Cuando el aprendizaje encuentra cien caminos diferentes

Cuando el aprendizaje encuentra cien caminos diferentes
Cuando el aprendizaje encuentra cien caminos diferentesArchivo, ABC Color

En la educación tradicional, durante mucho tiempo se privilegió la palabra como principal vía para aprender y demostrar lo aprendido. Sin embargo, los niños no piensan, sienten ni descubren el mundo de una sola manera. El enfoque de Reggio Emilia, desarrollado en Italia a partir de las ideas de Loris Malaguzzi, propone una mirada diferente: cada niño posee múltiples formas de comunicarse, investigar, crear y construir conocimiento. A estas diversas posibilidades se las conoce como «los cien lenguajes».

La expresión no debe entenderse literalmente como una lista de cien formas de comunicación. Representa, más bien, la enorme diversidad de recursos que los niños utilizan para interpretar y expresar aquello que descubren. Hablar, escribir, dibujar, pintar, modelar, construir, dramatizar, bailar, cantar, jugar, observar, experimentar y utilizar el cuerpo son algunas de esas posibilidades. Cada lenguaje permite descubrir una perspectiva diferente y, muchas veces, aquello que un niño todavía no puede explicar con palabras puede manifestarse mediante una imagen, un movimiento, una construcción o una canción.

Aprender haciendo, creando y descubriendo

Los cien lenguajes colocan al niño en el centro del proceso educativo y lo reconocen como protagonista, capaz de formular preguntas, plantear hipótesis y buscar respuestas. El aprendizaje surge de la curiosidad, la exploración y el contacto con experiencias significativas.

Esta perspectiva resulta especialmente valiosa en nuestras aulas paraguayas. Un niño puede comprender mejor una situación matemática cuando la representa con materiales concretos; interpretar un cuento mediante una dramatización; aprender sobre el ambiente a través de una experiencia en el patio escolar; o acercarse a la historia y la cultura paraguaya mediante dibujos, canciones, relatos familiares, fotografías y producciones artísticas.

La creatividad, entonces, no debería ocupar únicamente un espacio destinado a «arte». Puede atravesar todas las áreas y convertirse en una herramienta para comprender, comunicar y resolver problemas.

Un ambiente que también enseña

En Reggio Emilia, el espacio educativo es considerado un «tercer maestro», porque su organización influye en la manera en que los niños interactúan, investigan y aprenden. Un aula preparada con materiales accesibles, producciones visibles, libros, elementos naturales, recursos reutilizables y sectores destinados a diferentes experiencias puede despertar preguntas y favorecer la autonomía.

No se trata de disponer de recursos costosos. En nuestras escuelas podemos aprovechar cartones, tapitas, semillas, hojas, piedras, telas, envases y otros materiales disponibles en la comunidad.

El docente: observar, escuchar y acompañar

Esta concepción también transforma el papel del educador. El docente deja de ser únicamente quien transmite contenidos para convertirse en un profesional que observa, escucha, formula preguntas, propone desafíos y ofrece oportunidades para que sus estudiantes desarrollen sus propias ideas.

Escuchar verdaderamente a un niño implica prestar atención no solo a lo que dice, sino también a lo que dibuja, construye, representa, pregunta, juega o intenta comunicar.

Documentar para hacer visible el aprendizaje

Otro elemento fundamental es la documentación pedagógica. Fotografías, producciones, registros anecdóticos, comentarios de los estudiantes y evidencias de los procesos permiten mostrar no solamente el resultado final, sino también el camino recorrido.

En este sentido, documentar no significa acumular trabajos. Significa interpretar el proceso, volver sobre lo realizado y ayudar a los niños a reconocer cómo fueron construyendo sus aprendizajes.

Fuentes:

- EDWARDS, C., GANDINI, L., & FORMAN, G. (Comps.). (2012). Los cien lenguajes del niño: La experiencia de las escuelas de Reggio Emilia. Paidós Educador.

- RINALDI, C. (2006). En diálogo con Reggio Emilia: Escuchar, investigar y aprender. Octaedro.