“High Flying Bird”: el juego detrás del juego

En manos de un virtuoso como Steven Soderbergh, una película que consiste exclusivamente en gente hablando y filmada con iPhone no carece de grandilocuencia cinematográfica.

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La incapacidad de Steven Soderbergh de cumplir con su palabra luego de haber anunciado su retiro del cine en 2013 nos viene bien.

Luego de haber regresado a la pantalla grande en 2017 con la entretenida comedia de ladrones Logan Lucky, el cineasta responsable de Traffic, La Gran Estafa y Magic Mike (por citar solo algunos de los ejemplos más exitosos de su admirable filmografía) está de vuelta con un filme en que vuelve a experimentar filmando la película enteramente con un iPhone.

Ni es la primera vez que se hace, ni siquiera la primera vez que el mismo Soderbergh lo hace – Unsane (2018) fue filmada con un iPhone 7 Plus –, pero no deja de ser un logro impresionante. Aunque nunca va a pasar convincentemente por celuloide o siquiera una cámara digital de las que la mayoría de Hollywood echa mano en la actualidad, la cinematografía vía smartphone, al menos como la emplea Soderbergh, no le resta belleza o esplendor a las imágenes, e incluso imprime a ciertos momentos un dinamismo único gracias a la libertad de movimiento.

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Lo que viene bien porque High Flying Bird, estrenada el pasado viernes en Netflix, no es una película con demasiada acción física, a pesar de girar completamente en torno al básquetbol, uno de los deportes más dinámicos y fluidos que existen.

Este no es un filme sobre lo que ocurre en la cancha, sino sobre “el juego sobre el juego”, los negocios y las intrigas que ocurren cuando la pelota no está rebotando.

Al comenzar el filme, la NBA se encuentra en paro debido a una disputa entre los dueños de los equipos y los sindicatos de jugadores. Ray (André Holland) es el agente de un prometedor pero insensato novato (Melvin Gregg). Un idealista frustrado por el paro y el impacto de este en los jugadores. Ray decide usar métodos agresivos y poco ortodoxos para intentar lograr avances, a riesgo de su propia carrera y la de su atleta protegido.

En cierta medida el filme se siente cortado con la misma tijera que la excelente Moneyball (2011), que hacía un fascinante “detrás de escenas” del mundo del béisbol, pero la forma en que High Flying Bird encara su deporte es muy distinta: si Moneyball partía de un lugar de admiración absoluta por el juego, la película de Soderberg filtra ese amor por el básquetbol (que está ahí y es reforzado una y otra vez) por medio de una indignación por la forma en que la integridad del juego se ve comprometida por intereses ajenos como las ambiciones económicas de dueños, espónsores y las cadenas de televisión.

La película contrasta todas sus escenas de negociaciones y contraofertas económicas con breves segmentos en que jóvenes basquetbolistas le cuentan directamente a la cámara el significado del juego en sus vidas, y con conversaciones filosóficas entre Ray y un veterano entrenador (Bill Duke) sobre la importancia del deporte en la vida de los jóvenes que luego irán a alimentar esa misma maquinaria de publicidad, espectáculo y miles de millones de dólares en el centro del conflicto de la película. Incluso se asegura de incluir algunas referencias directas e indirectas a la esclavitud, por si el mensaje pueda escapársele a alguien.

Si todo eso suena algo seco, la verdad es que no lo es. Son 90 minutos que se mueven a buen ritmo impulsados por un guión (obra de Tarell Alvin McCraney, co-guionista ganador del Óscar por Moonlight) que como un avezado basquetbolista amaga y pivotea entre las maquinaciones de Ray, su ambiciosa exasistente Sam (Zazie Beets) y varios otros personajes que buscan llevar agua a sus respectivos molinos en medio de la crisis.

Casi todo el filme es escenas de gente hablando en salas de reuniones o cafeterías, sin más básquetbol en pantalla que el que se ve en algún que otro televisor en el fondo, pero la película nunca es aburrida. Es la marca de un buen cineasta hacer que escenas de conversaciones se sientan “cinematográficas”, aunque decir en el año 2019 que Steven Soderbergh es un gran cineasta es como decir que el sol va a salir a la mañana y se va a ocultar al anochecer; es algo que ya se sabe.

High Flying Bird es lo nuevo de un grande del cine, y ni siquiera hace falta salir de la casa para verla.

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HIGH FLYING BIRD

Dirigida por Steven Soderbergh

Escrita por Tarell Alvin McCraney

Producida por Joseph Malloch

Edición por Steven Soderbergh

Dirección de fotografía por Steven Soderbergh

Banda sonora compuesta por David Wilder Savage

Elenco: André Holland, Zazie Beets, Melvin Gregg, Sonja Sohn, Bill Duke, Zachary Quinto, Kyle McLachlan, Jeryl Prescott, Caleb McLaughlin

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