Indígenas piden agua para beber

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“Nuestra agua tiene color a café”, expresó Zacarías Caballero, líder de una comunidad indígena del Chaco paraguayo, en una región en la que 8 de cada 10 hogares mencionan el agua y la alimentación como las necesidades de supervivencia más urgentes.

Un arduo camino de 7 kilómetros, que deriva del este de la ruta de Pozo Colorado a Concepción, lleva a la precaria comunidad de “El Espinillo”. En medio del polvo y un intenso calor seco, se erigen cuatro precarias aldeas, habitadas por alrededor de 100 familias.

“El Espinillo” fue una de las comunidades afectadas por las inundaciones de abril de este año, que destruyeron las fuentes de subsistencia de por lo menos 10.000 familias chaqueñas.

La emergencia nacional obligó al Gobierno paraguayo a pedir ayuda al Programa Mundial de Alimentos (PMA) de las Naciones Unidas. Esta organización se encargó de entregar alimentos a estas familias, desde agosto de este año.

La asistencia trajo a la luz las múltiples necesidades de los grupos indígenas que viven en precarias condiciones sobre un terreno árido que se resiste a dar frutos. “Necesitamos agua para beber”, dijo Zacarías Caballero, líder de una de las cuatro aldeas de la familia lingüística Enlhet enenlhet.

Según encuestas de la ONU, más de 70 por ciento de las familias del Chaco, mayoritariamente indígenas, vive en situación de pobreza crónica. Ocho de cada 10 hogares en la región mencionan el agua y la alimentación como las necesidades más urgentes para su supervivencia.

Según este documento, el 71 por ciento de los hogares vive en condiciones de inseguridad alimentaria severa y no puede acceder a una canasta básica de alimentos que le permita cubrir sus necesidades.

El 55 por ciento de los hogares encuestados tiene un consumo de alimentos limitado y pobre, con baja ingesta de proteínas, vitaminas y minerales. Ocho de cada 10 hogares consumen menos de cuatro grupos de alimentos, lo cual refleja una dieta poco diversificada.

Tres de cada 10 hogares mencionaron no tener reservas alimentarias. La mitad de aquellos que afirmaron tenerlas mencionó que abastecerían solamente para una semana.

Estos datos reflejan la grave inseguridad alimentaria con la que se enfrentan las comunidades, que década tras década fueron perdiendo sus tradiciones y medios de subsistencia, desplazadas a zonas áridas donde el cultivo requiere de tecnología y prácticas que no manejan.

El PMA entregó cinco rondas de 300 toneladas de alimentos a las 10.000 familias afectadas por las inundaciones, sin embargo, los indígenas están conscientes que necesitan más que eso. 

“Necesitamos educación”, agregó Caballero, consciente de que las familias de su aldea tendrían una mejor oportunidad para llegar a una mejor calidad de vida si tuvieran los conocimientos necesarios. Las cuatro aldeas tienen escuelas - si pueden llamarse escuelas. Un promedio de 60 niños son atendidos en un aula por un maestro. 

Otro problema no menor es la falta de puestos de salud, “no tenemos un sólo puesto de salud”, sostuvo el líder. Si una persona necesita ayuda médica urgente, necesitan trasladarse a pie por dos horas hasta llegar a la ruta. 

Con el aumento de la agricultura mecanizada, la deforestación y el deterioro ambiental, los indígenas no solamente perdieron su cultura y forma de vida, sino también su capacidad de sustento. Como son escasos bosques donde cazar o recolectar frutos, estas familias ofrecen su mano de obra a otras estancias o se dedican a la agricultura familiar donde muchas veces son sometidas a la discriminación y la explotación laboral.

La falta de agua potable, educación y salud afecta a una gran parte de la población indígena del Paraguay que representan apenas el 1.7 por ciento de la población. Mientras que los niveles de pobreza son alrededor del 45 por ciento en la población paraguaya, en la población indígena, la pobreza llega al 77 por ciento.

Según una encuesta del 2008 de Unicef, el 23 por ciento de niños paraguayos se encuentra en pobreza extrema. Sin embargo, en poblaciones indígenas este número se triplica, llegando al 63 por ciento de niños indígenas que viven en extrema pobreza.

Esta es la situación en la que se encuentran las personas que portan los últimos vestigios de la cultura originaria en nuestra región. La gran diversidad de tradiciones y culturas se van apagando, junto con el pueblo que en Paraguay, puede catalogarse como un pueblo olvidado.