Como era de esperarse, la novia lució estupenda con un traje de su propia confección. Utilizó 500 pimpollos de flores de organza de seda natural, cristales y ramilletes para crear el vestido de sus sueños. El primer paso de su gran día fue consagrar la unión religiosa en la iglesia San José, y luego pasaron al salón Óscar Pérez Uribe del Club Centenario en donde celebraron hasta entrada la madrugada.
!Que vivan los novios!
