Enfermedad de Parkinson

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Si las células nerviosas o neuronas no producen una sustancia química en el cerebro conocida como dopamina aparece la enfermedad de Parkinson, un trastorno del movimiento, cuyo signo más distintivo es el temblor.

“El 11 de abril pasado se recordó el Día Mundial de la Enfermedad de Parkinson, un trastorno degenerativo, más frecuente en áreas rurales, debido a los productos tóxicos y el agua contaminada de los pozos”, nos dice el Dr. José Cortti, neurólogo (*)

Quien conoce y entiende esta enfermedad puede manejarla mejor. “Es sabido que en la década de los 80 se pensó en la posibilidad de la etiología tóxica de la enfermedad –diversos estudios científicos realizados en diferentes países ligan sustancias como pesticidas agrícolas y del hogar a esta enfermedad–. Y en la observación del 10% de los pacientes sugieren que tienen un componente genético”.

Los síntomas se notan primero a un lado del cuerpo, luego afectan ambos, y siguen con temblor en las manos, los brazos, las piernas, la mandíbula y la cara. Además rigidez en los brazos, las piernas y el tronco; lentitud de los movimientos, problemas de equilibrio y coordinación.

“La enfermedad de Parkinson se define clínica y anatomopatológicamente por ser degenerativa multisistémica, caracterizada por bradiquinesia, temblores en reposo, rigidez, trastornos posturales y de la marcha”, dice.

Según refiere la historia: “Galenos y Gaubius describen un trastorno tembloroso y una postura festinante (apresurada). En 1817 el médico y geologista James Parkinson describe la enfermedad; Goethe y Longhi asocian el temblor y postura a la edad”.

“Sanders, Charcot y Reinolds reconocieron tres y cinco estadíos de la enfermedad. En 1956 se descubre la levodopa y en 1960 Carlsson y Homykiewicks la utilizan por primera vez”.

En la era poslevodopa, según refiere el Dr. Cortti, “dependiendo del uso precoz da mayor calidad de vida y sobrevida de más de cinco años. Actualmente el uso de los antioxidantes y otros métodos probablemente pueden ayudar a dar mayor expectativa de vida”.

Dos características de la enfermedad fluctúan entre una gran rigidez y un temblor de reposo. Cien años después se descubrió que estos signos se debían a una pérdida de neuronas en la sustancia negra, una pequeña región en el cerebro que produce dopamina y permite afinar nuestros movimientos. Y que en todos los casos aparecían cuerpos de Lewy, pequeños depósitos de proteínas.

Los tratamientos más utilizados

Entre las drogas que se utilizan en este trastorno se encuentran: “bloqueadores de receptores dopaminérgicos (antisicóticos, antieméticos), reserpina, tetrabenazina, alfa-metil-dopa, litio, flunarizina, zinarizina”.

Se puede suponer actualmente que existe una susceptibilidad individual genética que está basada en la reducción de la habilidad de metabolizar toxinas del medio ambiente o para inactivar especies de radicales tóxicos.

Otros tratamientos son quirúrgicos en la parte dañada del cerebro y la implantación de un marcapasos en el área afectada.

Los virus asociados con cuadros parkinsonianos son: encefalitis japonesa B, coxackie B2, influenza A, herpes simple, HIV. En tanto que las toxinas asociadas son: MPTP, manganeso, cianuro, disulfuro de carbono, organofosforados, hexanos, metanol, monóxido de carbono.

No existe una cura para el mal del Parkinson, pero los tratamientos pueden controlar los síntomas como los temblores.

Es muy importante establecer el diagnóstico diferencial entre la enfermedad de Parkinson y otras dolencias que pueden cursar con parkinsonismo. Para ello se utiliza una prueba llamada Pet-Scan o Data-Scan, que ayuda a reconocer o diagnosticar el parkinsonismo farmacológico, temblor esencial, parkinsonismo vascular y otros parkinsonismos neurodegenerativos.

(*) Jefe de Servicio de Neurología de la Universidad Nacional de Asunción.

Mirtha González Schinini mirtha@abc.com.py