Una piel que clama atención

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La dermatitis atópica es un tipo de eczema asociado al asma y a la rinitis alérgica. Tiene una evolución crónica, y episodios con crisis con intenso prurito (picazón).

El 70% de los pacientes atópicos tienen familiares con eczema, asma o rinitis alérgica y tienen una respuesta exagerada a varios estímulos tales como contactantes, sustancias ingeridas o inhalantes.

Existen algunas manifestaciones cutáneas que ocurren con frecuencia en estos pacientes:

* Prurito

* Dermatitis localizada en el rostro (frente y mejillas) en niños pequeños

* Eczema localizado en los pliegues cutáneas en el adulto (flexura antecubital, cuello).

* Manchas blancas en rostro y miembros

* Hiperlinearidad palmar

Importancia del tratamiento

La afección tiene un curso crónico y hay recidivas. Si el paciente no recibe los cuidados adecuados puede haber empeoramiento del cuadro, infecciones virales y bacterianas, evolucionar a un cuadro de eritrodermia (eritema y escamas generalizadas en la piel).

El diagnóstico es clínico, y se realiza con la historia clínica de dermatitis repetidas acompañadas de comezón intensa. Puede haber aumento de la Ig E (un tipo de anticuerpo) en los casos asociados a alergias respiratorias.

Bajo control

No hay una cura definitiva. El objetivo del tratamiento es el control de la afección, mientras se aguarda una involución espontánea del problema, que puede ocurrir con el tiempo.

En niños se pueden usar corticoides tópicos como hidrocortisona u otros de mediana potencia, así como antibióticos como Mupirocina o Ac fusidico. Son útiles los antihistamínicos como la Clorfeniramina y la Hidroxizina.

Ultimamente se está usando como tratamiento de mantenimiento los fármacos inmunosupresores, como el Tacrolimus y el Pimecrolimus.