Desobediente, indócil, intratable, contrario a todo, agresivo, quejoso, son algunas de las "caras" que puede adquirir la rebeldía en el adolescente. Lo cierto es que, en la mayoría de los casos, la rebeldía del adolescente es un desacuerdo con relación a lo establecido por los padres, los maestros o cualquier otra figura de autoridad.
Lo que ocurre es que el adolescente está tratando de hacerse más independiente, está buscando dejar de lado la relación de dependencia padre-hijo que tuvo en la niñez. Antes que pueda desarrollar una relación adulta con sus padres, el adolescente, primero, debe distanciarse de la forma en cómo se relacionaba con sus padres en el pasado. Como consecuencia, habrá cierta rebeldía, una actitud de desafío, insatisfacción e inquietud que son normales para la edad. Esta etapa dura alrededor de 2 años, pero no es raro que persista durante 4 a 6 años.
¿Es inevitable?
La rebeldía es parte de la adolescencia. El adolescente se encuentra en pleno proceso de confirmación de sí mismo, de replanteo de una serie de "verdades" que él tenía por ciertas o que el mundo de los adultos le daba como ciertas. Es por ello que muchas veces son los padres, los profesores u otras personas de su entorno cercano los blancos de sus actitudes y conductas violentas.
Los adolescentes manifiestan su desacuerdo, la oposición y hasta la sublevación de muchas y variadas formas, ya sea gritando, murmurando, declamando, teniendo un comportamiento hostil, a través de violencia física directa (las peleas son muy comunes en esta etapa) o destruyendo objetos como símbolo de su rabia, desencanto y malestar.
¿Qué podemos hacer?
Estas actitudes y conductas rebeldes del adolescente pueden llegar a ser muy valiosas y positivas para su crecimiento y desarrollo personal, para su proceso de madurez y para su inserción a la sociedad, desde una postura más madura.
Crear un ambiente de cordialidad y de mucha "humanidad" puede ayudar a ese adolescente a expresar su rebeldía de una manera más constructiva, que lo orientará a canalizar su energía.
Otro punto importante es la educación del adolescente; es importante ayudarlo a controlar sus emociones y que pueda encauzar sus inquietudes hacia la persona adecuada y, sobre todo, de la manera adecuada, en el momento adecuado y con la intensidad adecuada.
Tomar distancia ante el malhumor
En general, cuando el adolescente está de mal humor, no querrá hablar de ello con sus padres. Si los adolescentes quieren hablar sobre un problema con alguien, generalmente es con algún amigo íntimo. En esas ocasiones es mejor dejarlos tranquilos y respetar su intimidad.
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Descortesías
Los adolescentes muchas veces hablan a sus padres en forma descortés o irrespetuosa. Un padre debe estar preparado y esperar que el adolescente presente su caso de manera apasionada, hasta irrazonable. Pase por alto las pequeñeces, son solamente palabras. Pero no acepte comentarios irrespetuosos como el hecho de que le llame "estúpido". Se puede responder con un comentario como "realmente me duele que me desaires o que no contestes a mi pregunta".
Diga esto en una forma tan tranquila como sea posible. Si su hijo adolescente sigue haciendo observaciones airadas y desagradables, salga del cuarto. No se meta en una competencia de gritos con su hijo adolescente, porque este no es un tipo de comportamiento aceptable en las relaciones externas.
Recuerde que lo que usted está tratando de enseñarle es que todo el mundo tiene el derecho de no estar de acuerdo, incluso de expresar su enojo, pero que los gritos y la conversación descortés no están permitidos en la casa. Tal vez usted pueda evitar el comportamiento ofensivo dando un ejemplo de cortesía, desacuerdo constructivo y capacidad para pedir disculpas.
Consejo para los padres
* Trate a su hijo adolescente como a un adulto:
Desde niño empiece a tratar de establecer la clase de relación que usted querría tener con su hijo cuando sea adulto. Trate a su hijo en la forma en que le gustaría que él le tratara a usted cuando sea adulto. El objetivo que debe fijarse es el mutuo respeto y apoyo, y la capacidad de divertirse juntos.
Procure tener conversaciones relajadas, informales, utilice el elogio y la confianza para ayudarle a adquirir una imagen positiva de sí mismo. Reconozca los sentimientos de su hijo escuchándolo y haciendo comentarios sin criticar.
* Evite críticas en situaciones en que no podrá ganar.
El hecho de vestirse, hablar y actuar en forma diferente a la de los adultos ayuda a que su adolescente se sienta independiente de usted. El adolescente, generalmente, quiere hacer lo mismo que hacen sus amigos. Este es un paso importante en su desarrollo.
Trate de evitar cualquier crítica de su manera de vestir, el peinado, el maquillaje, la música, los tipos de baile, las amistades, los intereses recreativos, la decoración de su cuarto, cómo pasa su tiempo libre, el uso del dinero, el lenguaje, sus estados de ánimo, la postura y filosofía. Solamente intervenga y trate de efectuar un cambio si el comportamiento es perjudicial, ilícito o viola sus derechos.
* Deje que las reglas sociales y las consecuencias le enseñen responsabilidad fuera de casa.
El adolescente debe aprender por su propia experiencia y sus propios errores. A medida que experimenta, aprenderá a asumir la responsabilidad de sus decisiones y de sus acciones. Intervenga solo si se propone hacer algo peligroso o ilegal.
* Aclare las reglas de la casa y las consecuencias por no respetarlas.
Usted tiene el derecho y la responsabilidad de establecer reglas con respecto a su casa. Las elecciones de un adolescente pueden ser toleradas dentro de su propio cuarto, pero no deben ser impuestas al resto de la casa. Aunque es bueno que las amistades del adolescente se sientan bienvenidas en el hogar, se deben aclarar las reglas básicas. Las consecuencias por no respetar las reglas deben derivar en la pérdida de ciertos privilegios (por ejemplo, ver la tele, etc.). Si rompe algo, deberá repararlo o reponerlo. Si crea desorden o ensucia, deberá ordenar o limpiar.
* Terapeuta familiar y docente universitaria.