Para ello, desde la madrugada del sábado un total de 42 parejas se ha ido relevando para mantener en marcha el desafío que propone la tercera edición del “Queer Tango Marathon”, un acontecimiento en el que no hay “competencia, sino solidaridad”, explicó a Efe su director, Mariano Garcés.
“El objetivo es que la gente empiece a tener contacto con la diversidad en lo cotidiano a través del baile”, aseguró el director de la maratón, alrededor de la cual se desarrollaron durante esta semana una serie de seminarios de tango con un enfoque de respeto a la diferencia sexual y afectiva.
“Estamos tratando de romper guetos, para que la maratón no sea específicamente gay, sino diversa”, explicó Garcés, para quien, aunque en Argentina está reconocido el matrimonio homosexual desde julio de 2010, queda mucho por recorrer.
“La ley del matrimonio igualitario (homosexual) fue un gran paso y generó mucha aceptación. Pero una ley no cambia el pensamiento”, indicó el director del concurso, para quien la importancia del tango es fundamental por estar “atravesado por cuestiones de género”, ya que en este baile típicamente argentino “uno conduce y otro obedece”.
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Para ofrecer una visión diferente a la tradicional forma de bailar el tango, durante la semana se han ofrecido seminarios con distintos profesores, en los que se habla de términos como “co-conducción”, una forma de entender esta danza argentina en la que los papeles se intercambian entre los miembros de la pareja.
“La 'co-conducción' es como un diálogo, ambos tienen que saber conducir y dejarse llevar” , explicó a Efe Maximiliano Ávila, docente en el Instituto Universitario Nacional del Arte (IUNA) , que ofreció varios talleres.
La propuesta de Ávila es alternar los “roles” de los bailarines tradicionales en el tango, de manera que se aborde “sin condicionamientos de género”.
“Yo hablo de conductor y conductora, conducido o conducida, de roles de baile”, añadió el docente, miembro de un grupo de profesores que no solo han ofrecido clases de tango, sino de otros bailes, como la zamba, el gato, la chacarera, el chotis, el chamamé, o incluso el vals, todos con esta perspectiva.
Aunque la postura del maratón es ir “contra el autoritarismo” que aseguran existe en los papeles de los bailarines de tango, la organización aseguró que no pretenden excluir a aquellos que quieran interpretar el baile en su manera más tradicional.
“Quien quiera bailarlo así está totalmente aceptado y bienvenido, la clave es que esto no puede ser impuesto”, explicó Garcés, que admitió que el acontecimiento está teniendo cada vez más aceptación, especialmente internacional.
En esta edición, parejas de Argentina, Uruguay, Brasil, México, Suiza, Suecia, Alemania, Italia, Holanda y Estados Unidos le sacaron viruta al piso, como suele decirse de aquellos avezados en los clásicos pasos del dos por cuatro.
“En 2010, cuando arrancamos con la propuesta, pasaron por las actividades unas 300 personas, ahora estamos hablando de 800 o 1.000”, entre los seminarios y la maratón, indicó Garcés, que destacó a los alemanes, italianos, españoles, estadounidenses y a los aficionados del norte de Europa como los más interesados.
“Eligen Argentina durante esta semana para vivir esta experiencia que es única para ellos, lo viven como una fiesta”, enfatizó.
“Las personas locales que se acercan vienen más con curiosidades específicas respecto a los talleres” , agregó el profesor del IUNA.
Tras una semana bajo el lema “Ni autoritarismo ni sumisión”, en la que han pasado de las “milongas” tradicionales, a las fiestas con “drag-queens” y las “performances”, las 42 horas de maratón de tango finalizan hoy con la pretensión de que el tango sea “un baile en libertad”, concluyó Garcés.
