequeño, y te mostraba una y mil veces cómo agarrar un lápiz o colorear sin salirte de la raya. Honra a esa persona que te enseñó el abecedario, los números y a separar en sílabas las palabras. Los maestros merecen la gratitud por siempre, por tanta entrega y pasión.

Por Valeria Candia (18 años)