Édgar Florentín, presidente del consejo económico de la parroquia, dijo que las paredes externas del templo necesitaban de urgente reparación, ya que se estaban deteriorando a sus 51 años de existencia. Ante esta situación, emprendieron diversas actividades lucrativas como bingos, venta de asados y comidas típicas, subastas de objetos usados, sorteos y otros, para recaudar fondos y realizar los trabajos de reparación y hermoseamiento.
Como los recursos no eran lo suficiente para emprender los trabajos, recurrieron a la Gobernación del Alto Paraná, donde presentaron sus proyectos y consiguieron el aporte.
Florentín señaló que existen otros proyectos a ser ejecutados, como la construcción de escaleras y un mirador, para subir hasta el campanario y visualizar la ciudad. También se prevé una mayor iluminación en el patio del templo y el cercado perimetral.
El campanario de la iglesia sostiene una de las campanas más grandes de Latinoamérica, ya que una de ellas pesa 3.000 kilos y las dos restantes 1.500 kilos cada una, por lo que es considerado uno de los lugares turísticos más visitados de la zona.
