Por todo el país, hay héroes anónimos enamorados de la naturaleza que, a su manera, aportan su granito de arena para cuidar el mundo. Este fin de semana, A Todo Pulmón Paraguay Respira, contó algunas de esas historias, con una de sus hermosas expediciones para medir a los árboles clasificados como finalistas de los Colosos de la Tierra, en su edición número 11.
La gira de los Colosos estuvo cargada de emoción, aventura extrema y, por supuesto muy buena comida brindada con amor por los pobladores de varios rincones del país. Con más de 1.000 kilómetros recorridos en tres días, conocimos a las valientes familias que se han convertido en verdaderas heroínas de la naturaleza. En esta nota, te cuento algunas de ellas:
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El árbol de la gente
Hay muchos árboles que no entran en las categorías de los más grandes o altos, pero sí son los más queridos por su comunidad. Por ello, se habilitó la categoría del “Árbol de la gente”, que este año fue otorgado a un Ka’a Oveti ubicado en Juan León Malloquín, una ciudad que recibió a la comitiva con un coro de niños, buena comida y mucho cariño.
En medio de dicho árbol, miembros de la comunidad construyeron una bella casita del árbol, en honor a los muchos recuerdos de infancia que tienen trepando las ramas de todo el bosque de unas 13,5 hectáreas que posee la familia Barrientos Garcete.
Carlos César Barrientos, quien postuló a su árbol, contó que los hermanos mantienen intactos los árboles de su propiedad, en honor a los valores que les inculcaron sus padres. “No tocamos el bosque”, enfatizó.
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El defensor de los árboles en la ciudad de la madera
Don Benito González fue uno de los primeros pobladores de la ciudad de Tres de Febrero, Caaguazú. Hoy su familia tiene animales y una pequeña producción de verduras variadas. Lo que no hacen es talar árboles, pese a vivir en el departamento conocido como la capital de la madera.
Cuando llegó, Don Benito contó que encontró en medio de un pequeño bosquesito un gran Yvyra Pytã (peltophorum dubium), de un enorme tallo y una imponente altura. Decidió que lo protegería e inculcó dicha labor a sus hijos, según su propio relato en el dulce idioma guaraní.
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Don Benito contó que décadas atrás, cuando la tala indiscriminada de árboles estaba en auge en la zona, un día escuchó que ingresaron con una motosierra para intentar echar su árbol. Él se plantó ante los desconocidos y lo impidió, a pesar de que uno de ellos incluso estaba armado.
“Aju chupekuera ha añemombarete. Aikovai hendiekuera. Upéi onohe la arma ha ahante. Upéi ahendu jey la hyapu ha ajujey chupekuera”, relató en guaraní. (Vine hacia ellos y fui fuerte. Me peleé con ellos... Luego uno sacó un arma y me tuve que ir... Pero después escuché el ruido de la motosierra y volví a ir por ellos).

¿Por qué tanto esfuerzo? “Siempre pensé en mi familia, mis nietos, los que van a venir después de mí, para que se quede mi árbol. Siempre vienen estudiantes a ver este árbol porque ya no hay este tipo en esta zona”, respondió don Benito. Su esposa añadió que los bosques son importantes para detener los vientos, las tormentas, cuidar el suelo que usan para cultivar y mucho más.
Don Isidro González, uno de los hijos de la familia, relató que hasta hoy hay personas interesadas en echar el árbol para hacer costosos muebles rústicos, pero siguen negándose. Habló sobre el gran problema de deforestación e indicó que entre todos debemos fomentar la necesidad de plantar para recuperar los bosques.
Gracias a la labor de esta familia, hoy el imponente yvyra pytã sigue vivo y ya tiene aproximadamente 300 años, según estiman los organizadores de la expedición de Los Colosos de la Tierra, de A Todo Pulmón.
Este árbol es uno de los 23 finalistas de la competencia. Esta especie debe su nombre al color de su madera, que al ser cortada y estar expuesta al aire por unos segundos, toma un color rojizo brillante.
Un legado para su familia
Otra de las familias protagonistas de la expedición del fin de semana en Caaguazú fue la de Rubén Marecos. El mismo postuló a un Urunde’y Pará (Astronium fraxinifolium) de - por lo menos - 200 años, según las estimaciones y la circunferencia de su tronco.
Rubén contó que su familia decidió conservar una hectárea y media de bosque, puesto que su papá siempre valoró la importancia de los árboles y se encargó de inculcarle el mismo amor y respeto, en medio del trabajo de campo.

En su momento, contó que los vecinos de la familia le pidieron el árbol para construir un puente en el pueblo, sin embargo de manera firme su padre decidió proteger su urunde’y para, en todo momento.
Don Ignacio Marecos pensaba en que su hijo y las siguientes generaciones debían ver y conservar el árbol, como un legado de la familia y una filosofía de vida: la de producir conservando los bosques. Hoy la familia sigue cuidando y reforestando su predio.
Los Marecos no solo contaron su historia, sino que con mucha alegría recibieron a la comitiva con un tradicional asado paraguayo, sopa paraguaya al tatakuá y un delicioso postre tradicional: maní con miel negra.

Un punto de encuentro
Todos los afortunados en tener bellos patios en sus viviendas tienen recuerdos bajo los árboles. La familia Martínez Díaz construyó esas memorias bajo un gran Tatarẽ (Chloroleucon tortum), en la ciudad de Eusebio Ayala. El imponente árbol se puede observar desde lejos y es imposible que pase desapercibido.
Sadys Martínez contó que todos los que pasan por la zona, a veces por el Rally, se toman fotos con su árbol, que posee extensas ramas y una circunferencia que indica al menos 200 años de edad, aunque es incalculable, según los expertos.

El árbol lleva décadas siendo protegido por don Teófilo Martínez y su esposa, Visitación Díaz, quienes enseñaron a sus hijos la importancia de protegerlo. Hoy el tatarẽ es un punto de encuentro para los hijos y nietos, quienes cada domingo se reúnen para tomar tereré, mate o almorzar bajo su sombra.
La pareja pidió a su hija Sadys que inscriba a su preciado tesoro natural en el concurso de los Colosos de la Tierra y, en el segundo día de recorrido, la familia recibió a la comitiva de A Todo Pulmón, con alegría y una deliciosa sopa paraguaya.
Un coloso ganador y el ecoturismo
En el recorrido, no faltó el turismo de aventura. Toda la comitiva tuvo la oportunidad de recorrer y escalar parte de la cordillera del Ybyturuzú, en Colonia Independencia. Fueron un par de kilómetros de caminata y escalada de mediana intensidad, resbalones y hermosas vistas en el atardecer, para llegar hasta uno de los Colosos premiados en el 2017.

Se trata del Timbó de Doña Dominica, que se alzó con el cuarto puesto en dicho año. En un dulce idioma guaraní, la mujer primero destacó que el árbol es de todos y que por más que se encuentra en su propiedad, es un patrimonio común.
Recordó que siempre recorrían su lote, para juntar remedios refrescantes y verificar que todo esté en orden. Desde el principio encontraron el timbó y ya era muy grande décadas atrás. “Siempre le cuidamos mucho, es muy lindo y creció muy grande”, agregó.

Los organizadores indicaron que en su última medición tenia 5,50 metros de circunferencia y pese a que no pueden asegurar su edad, tendría mucho más de 200 años.
Doña Dominica destacó que lo que buscan es que se convierta en un punto turístico, que las personas acudan acampar, disfruten las bellas vistas y conozcan un hermoso y añejo árbol. Por ello, pidió al Gobierno mayor incentivo para fomentar el ecoturismo en la zona.

Un árbol que vio crecer una industria
Muchos árboles volvieron a ser inscritos este año con la esperanza de esta vez sí ser coronados como Los Colosos. Uno de ellos es el Timbó de la familia Ceuppens, en la ciudad veraniega de San Bernardino. Las hermanas, Ana y Blanca, contaron que sus padres adquirieron el predio en 1972 y el imponente árbol de más de 100 metros de copa.
Este árbol fue finalista de Los Colosos en el 2018 y hoy vuelve a concursar. Ana contó que sus padres tenían la granja reproductora de Pechugón en ese predio, además de un tanque y galpones, pero siempre sin tocar el árbol de Timbó.

Luego de que la industria haya crecido con los años, el predio fue liberado y hoy los propietarios trabajan en la reforestación y protección. El amor hacia su árboles es tan grande que la familia ni siquiera permite que se construyan una casita del árbol que ponga en riesgo su estructura, pese al anhelo de los hijos y nietos.
“Le cuidamos muchísimo a nuestro árbol, cada vez que hay una tormenta rezamos para que no pase nada”, contó Blanca.
Enamorada de los árboles
Aunque la mayoría de los concursantes son postulados por propietarios o vecinos, el caso de Raquel Fariña es diferente. Ella se pasa viajando y desde que se enteró de la existencia de Los Colosos, se convirtió en una “cazadora” de tesoros naturales que, junto a su mamá, postula a las plantas más imponentes que han encontrado.
Este año decidieron postular al mítico “árbol de la vida” de San Bernardino, ubicado en la plaza General Bernardino de la ciudad. Este sin duda fue el árbol de tronco más ancho visitado por la comitiva del fin de semana (pero aún no sabemos si de todo el concurso). “Este árbol te transmite mucha paz”, expresó Raquel al mostrarlo para que el jurado realice las medidas.
Se trata de un Guapo’y que se cree era el punto de encuentro de los primeros colonos alemanes de la ciudad y es el árbol más antiguo de la localidad. Cuentan los lugareños que allí se realizaban muchas reuniones.
Según cuenta la historia en un cartel colocado frente al precioso árbol, el concepto de árbol de la vida simboliza el poder de la vida y sus orígenes, la unión y comunicación entre los tres niveles del cosmo: los inicios (por sus raíces), la tierra (el tronco) y el cielo (la copa y sus ramas).
Hoy este guapo’y está rodeado de bellos plantines y está decorado con lámparas que lo iluminan por la noche y lo convierten en uno de los atractivos de la ciudad del verano.
Mujeres defensoras y una joven consciente
Sofía Villamayor Villalba tiene hoy 18 años contó y con solo 13 años decidió postular por primera vez el hermoso Timbó de su barrio, ubicado en la ciudad de Areguá. La joven relató la leyenda del este árbol, también conocido como “Cambá Nambi”, por la forma de oreja que tiene sus frutas.

La leyenda de los aborígenes habla de un famoso cacique guaraní que adoraba a su hija. Un día ella desapareció y su padre desesperada salió a buscarla. Él creía que apoyando la oreja en el suelo oía las pisadas de su hija y así fue encontrado muerto, con la oreja unida a la tierra, en el punto exacto en el que salió un hermoso árbol que llevó el nombre de “Timbó”.
Sofí también destacó que las frutas en formas de oreja tiene muchas propiedades medicinales, pero se debe tener mucho cuidado a la hora de preparar las infusiones.
El Timbó postulado para Los Colosos se encuentra dentro de un predio público que, según relataron las pobladoras más antiguas, anteriormente estaba repleto de enormes árboles que fueron talados por desconocidos.
Sin embargo, lograron proteger algunos que hasta hoy en día siguen estando amenazados. La presidenta de la Comisión Vecinal contó que lucharon pese a no tener el apoyo de la Municipalidad de Areguá, que tampoco colabora para evitar un enorme vertedero que se formó en el predio.
“Vienen a cortar la corteza y cuando se secan vienen a llevar la llena. Y si nos damos cuenta hasta con Policía cuidamos estos árboles. Por lo menos en la Comisaría nos hacen caso y nos ayudan”, relató Graciela Lezcano.
La misma aprovechó para denunciar que el intendente de Areguá, Julio Trinidad Ferreira (ANR, Cartista) le pide que todos los miembros de su comisión sean de su partido y acudan a los actos políticos para ayudarlos. “Y como no hacemos eso, nos ningunean”, lamentó.

Más de 700 héroes
Este año, se postularon más de 700 árboles para ser elegidos como los Colosos de la Tierra en las diferentes categorías. Eso indica que hay al menos ese número de familias protectoras que no solo cuidan y aman los árboles, sino que también son conscientes de la importancia de mostrarlos al país.
En total, este año hay 25 finalistas que fueron conocidos en tres fines de semana de expediciones, en las cuales los ingenieros de A Todo Pulmón, el equipo de comunicación y comunicadores recorrieron miles de kilómetros recolectando historias y midiendo a los árboles.
Los ganadores serán dados a conocer a finales del mes de setiembre, con la tradicional gala y la “Alfombra verde”.
