Volá: un atrapante viaje a lo profundo de las emociones

El pasado viernes el Teatro “Agustín Barrios” del Centro Paraguayo Japonés albergó el espectáculo “Volá”. Definir lo que fue sería encasillar o reducir la propuesta, ya que que tenía al tango como columna vertebral pero iba más allá de solo la danza. Sus artífices: los argentinos Hugo Mastrolorenzo y Agustina Vignau vinieron a dar cátedra de emoción y conceptos a un público que llenó el lugar para verlos.

Agustina Vignaud y Hugo Mastrolorenzo a pleno en "Volá", un intenso viaje emocional.
Agustina Vignaud y Hugo Mastrolorenzo a pleno en "Volá", un intenso viaje emocional.SILVIO ROJAS

El tango tiene demasiados condimentos y aristas ya sea como danza, como música y como propuesta emocional. Su irrupción en la historia supuso un rompimiento de estructuras estilísticas y musicales como también de ideales sociales. Sus exponentes nos hablaron de temas que nos atraviesan en común: amor y desamor, la vida y la muerte, la compañía y la soledad, la sociedad y la política.

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Desde siempre se lo ha bailado en la calle, en milongas o shows donde bailarines de tango muestran su espectacularidad, sus piruetas y su brillo. De eso se disfruta también, sin dudas. Pero lo que presentaron Mastrolorenzo y Vignau con “Volá” fue algo interpelante.

Ellos llevan los límites del tango al máximo, escarban muy profundamente en sus rincones más oscuros y resaltan esa poética haciéndola protagonista explícita en su espectáculo. Un espectáculo que conjuga una danza que se mueve desde las entrañas y un material audiovisual a modo de película que nos narra quiénes son estos personajes que encarnan sobre el escenario.

Un verdadero show inmersivo

Una pantalla gigante que cubría todo el fondo del escenario nos mostró esta historia donde un viejo demacrado lloraba a un amor perdido, pero al comienzo no sabemos por qué. Solo sabemos que está solo y triste, recordando días mejores. Desde aquí, lo increíble es que todo el guion está compuesto por líneas de letras de tango, lo que refuerza aún más el mensaje de que el tango está en todas partes y canta cosas tristes y felices. Negro y blanco, sin grises.

Así, antes de cada danza nos guiaba la parte audiovisual donde los protagonistas iban entre viajando en el tiempo como también iba deformándose su entorno. Esta película era como un viaje onírico y tenebroso, donde podíamos presenciar algo cercano a un thriller de terror psicológico.

En ese mismo tenor cada danza se valía de un elemento u objeto que veíamos en pantalla. Al comienzo había un vestido de novia en un maniquí, con rosas en ciertas partes. Esto se trasladó a la pareja que bailó con cuerpo y alma “A Evaristo Carriego” en el cuadro “Dedales y rosas”, porque en esta historia el tejido tenía un hilo conductor, nada estaba librado al azar.

Una cuerda fue la elegida en la escena “Amarrados” al son de “Fuimos”, mientras que en “Minúscula ventana” solo Agustina nos encandiló con su conmovedora presencia escénica bailando “Partida” desde un lenguaje contemporáneo con un marco de ventana como aliado.

“Piantao” nos llevó de recorrido por esas tardecitas de Buenos Aires al son de la “Balada para un loco”, entre la melancolía y la picardía, con ese simbolismo a la libertad plasmado en un globo que sale volando de una jaula. Jaula que bailó con ellos desde o entre sus pies, en una conjunción de danza con elementos trabajada de forma muy inteligente. Cabe mencionar que de fondo sonaban extractos de programas emitidos por la radio argentina La Colifata, la primera en el mundo conducida por pacientes de un psiquiátrico.

“Sombras que se alargan” es como llamaron a la pieza en la que ambos bailaron “Nieblas del riachuelo”, donde entrelazaron la danza contemporánea con el tango. “Pasional o cómo detener el tiempo” encausó la sensualidad de ambos quienes saltaron del bolero “El reloj” a “Pasional”, en un cuadro donde el tiempo estaba demás para estos dos amantes.

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Sin aliento dejaron con el gran final, un cierre que condensó todos los sentimientos y toda la sensbilidad de esta pareja al ritmo de “Recién”, en el cuadro “Corriéndole un telón al corazón”. Un tango visceral fue lo que ofrecieron aquí, coronando una propuesta que desbordó de virtuosismo, técnica, ideas y de inteligencia, subrayando la intención de que el tango tiene múltiples mensajes e historias que se pueden seguir recorriendo. Ellos se valieron de un loco que lloraba a un amor al que perdió por trágicas circunstancias.

No está demás destacar que Agustina y Hugo son los campeones mundiales de tango escenario en su edición 2016. Eso suma honor a la emoción de haberlos tenido aquí, pero es una alegría ver que dos artistas de la danza no se queden en el mero movimiento y en el tratar al público como un simple espectador. Ellos invitaron a la gente a convivir en ese espacio en que se desarrolló el show y en sentir todo lo que ellos también sentían.

Este show se realizó aquí gracias a la producción de Vicky Arditi y Pili Rojas, y ojalá sigan apostando a montar o traer shows con cabeza y corazón, que además de emocionarnos nos hagan pensar.

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