El tratamiento del absceso hepático se basa principalmente en extraer el pus que se formó en el hígado. Esto puede hacerse mediante una punción a través de la piel, sin operar al paciente, o por medio de una intervención quirúrgica (si se trata de abscesos muy grandes). Los antibióticos antes, durante y después de estos procesos son recomendables. Si los abscesos fueran pequeños, el uso de antibióticos podría ser la única medida a seguir.
Los procedimientos descriptos para la extracción del pus del hígado, llamados “drenaje”, son delicados, tienen riesgos de complicaciones y deberían ser realizados por médicos con experiencia. Hay riesgo de sangrado o de diseminación de pus al abdomen en general.
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Recuperación del paciente
La recuperación de la persona y la rapidez de la misma dependen de la magnitud de la infección, el deterioro del estado general y la precocidad o no del diagnóstico, concluyó el Dr. Girala.