Antes se aconsejaba leche materna exclusiva al bebé hasta los seis meses. ¿Por qué ahora se agregan suplementos y vitaminas?
En su mayor parte, un infante que nació saludable recibe todos los nutrientes que necesita si está siendo alimentado con leche materna o fórmula preparada. Pero hay algunas consideraciones especiales, por ejemplo:
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La vitamina D: este nutriente es particularmente importante en el primer año de vida para asegurarse de que los huesos sean debidamente calcificados durante este período de rápido crecimiento. Además de figurar en la leche materna, la vitamina D se sintetiza a partir de la luz solar.
La vitamina D se activa con la exposición de la piel a la luz solar, y la tendencia marcada que suele existir a no exponer al recién nacido al sol (cosa lógica en un país como el nuestro, en el cual las horas de exposición segura son pocas por día) puede llevar a que la vitamina D activa disminuya.
La contaminación también puede reducir una gran cantidad de la luz ultravioleta necesaria para activar la vitamina D. Incluso cuando el sol es abundante, los bebés no pueden ser expuestos a la luz del sol tanto como debería ser. Los infantes de piel oscura son especialmente los que están en situación de riesgo, ya que no absorben la luz solar a través de la piel tan fácilmente como los niños de piel más clara. Por ello se recomienda que los bebés lactantes reciban gotas de vitaminas que contienen vitamina D en el primer año de vida. Estas gotas suelen contener también vitaminas A y C, otras dos vitaminas que en ocasiones pueden faltar en lactantes amamantados.
¿Qué ocurre con el hierro y el flúor?
En cuanto al hierro, los bebés nacen con suficientes depósitos de hierro para cuatro a seis meses, lo que significa que empezará a necesitarlo aproximadamente al momento de empezar a comer alimentos sólidos. La deficiencia de hierro puede tener consecuencias a largo plazo para los niños, puede interferir con el desarrollo neurológico normal del infante.
El fluoruro es un mineral esencial para la formación de dientes sanos y fuertes, ya que ayuda a formar el esmalte dental que impide su decadencia. El fluoruro se encuentra naturalmente en alimentos como las hortalizas y los granos, y se añade al agua potable en algunos suministros de agua. Sin embargo, en muchos casos el aporte en el agua comunitaria es subóptimo, por lo que puede recomendarse en áreas geográficas con estas características el suplemento de flúor en meses alternados.
Prevención ante todo
* Habitualmente, los problemas por déficit pueden no ser evidentes a corto plazo, pero pueden surgir enfermedades en los pacientes sin suplementación, como anemia ferropénica por deprivación de hierro. Esto puede verse con mayor frecuencia en hijos de madres que ya se encuentran anémicas de por sí, y que, por ende, no pueden aportar a sus niños este nutriente.
* Por falta de flúor, ocurren trastornos del esmalte dentario a largo plazo, predisposición a caries dentales.
* Las afecciones dermatológicas y de visión sobrevienen por deficiencia de vitamina A.
* Los trastornos del tejido conectivo de piel aparecen por déficit de vitamina C.
Con los suplementos y vitaminas se previenen enfermedades relacionadas a estas carencias y los bebés crecen sanos.
Fotos: V. Vera y G. Báez