Entre el humor y las heridas, la comedia familiar “Navidad sin ti” abre la temporada teatral 2026

El elenco de la obra "Navidad sin ti".
El elenco de la obra "Navidad sin ti".MARIA VICTORIA

La obra “Navidad sin ti” llegará al escenario del Arlequín Teatro (Antequera 1061) como una comedia que se anima a incomodar pero desde la ternura. Dirigida por Claudia Espínola y escrita junto a Guillermo Ortiz a partir de una idea de Patrick Altamirano, la obra propone una Nochebuena donde las risas, los silencios y las verdades familiares chocan, en una historia sobre vínculos, traumas y segundas oportunidades.

La temporada teatral 2026 se inaugura este viernes 16 de enero con una familia sentada alrededor de una mesa de Nochebuena, en el escenario del Arlequín Teatro.

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“Navidad sin ti” tendrá funciones los viernes y sábados a las 21:00 y los domingos a las 20:00. Las entradas tienen un costo de G. 100.000 anticipadas, hasta una hora antes de la función, y G. 120.000 en boletería, y pueden adquirirse contactando al (0991) 779-163.

Pero más que una comedia de enredos, la obra se propone como un espejo incómodo y afectuoso de eso que llamamos familia: un espacio donde el amor convive con silencios, traumas y verdades.

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La directora, Claudia Espínola habla de esta obra como de algo que va mucho más allá de un estreno. Para ella, cada proyecto es una forma de activar el deseo y el trabajo colectivo. “Lo primero que siempre me atrae es la oportunidad de hacer teatro y generar trabajo para mis colegas, actores y actrices”, dice, y en ese impulso aparece también una manera de pensar la creación: el teatro como laboratorio, como lugar donde poner a prueba las ideas antes de que se conviertan en otra cosa.

“Todo lo que hacemos con Patrick representa un mundo de posibilidades. El teatro funciona como un ‘producto mínimo viable’ (que de mínimo no tiene nada), para saber si una idea se sostiene. Queremos ver si se puede llevar a un libreto y luego a un guion, primero en las tablas y después a la pantalla grande”.

En ese proceso de ensayo y riesgo, “Navidad sin ti” se fue revelando como una historia con una identidad muy clara. “La historia es buenísima; tiene nuestra firma en cuanto a la comedia y los mensajes importantes”, afirma. Y agrega algo que atraviesa todo el proyecto: “Hay gente que prefiere no hablar sobre ciertas cosas, pero el storytelling da un escenario para abordar temas que no muchos quieren escuchar”.

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En esa familia que se reúne para celebrar la Nochebuena, Espínola reconoce algo propio y colectivo a la vez. “Siento que la historia tiene mucho corazón y que esa familia, si bien no es exactamente la mía, representa en muchos aspectos a la familia paraguaya. Desde el libreto hicimos lo posible para que los conflictos generales que suelen saltar en estas fechas estén presentes en los personajes”.

No es casual que todo ocurra el 24 de diciembre. Para la directora, las fiestas concentran una presión emocional enorme, casi insoportable. “La Nochebuena y el Año Nuevo ponen demasiada presión sobre las personas, pero es una presión incorrecta porque viene de las apariencias”, explica.

“Queremos que la familia se vea bien, que parezca perfecta, aunque debajo de la mesa haya verdades atragantadas. Es el único día en que nos vemos todos, entonces elegimos esconder las cosas bajo la alfombra. Pero hay verdades que gritan por atención y la gente elige ocultarlas”. Esa violencia silenciosa, dice, puede ser devastadora, y por eso decidió abordarla desde el humor. “Esa decisión de ‘fingir demencia’ ante situaciones graves puede ser dramática, pero nosotros decidimos llevar esa misma premisa a la comedia. ¿Qué cosas están explotando en esta Nochebuena que necesitan ser habladas?”.

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El humor como vehículo para la reflexión

Para Espínola, la risa no es una forma de escapar, sino una manera de señalar. Ya lo había hecho en una obra sobre Año Nuevo, donde aparecían mentiras y secretos como núcleo del conflicto. “Son fechas donde la gente quiere fingir, pero hay cosas que hay que hablar para poder tener una Navidad realmente blanca y transparente”, dice, casi como una declaración de principios.

En el centro de la obra está una pareja que vuelve a intentarlo después del divorcio, convencida de que todavía hay una oportunidad, aunque sus hijos sepan que ese amor ya fracasó. “Me pareció un desafío espectacular”, cuenta, sobre todo por lo que eso produce en los hijos, que son, como ella dice, “el resultado directo de esos problemas: los famosos traumas”.

La escritura fue, para Espínola, un ejercicio de empatía radical. “Lo que más me gusta es ponerme en los zapatos de cada personaje y buscar ese objetivo o misión que los hace humanos en sus decisiones”.

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Así fueron apareciendo figuras cargadas de heridas reconocibles: “Un hijo que se gastó la vida en terapia y termina ocupando el lugar afectivo del padre para la madre; una hija con daddy issues; otra que es rebelde; y un niño que es el resultado del último intento fallido de la pareja por estar junta”. Darle voz a todos ellos (y también a esos padres que defienden su derecho a quererse a su manera) fue parte de un proceso personal. “A través de la escritura curo muchas cosas; ahí entra mucho de la terapia que uno ha tenido en la vida. Al exponer esto ante el público, la identificación con los personajes permite que el espectador vea reflejadas sus propias vivencias y cómo lidiar con ellas”.

Esa búsqueda de comprensión atraviesa también su mirada sobre el presente. Espínola cree que hoy estamos un poco más dispuestos a escuchar que en otros momentos, pero que todavía falta empatía. “Falta visualización y representación. Faltan obras que, desde la empatía y el cariño familiar, permitan entender otras ópticas y salir del ‘termo’ en el que a veces vivimos”, afirma.

Para ella, no se trata de imponer una verdad, sino de aprender a mirar al otro: “Mis necesidades no están por encima de las del otro. Hoy tenemos una sociedad un poco más dispuesta a escuchar y eso es buenísimo”. Y vuelve al punto que sostiene toda la obra: “Yo creo que finalmente todo se rige por el amor, y aunque suene cursi o cliché, al mundo siempre le va a hacer bien un poco más de amor”.

Una mezcla de magia a partir del elenco

Esa idea de convivencia de diferencias también estuvo presente en el armado del elenco, que reúne a Lourdes García Stark, Héctor Silva y Pablo Ardissone con intérpretes ligados a la televisión, las series y las redes como Joaquín Díaz Sacco, Dani Vuyk, Tainá Lipinski, Jennyfer Santos y Rafa Hashimoto.

El casting fue durísimo porque buscábamos no solo talento actoral, sino timing de comedia”, cuenta. La mezcla, sin embargo, resultó fértil. “Fue una coincidencia linda tener a Tainá y a Danny, a Lourdes y a Jenny, a quien siempre quise dar más visibilidad”. Y trabajar con figuras que marcaron su formación tuvo algo de vértigo y de celebración: “Trabajar con maestros como Pablo y Héctor es un honor y una presión linda; son mis profesores, así que no puedo dormirme en los laureles, tengo que dar mi 150%”.

Claudia define al equipo como un “Dream Team”: artistas multifacéticos, con llegada a distintos públicos, capaces de encarnar personajes complejos sin perder el pulso de la comedia. En esa combinación de oficio, riesgo y popularidad, la obra encuentra también una de sus fuerzas.

Al final, lo que Espínola espera que el público se lleve no es solo una carcajada. “Lo que busco con el humor es una reflexión sobre uno mismo y sobre lo que nos hace felices”, dice. Y vuelve a una pregunta que atraviesa la obra de principio a fin: “¿Por qué nos cuesta tanto dejar vivir al otro?”. En el ámbito familiar, su respuesta es directa y casi urgente: “Hablemos de las cosas que están a la vista, dejemos de esconder lo que no debería dar vergüenza. Si nos queremos, todo es solucionable. Es hora de enfrentar los problemas desde el amor; así siempre se llega a un buen lugar”.