“Timoteo, el loro que se volvió santo”, el primer largometraje de Osvaldo Ortiz Faiman, retrata en la gran pantalla a una Asunción en peligro de extinción. Esta comedia nos trae una historia protagonizada por Porota (Amada Gómez), Nena (Katty Pacuá) y Chiquita (Olga Vallejos).
Las tres son vecinas que ya están en la tercera edad y, más allá de la amistad que las une, desarrollaron una red de contención para cuidarse mutuamente. Tal es así que, buscando preservar la salud de Chiquita, Porota y Nena desatan una serie de enredos.
Timoteo, el querido loro de Chiquita, es el protagonista de un inesperado “milagro”. La historia del ave comienza a hacerse viral y a llamar la atención del público, mientras es aprovechada por un supuesto pastor, pero también desata una curiosidad inusitada más allá de las fronteras de nuestro país.
Toda esta historia se desarrolla en medio de una disputa entre Porota y Justina (Diana Frutos), la dueña del minimarket del barrio, por tomar la presidencia de la comisión vecinal de la parroquia encabezada por el padre Amancio (Wilfrido Acosta).

Aunque la comedia parezca cosa sencilla, hacer reír no es algo fácil. “Timoteo, el loro que se volvió santo” cuenta con un guion sólido y varios chistes muy efectivos, que permiten identificarnos con algunas de las situaciones absurdas a las que se enfrentan los personajes.
Amada Gómez interpreta a una fabulosa Porota, que va desde la locura absoluta para ocultar su “crimen”, al coqueteo con el vendedor de huevos o a la angustia de no poder ver frecuentemente a su hija y nietos.
Katty Pacuá, con su temerosa Nena, sirve de contrapunto perfecto al carácter de Porota. En tanto, Olga Vallejos nos ofrece a una Chiquita nostálgica pero que no teme plantarse para defender el “milagro” de Timoteo.

Un destaque especial también merecen las interpretaciones de Wilfrido Acosta, Néstor Caballero, Diana Frutos, Miguel “Paletita” Romero y Hernán Melgarejo, con papeles que logran sacar más de una risa al público.
Con su carácter costumbrista y el jopará, Ortiz Faiman toma un poco de la fórmula y el tono de la comedia de la dupla Maneglia-Schémbori; pero también logra proponer algo propio e invitar al público no solamente a reír, sino también a reflexionar.
La música juega un papel muy importante en esta producción, que está acompañada por un muy buen trabajo en lo que respecta a la fotografía, el sonido, el arte y el vestuario.

“Timoteo, el loro que se volvió santo” es un largometraje que, desde el humor, nos interpela como habitantes de una ciudad que se ha transformado bastante en las últimas décadas.
Nos lleva a reflexionar sobre esas costumbres que, en el trajín del día a día, comenzamos perder en los barrios. Quizás somos nosotros los que hoy, a causa del miedo por los hechos de inseguridad, terminamos convirtiendo nuestras casas en verdaderas jaulas que ya no nos permiten conectar con el vecindario.