La forma más simple de determinar si un planeta es o no capaz de sustentar vida es identificar si contiene o no agua. Y es que el vial líquido es un ingrediente imprescindible para la vida, al menos tal y como la conocemos en la Tierra, el caldo de cultivo que dio lugar a los primeros organismos unicelulares que evolucionaron hasta convertirse en las complejas formas de vida que actualmente pueblan nuestro mundo.
Planetas vecinos como Mercurio o Venus están demasiado cerca del Sol o tienen ambientes demasiado hostiles para que en ellos se desarrolle la vida, mientras que Marte, el planeta con el ambiente más parecido al de la Tierra hasta ahora descubierto, no pasa de ser un desierto con claras señales de que en algún momento de su pasado tuvo agua, pero sin rastros actuales del vital líquido. Más allá del cinturón de asteroides, sólo hay gigantes gaseosos en los cuales la vida sería imposible…
Sin embargo, la historia cambia si miramos a las lunas de algunos de estos planetas. Según se sospecha, uno de estos satélites naturales podría albergar agua no sólo en forma sólida, sino que también en forma líquida.
Europa es la cuarta luna más grande de Júpiter. Fue descubierta en 1610 por el astrónomo Galileo Galilei, junto con las otras llamadas “lunas galileas” del planeta –Ío, Ganímedes y Calisto-. El nombre viene de la mitología griega, en la cual Europa era una mujer que fue cortejada por Zeus, el equivalente griego del dios romano Júpiter.
Por mucho tiempo se pensó que era el segundo satélite más cercano a Júpiter –luego de Ío–, pero posteriormente el descubrimiento de numerosos satélites más pequeños la relegaría a la sexta posición.
Con un tamaño muy ligeramente inferior al de nuestra Luna, Europa hace una órbita entera alrededor de Júpiter en sólo tres días y medio de tiempo terrestre, y no gira sobre su propio eje, sino que está “anclada” a su planeta, con uno de sus hemisferios perpetuamente mirando hacia el gigante gaseoso, aunque se especula que esta posición no sería totalmente fija, y que variaría un poco cada tanto.
La luna está cubierta de hielo, una capa que se cree tiene una densidad de alrededor de 30 kilómetros cuadrados. Las teorías hablan de que factores suficientes para mantener una capa de agua líquida debajo del hielo de la superficie del cuerpo, como movimientos geológicos causados por la interacción de la luna con los otros satélites galileos y con la atracción gravitacional del propio Júpiter, que generan calor en el interior del planeta; estos movimientos, consideran los científicos, son la explicación de la apariencia estriada de la superficie.
Otro factor a favor de la teoría de que existe agua líquida en Europa es la aparente presencia de un campo magnético inducido por Júpiter, según detectó la sonda “Galileo” de la NASA estadounidense en 1996. La presencia de un campo magnético hace pensar en la existencia de un elemento conductor como el agua bajo la superficie, ya que el efecto sería muy improbable en un cuerpo con agua exclusivamente en estado sólido.
Si es que el aún hipotético océano bajo el hielo de Europa existe, existe una gran posibilidad de que esa luna de Júpiter sea uno de los únicos cuerpos del Sistema Solar genuinamente aptos para generar y sostener vida, al menos del tipo microscópico, como se observa en ambientes de frío extremo en la Tierra como el lago Vostok, o en zonas submarinas de gran profundidad.
Hasta ahora, ningún objeto hecho por el hombre se ha posado en Europa, y la mayor parte del conocimiento científico que se tiene del satélite viene de los vuelos cercanos de sondas como las Pioneer 10 y 11, las dos Voyager, la Cassini, la Galileo y la New Horizons. Sin embargo, entidades como la NASA o la Agencia Espacial Europea ya se han puesto a analizar la posibilidad de enviar exploradores robóticos que puedan aclarar algunos de los misterios que rodean a Europa y dar una mejor idea a los científicos de qué es lo que se oculta bajo el hielo, si es que en realidad hay algo más que hielo y rocas.
Por supuesto, de comprobarse la existencia de agua líquida en Europa, la luna de Júpiter se podría convertir en un objetivo principal para la exploración y, en un futuro quizá algo más lejano, inclusive la colonización.
El agua no sólo podría proveer una fuente ilimitada de líquido potable –una vez desalinizada, ya que lo más probable es que el agua en Europa sea salada–, sino también podría ser una fuente de aire respirable, lo que se puede lograr descomponiendo molecularmente el agua para obtener oxígeno.
Hay, por supuesto, numerosos obstáculos que una eventual expedición humana a Europa debería superar. Quizá el principal sea el de la radiación. La superficie de Europa recibe de Júpiter enormes dosis de radiación, que se situarían alrededor de los 540 rem por día. Como referencia, la dosis fatal para los seres humanos es de 500 rem.
Además, se halla el problema de la temperatura, que en la superficie de la luna suele estar alrededor de los 170°C bajo cero, aunque ambos problemas podrían tener su solución estableciendo las hipotéticas bases bajo la superficie, bajo el resguardo de la capa de hielo del satélite.
Por supuesto, también habría problemas más "pasivos" pero igual de riesgosos como el hecho de que el planeta tiene una fuerza de gravedad mucho menor a la que están acostumbrados los humanos, lo que podría suponer un riesgo para la salud en casos de exposición prolongada; un similar problema enfrentan los cosmonautas residentes en la Estación Espacial Internacional, un ambiente de gravedad cero en el que sus habitantes deben someterse a rigurosos y agresivos regímenes de ejercicios prolongados para combatir la atrofia muscular.
