Con los pies en el cielo

El proyecto Terraza rapé realizó exitosamente su primera edición, buscando potenciar aspectos culturales y creando espacios para el deleite alternativo de las manifestaciones artísticas.

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Sumergidos en la atmósfera fría que pocas veces al año nos brinda el clima tropical de nuestro país, con gran expectativa se desarrolló la primera edición del proyecto “Terraza rapé”, el pasado 4 de julio.

La cita para recibir indicaciones y coordenadas, de una iniciativa creada en Sevilla (España), hace tres años, promovida por un colectivo cultural llamado “La Matraka”, inició puntualmente a las 14:00, en la Plaza Uruguaya, donde todos quienes realizaron sus reservas, esperaban con algo de curiosidad, detalles del vanguardista evento.

Dada la logística aplicada, iniciar a tiempo, resultaba fundamental para el deleite de todos.

Luego de una concisa explicación, tres grupos de 25 personas, partimos rumbo a distintas terrazas muy cercanas entre sí, minutos después de las 15:00.

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Junto con los miembros del grupo que se me había asignado, llegamos a la terraza del hotel Chaco, donde nos esperaba una performance de danza, realizada por los artistas Paola Ferraro y Alejandro Villamayor.

Esta consistía en una creación bastante contemporánea, donde los elementos utilizados y la pista musical, que a intervalos, quedaba en silencio, permitiendo escuchar con fuerza el murmullo de la tarde en Asunción y concentrándose de lleno en la interpretación de ambos bailarines, fue el tenor innovador.

Retratos de ambos intérpretes, en diversas etapas, componían un cuadro de elevada creación artística, enmarcada en la vista caleidoscópica, de una ciudad regalando sus poco valorados encantos.

Terminada la performance, nos dirigimos a la siguiente terraza. Hacían lo mismo los demás grupos.

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Luego de caminar unas cuadras y subir las escaleras o esperar el ascensor, llegamos a nuestra segunda parada, donde el frío se hacía sentir con mayor intensidad, por lo cual, apropiados fueron una taza de cocido y una porción de mbejú, antes de la función.

En esa terraza, la del edificio Buena Vista, disfrutamos un crew de break dance, realizado por los grupos “Fusionarte”, de San Lorenzo y “The one”, de Capiatá, que recibieron constantes aplausos y ovaciones del público por las destrezas físicas, propias de este género musical.

Cuando empezaba la puesta del sol, partimos hacia nuestra tercera y última parada, no sin antes toparnos con los integrantes de los otros grupos en las calles e intercambiar opiniones sobre lo que habíamos visto, dejando una correspondiente expectativa sobre lo que verían en breve.

Poco después de las 17:30, llegamos a la tercera terraza del grupo que se nos asignó, donde los artistas del elenco “Karakú teatro”, nos brindarían su última función de la tarde.

La azotea del edificio Monumental, con sus 18 pisos, sirvió de escenario y los matices naranjas y grises de una ciudad despidiéndose, dibujando uno de los atardeceres más singulares con la bahía y las primeras luces apareciendo, fueron la escenografía adecuada para nuestro disfrute.

Una obra del dramaturgo Strindberg, maestro de lo absurdo, llamada “La más fuerte”, interpretada por las diversas actrices del elenco, quienes conversaban consigo mismas dibujando varias emociones en la escenificación, fue acompañada por una interesante selección de piezas de jazz.

Finalizado el recorrido, los tres grupos nos encontramos nuevamente en la Plaza Uruguaya, para una última fotografía grupal y compartir algunos comentarios acerca de la experiencia.

Florencia Aguirre, integrante de la organización, concluyó: “Fue muy satisfactorio. La gente se prendió con la iniciativa, realizando todo el circuito, apoyando a los artistas y compartiendo espacios culturales que deben promoverse más”, refirió.

Este proyecto tiene pensado realizar varias ediciones más, siempre y cuando el apoyo de la gente, que esta vez se sintió con fuerza, lo permita.

La idea es aprovechar todas las terrazas posibles, incluso aquellas del sector privado, ya que la intención es potenciar estas prácticas, generar espacios para el intercambio cultural, para las distintas expresiones artísticas, construyendo criterio social.

Estaremos atentos a futuras ediciones de “Terraza rapé”, que podríamos traducir como el camino de las terrazas, teniendo en cuenta que siempre, dada una limitación estructural en los edificios, se habilitarán pocos lugares.

Iniciativas como esta, revaloran el significado mismo de la cultura y sus manifestaciones, en una ciudad que debe recuperar el encanto y erguirse como una de las capitales culturales, más diversas de la región.

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