Fue una lucha hasta el final, los meses eran una larga espera, las horas no pasaban, los días y meses eran eternos, por eso entregué mi vida a Dios y a la Virgen de Caacupé, por mi hijo Héctor Federico Fernández Santander.
Conté con la ayuda de mis padres, que, constantemente, me cuidaban y a quienes les debo de por vida esa atención que me brindaron desde que supieron que serían abuelos.
En la semana 36 y 4 días que, de un simple control a las 9:00 de la mañana pasamos con Héctor, directamente al sanatorio porque ya tenía pérdida de líquido, mi bebé ya quería nacer.
De una larga espera, ese momento llegó con una ansiedad mezclada con varias emociones. Hoy recuerdo con mucha sastifacción que el esfuerzo que hice no fue en vano, a las 13:30 fui la mujer más feliz del mundo al ver a mi hijo por quien tanto luché, ante todas las adversidades con el apoyo de toda mi familia, Héctor y mis amistades.
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Hoy día puedo decir que estoy agradecida con Dios por toda la alegría que día a día nos brinda a todos este pedacito de mi corazón.
Faty Aguilera
