Si tenés un hermano, pasás del amor al odio en segundos

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“Tu hermano es tan tranquilo, ¿por qué no sos como él?”, “no hace falta que te compre un vestido nuevo, usá el que era de Laura nomás”, son algunas de las frases que se suelen escuchar en las familias con hijos numerosos. Estos convierten la casa en un campo de batalla todos los días, pero cuando se trata de alcanzar un objetivo en común, son conscientes de que la unión hace la fuerza.

Cuando son pequeños, los hijos únicos anhelan tener un hermanito con quien divertirse, porque se sienten muy solos. Las niñas desean una muñeca de carne y hueso a la que puedan cuidar, mientras que los varones quieren a alguien que juegue a la pelota con ellos. El problema es que si la mamá se embaraza, todo el mundo vuelca su atención hacia el nuevo integrante de la familia; entonces, hekoviáma el más grande.

Sin embargo, los mayores aprovechan la ventaja que les da su edad para hacerse respetar por los menores, tratándolos como sirvientes o molestándolos con la famosa frase: “¡Sos adoptado!”. Tampoco desaprovechan la oportunidad de darles un tongo si es que la paciencia alcanza su límite, toda vez que el berrinche no llegue a oídos maternos. Las batallas diarias se basan en decidir quién va a usar primero la compu o tele y elegir al encargado de ir al almacén cuando la mamá hace algún pedido.

Los hermanos pequeños suelen sentir que viven a la sombra de los mayores, con quienes siempre son comparados. “César fue el mejor egresado de este colegio; vos te aplazás nomás luego”, es lo que escuchan por parte de sus maestros. Otra cosa que experimentan los más chicos es la ley de la herencia, mediante la cual todo eso que alguna vez perteneció a sus hermanos, ahora pasa a ellos, ya sean ropas, zapatos y libros de la escuela.

A pesar de que odies que tu hermano invada tu espacio, te avergüence ante tus amigos y quiera competir contigo por el amor de tus papás, sabés que no permitirías que nadie le haga daño y, ante cualquier adversidad, van a apoyarse. Ser hijo único te da la ventaja de no compartir tus pertenencias ni tener a alguien con el que van a compararte, pero poseer hermanos te enseña a desarrollar al máximo la paciencia y capacidad de prestar tus cosas, aunque ni siquiera te las devuelvan después.

Por Viviana Cáceres (18 años)