Escuchamos el cuento que nos narra la profe
Había una vez un niño llamado Tomi que quería salir a jugar al patio, pero sus championes tenían los cordones sueltos. Él pensó y dijo: «Quiero aprender a atarlos yo solito». Se sentó con calma y observó cómo los cordones parecían dos amiguitos esperando jugar.

Primero, Tomi cruzó los cordones como si se dieran un abrazo. Luego hizo una orejita con uno y la pasó por debajo del otro, tal como le habían enseñado. Sus dedos trabajaron despacito, pero con muchas ganas, porque sabía que estaba aprendiendo algo importante.
Cuando terminó, Tomi sonrió muy feliz. ¡Había logrado atarse los cordones solo! Se levantó orgulloso y se fue a jugar, pensando que cada vez que aprende a hacer algo por sí mismo, se vuelve más grande y más valiente.

Para docentes
No todos los niños aprenden a atarse los cordones al mismo tiempo. Influyen la madurez motora, la atención, la fuerza de los dedos y la experiencia previa. Si la práctica constante no trae avances —o si hay mucha frustración— conviene simplificar: usar cordones más gruesos, practicar solo el nudo base por algunos días o alternar con los que tienen zapatos de velcro mientras se entrena la habilidad.
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Aprende más
Con las orientaciones y ayuda de la maestra, ensayamos a desatar y a atar en forma simple los cordones de nuestros championes, también practicamos a atar en forma de moños los cordones. Ensayamos repetidamente procurando atarlos.

