Benedicto XVI admite haber estado enamorado de una mujer

Un periodista alemán presentó su obra magna: una biografía de más de 1.000 páginas sobre el papa emérito Benedicto XVI, el alemán Joseph Ratzinger, un libro que probablemente dé que hablar y no solo porque ha sido investigado exhaustivamente y con gran detalle, sino también porque algunos pasajes están relatados de manera emocionante.

Joseph Ratzinger.
Joseph Ratzinger.

No resulta llamativo que Ratzinger cuente al periodista Peter Seewald su amor por una mujer (“¿Estuvo usted enamorado de una chica?”, le pregunta Seewald. “Tal vez”, respondió el que fuera cardenal. “¿Entonces sí?” repreguntó el biógrafo. “Uno podría interpretarlo de esa manera”, dijo el papa emérito. "¿Cuánto tiempo duró este doloroso tiempo? ¿Unas pocas semanas? ¿Unos pocos meses?, insistió el periodista. “Más tiempo”, añadió el pontífice).

Tampoco debería llamar la atención que en esta biografía titulada "Luz del mundo" se aborde el escándalo de los abusos en la Iglesia católica, en cuyo contexto Ratzinger, en opinión de Seewald, como jefe de la Congregación para la Doctrina de la Fe y especialmente después de su elección como Papa en 2005, se distinguió como alguien que quiso arrojar luz y no como un encubridor, como más bien piensan sus críticos.

Lo que probablemente resulte más llamativo en esta biografía es el capítulo final, en el que Seewald hace una serie de preguntas a Ratzinger. Al responderlas Ratzinger dice que la sociedad moderna está en proceso de "formular un credo anticristiano" y quien se oponga a ello se ve expuesto a la amenaza de la exclusión social.

Para sostener su argumento el pontífice alemán da tres ejemplos: "Hace cien años, se habría considerado absurdo hablar de matrimonio homosexual. Hoy nos excomulgan socialmente cuando nos oponemos a él. Pasa lo mismo con el aborto y la creación de seres humanos en el laboratorio". Es "algo natural" tener "miedo del poder espiritual del Anticristo", señala.

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Aunque la postura (oficial) de la Iglesia católica hacia la homosexualidad es suficientemente conocida, llama la atención lo manifiesto del enunciado y la conexión entre la homosexualidad y el Anticristo.

Otra segunda afirmación destacable del emérito: "Simplemente se quiere acallar mi voz". Benedicto se ve a sí mismo como víctima de una "distorsión maliciosa de la realidad", habla de intentos de agitación. "El espectáculo de reacciones que vino después por parte de teólogos alemanes es tan disparatado y malicioso que es preferible no hablar de ello. No quiero analizar las verdaderas razones por las que simplemente se quiere callar mi voz", explica sobre las reacciones a su contribución en una revista teológica en 2018.

Los críticos acusan a Benedicto de actuar como una especie de "papa en la sombra" desde su renuncia en 2013, como un antipapa conservador. Esta crítica se hizo particularmente fuerte cuando el año pasado un artículo suyo apareció en un libro del cardenal Robert Sarah sobre el celibato. "La afirmación de que intervengo regularmente en los debates públicos es una distorsión maliciosa de la realidad", subraya el religioso de 93 años.

Benedicto, según sus propias declaraciones, tiene una muy buena relación con su sucesor, el argentino Jorge Bergoglio. "Como saben, la amistad personal con el papa Francisco no sólo ha permanecido, sino que ha crecido".

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También el periodista Seewald considera completamente erróneo considerar a Ratzinger como un "papa en la sombra". Al igual que ocurrió con el término "cardenal de hierro", esto se remonta principalmente a su rival, el teólogo de origen suizo Hans Küng, quien, en opinión del autor, hizo todo lo que estuvo a su alcance para desacreditar públicamente a Ratzinger.

"Ningún otro teólogo ha servido más a la prensa burguesa-liberal, hasta antieclesiástica que el suizo", escribe Seewald sobre el profesor emérito de la Universidad alemana de Tubinga. "Era un dar y tomar: Küng hacía declaraciones y recibía una benevolencia que ya rayaba en la veneración a los santos", agrega el biógrafo.

El autor afirma que no es verdad que Ratzinger haya pasado de ser un teólogo progresista a convertirse en uno reaccionario. Seewald opina que el "trauma" de Tubinga, según el cual Ratzinger renunció a ser progresista conmocionado por las revueltas del 68, es un mito. Y esa es una de las tesis centrales del libro.

Seewald retrata a Ratzinger, quien también enseñó teología en Tubinga y Ratisbona y fue arzobispo de Múnich y Frisinga de 1977 a 1982 antes de llegar al Vaticano, como un hombre recto cuyos puntos de vista teológicos duraron décadas y lo defiende como todo lo opuesto a im "cardenal de hierro".

Destaca además los rasgos humanos del pontífice y cómo se ha ido cuestionando a si mismo el que fuera durante décadas el Prefecto de la Fe, que no menciona el haber sido elegido papa en 2005 como lo "más significativo" de su vida, sino el haber sido ordenado sacerdote en la catedral de Frisinga el 29 de junio de 1951.

El autor recurre a pequeñas escenas de la vida del pontífice para que hacer más humano y cercano al teólogo, que siempre dió la impresión de ser poco accesible. Seewald relata, por ejemplo, que en sus inicios como cura Ratzinger estaba practicando el bautismo con una muñeca y que él mismo se sorprendió de que "ni siquiera fuera tan torpe como de costumbre", según las propias palabras del prelado.

Cuando fue capellán en Bogenhausen, un barrio de la ciudad de Múnich, Ratzinger se vistió de San Nicolás para la fiesta del 6 de diciembre, y cuando estuvo en el seminario de Frisinga dando clases provocó una inundación durante un simulacro de incendio en el que él era el jefe del cuerpo de bomberos de la institución.

El periodista añade que Ratzinger sufrió al tener que dejar su trabajo como profesor de dogmática y su casa en Ratisbona, primero por Múnich y luego por Roma, y que nunca quiso ser Papa.

La biografía de Seewald contiene muchos detalles nuevos sobre la vida del "papa alemán". Sin embargo, es cuestionable si cambiará su imagen pública y, a largo plazo, en la historia. Tal vez el autor esté demasiado cerca de su protagonista para que eso ocurra.

“Nunca fue tan progresista como se decía, pero tampoco tan conservador”, afirmó Seewald una entrevista con la agencia dpa en Múnich. Es posible, sin embargo, que el debate sobre este punto se reavive de nuevo con este libro. Seewald señala: “Tal vez la gente sólo aprecie plenamente el significado de su trabajo después de su muerte. En cualquier caso, no volverá a haber nadie como él”.

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