El exilio de Roa Bastos

Las dictaduras no solo dejaron profundas huellas en la vida social paraguaya, también marcaron heridas en la cultura y sus referentes. Augusto Roa Bastos probó el amargo sorbo del exilio en 1947 y 1982. Sus obras son un espejo del dolor de ese desarraigo.

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Roa Bastos partió al exilio por primera vez en 1947, se asentó en Buenos Aires, expulsado por la violencia de la guerra civil y el régimen autoritario del general Higinio Morínigo (1940-1948). En la desconocida - en aquél entonces - Argentina, empezó a florecer su primer compendio de cuentos.

Los primeros años de su exilio fueron los más difíciles y fue en ese tiempo en el que concibió “El trueno entre las hojas” (1953) su primer libro de cuentos cuyas páginas fueron escritas entre 1947 y 1952, en una tierra tan desconocida como el dolor de vivir lejos del Paraguay.

Ya arraigado a su extraña condición de exiliado, se asomó al reconocimiento internacional con la publicación en 1960 de su primera novela “Hijo de Hombre”, considerada como una de las obras más influyentes y fundamentales de Latinoamérica.

Esta obra lo hace merecedor del primer premio del prestigioso concurso de novelas de la editorial Losada, el más importante de la época en castellano. 14 años después de esta magistral obra, siempre en las arenas del exilio, publicaba “Yo el Supremo”, calificada como su obra maestra, novela histórica que trascendía las fronteras y se ganaba un respetado espacio en el subgénero de dictadores.

Tras una estadía en Francia, Roa Bastos regresa en 1982 al Paraguay, durante la dictadura de Alfreddo Stroessner, a quien había criticado en sus colaboraciones para el diario Clarín de Argentina, cuando cayó decepcionado por su tiránico gobierno.

El 30 de abril de ese año Roa iba a inscribir en el registro civil a su hijo de 9 meses nacido en Francia. Cuatro agentes de Investigación de Delitos de la Policía lo buscaron en la casa de su hermana Emilia. Lo encontraron y le dieron la infame noticia: Era expulsado del Paraguay.

Fue llevado bajo fuerte custodia hasta la vecina ciudad de Clorinda. Fue abandonado a su suerte pero esta vez el miedo y la soledad eran compartidos, junto a él su esposa y su pequeño hijo también habían sido desterrados.

Roa Bastos fue deportado sin mediar orden judicial alguna, sin justificación más que el temor de un frágil régimen que fundamentaba su fuerza con el miedo y la violencia. Una eminente figura de reconocimiento internacional y con visión crítica hacia la dictadura de su país era peligroso para Alfredo Stroessner.

El 30 de julio de ese mismo año, se presentó ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos la denuncia sobre su exilio. Parte de ella mencionaba que a requerimiento de la prensa sobre la expulsión del famoso autor de Yo El Supremo, la policía manifestó desconocer absolutamente todo el asunto y recién el día 2 de mayo el Ministerio del Interior manifestó que “Roa Bastos era un bolchevique ultra-moscovita”.

En agosto de 1982, el Gobierno de Stroessner respondió a la Comisión sobre la expulsión de Roa Bastos, asegurando que fue a consecuencia “de su actividad proselitista en grupos juveniles y universitarios y grupos intelectuales (actividad proselitista marxista-leninista, prohibida por la ley en el Paraguay. El Partido Comunista en el Paraguay está fuera de la ley por imperio de la Constitución Nacional, que prohíbe que se use la libertad para suprimir la libertad). Augusto Roa Bastos optó por salir al exterior. Se encuentra actualmente en Toulouse, Francia”, indicaba el gobierno.

Cuando la dictadura llegó a su fin, en febrero de 1989, el Gobierno del general Andrés Rodríguez, le entrega nuevamente un pasaporte paraguayo al más emblemático escritor del Paraguay, cerrando así uno de los capítulos más crudos de su vida.

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