Lo que se vive en una final de Copa

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La vivencia de un hincha en la final de la Copa Libertadores de América, en el extranjero, tiene sus anécdotas, momentos lindos y también difíciles. En Belo Horizonte (Brasil) pasaron cosas simpáticas, así como desagradables.

Nos tocó estar en la final del 24 de julio de 2013, entre el local Mineiro (Brasil) y Olimpia, con el resultado posterior a favor de los brasileños.

Muy pocas veces los hinchas paraguayos tienen la oportunidad de participar en la final de fútbol de un torneo internacional. En los últimos 10 años, la selección paraguaya jugó la definición de la Copa América en Buenos Aires, Argentina (2011) y Olimpia (Recopa 2003 en Miami, EE.UU.) así como en Belo Horizonte, marcaron finales con protagonistas paraguayos.

Una gran cantidad de hinchas olimpistas viajó al lejano Belo Horizonte, del estado de Minas Gerais, en un viaje por tierra que implicó casi 40 horas. Por aire, el vuelo solo demandó cuatro horas.

Al llegar a Belo Horizonte, percibimos la pasión futbolera que viven sus habitantes. Los hinchas del Mineiro con sus remeras y banderas, palpitando por la primera Copa Libertadores de su historia y del otro lado los simpatizantes del clásico rival de la ciudad, los azules del Cruzeiro.

Los paraguayos olimpistas demostraron su entusiasmo a la llegada, pese a las noticias de que los hinchas del Mineiro iban a hostigarlos, en represalias a incidentes ocurridos en Paraguay.

Pese al cansador viaje, los olimpistas coparon inicialmente las principales calles del centro de Belo Horizonte, pero por la noche muchos de los grupos de paraguayos regresaron a sus hoteles, debido a agresivos hinchas de Mineiro, quienes proferían las primeras amenazas hacia los visitantes.

Los sitios de concentración de los hinchas paraguayos fueron sus propios hoteles. Cánticos de aliento, con remeras franjeadas y la presencia de cerveza (Skol en su mayoría), brindaban un agradable ambiente.

Pasadas las 22:00 del 23 de julio, noche previa a la gran final, esos grupos de paraguayos se verían amedrentados por fanáticos de Mineiro. Primero ocurrirían amenazas de muerte y luego ataques a los propios hoteles.

Fuimos testigos de como en el hotel Financial, ubicado en el centro de Belo Horizonte, hinchas del Olimpia fueron brutalmente agredidos por simpatizantes del Mineiro.

Llegaron en un vehículo y en moto, se separaron y luego rodearon a hinchas del Olimpia, quienes corrieron a la recepción del hotel a protegerse, siendo igual perseguidos por los furiosos aficionados brasileños.

Dos turistas africanos salieron en defensa de los paraguayos e hicieron correr a los hinchas. Dos simpatizantes del Olimpia sangrando, fue la consecuencia del inesperado ataque. La Policía Militar revisó el auto de los agresores, quienes escaparon a pie, encontrando marihuana y 100 entradas para la final.

En esa noche, todos los hoteles donde estaban alojados paraguayos fueron atacados por hinchas del Mineiro, incluso a balazos.

El día de la gran final por fin llegó; los hinchas paraguayos aprovecharon el radiante sol para recorrer la hermosa ciudad, aunque sorteando los petardos que a cada rato les arrojaban los hinchas del Mineiro.

Por la tarde se concentraron en una plaza, desde donde partieron rumbo al estadio “Minas Arena”, más conocido como “Minerao”, para presenciar la gran final.

La llegada al predio del estadio fue sin inconveniente alguno, pero la entrada al Minerao tardó horas, debido a que hinchas del Mineiro se colocaron cerca de un sector por donde debían pasar los visitantes. Tras un arduo trabajo, la Policía Militar despejó la zona.

Los aproximadamente 3.000 hinchas franjeados estaban por fin en el “Minerao”, que se presentaba imponente tanto para los visitantes como locales. Con una capacidad para aproximadamente 60 mil personas, el recinto mostraba la mejor de las caras, similar a la de un estadio europeo.

Dos pantallas ubicadas en el estadio, destacaban la grandeza del recinto, mencionando que allí actuaron Paul McCartney y Elton John, a más de que se disputó un cotejo de la Copa Confederaciones de Fútbol.

A dos horas del inicio del partido había muy poca gente, salvo los olimpistas. Pero casi a la hora marcada del encuentro, el estadio se encontraba repleto de hinchas del Mineiro.

Un ensordecedor aliento, que retumbaba gracias a un techo que cubría las gradas, sumada a la explosión de petardos, brindaba un gran aliento al conjunto local.

Aproximadamente 50 mil torcedores (hinchas), no paraban de cantar durante todo el partido, en especial en los momentos posteriores a los goles. El momento de éxtasis llegó en el instante en que Olimpia desperdició el cuarto penal de la tanda, lo cual convertía a Mineiro en el nuevo monarca de América.

La torcida invadió el campo de juego, aprovechando que no tiene vallas. La Policía local se preocupó más en impedir que hagan lo mismo los paraguayos. Ronaldinho Gaucho iba de a aquí a allá, festejando el título; los jugadores olimpistas eran objetos de burla de parte de los brasileños.

Los olimpistas aplaudieron a su equipo, bajo el griterío y la burla de los torcedores. Los jugadores retribuyeron con saludos el gesto de los aficionados decanos.

Varios hinchas paraguayos llegaron a Belo Horizonte, pero sin las entradas para visitantes. El fanatismo los llevó a tomar una decisión arriesgada, de adquirir ticktes correspondientes a hinchas locales.

Uno de ellos, con el apodo “Tigre”, nos contó su simpática experiencia. Compró la entrada para el sector local y también adquirió una casaca del Mineiro, con el fin de mimetizarse entre los hinchas locales.

Tigre ingresó al imponente estadio “Mineirao”, donde se ubicó hacia el sector norte, muy lejos de los paraguayos. Se mantuvo en el absoluto silencio, aún cuando un hincha le hablaba insistentemente en un portugués cerrado.

En los goles del Mineiro no tuvo más opción que alzar los brazos como festejando el tanto, aún cuando en su interior le dolía que su querido decano estaba perdiendo la oportunidad de llegar a la cuarta copa.

Al finalizar los penales salió del estadio y llegó al sector de los buses paraguayos resguardados por policías, a quienes mostró su cédula de identidad.

Los olimpistas estuvieron hasta cerca de las 3:00 cerca del Minerao, fuertemente custodiados por la Policía. En toda la ciudad, con los ya clásicos petardos y bocinazos, los hinchas del Mineiro festejaban el título.

Por fin la Policía autorizó la retirada de los buses paraguayos, fuertemente custodiados por patrulleras. Por el camino algunos hinchas bocinaban y mostraban sus banderas. La estadía de los paraguayos iba terminando en Belo Horizonte; una experiencia en una final, que muchos la recordarán de buena forma y otras de mala.