El dibujo de un instante eterno: la complicidad entre Kevin Johansen, Liniers y Paraguay

Dos hombres en un escenario oscuro: uno dibuja en una mesa y el otro toca la guitarra, con proyecciones coloridas detrás.
Kevin Johansen y Liniers se presentaron en el Teatro Hotel Guaraní durante un concierto muy especial.Fernando Romero

El miércoles 22 de abril, el Teatro Guaraní fue el lienzo de un encuentro donde la música de Kevin Johansen y los trazos de Liniers se fundieron en una bitácora sensorial. Entre canciones, dibujos y humor, la dupla transformó la noche en una experiencia poética que celebró la complicidad y el arte en movimiento.

El cantautor Kevin Johansen y el dibujante Liniers volvieron a demostrar que la música y el dibujo son lenguajes que se entrelazan mejor que cualquier discurso. El encuentro, que tuvo lugar este miércoles 22 de abril en el Teatro Guaraní fue una bitácora de viaje sensorial donde el humor, la improvisación y la complicidad con el público paraguayo transformaron el escenario en un lienzo vivo.

Entre anécdotas de giras y trazos que cobraban vida al ritmo de los acordes, la dupla ofreció un repaso poético por sus carreras, recordándonos que el arte, en su estado más puro, sucede siempre en presente.

La noche comenzó como un viaje que se construye sobre la marcha, sin mapas pero con el pulso firme. “Calentando motores con un tema que nadie pide; los acordes te llevan por picos, por curvas”, soltó Kevin Johansen al dar el primer paso con “Road Movie”. El escenario se transformó de inmediato en una ruta visual con imágenes de Paraguay de fondo, mientras el aire se sentía cargado de esa complicidad que solo los años de amistad entre la voz y el pincel pueden forjar.

“El clima desde que llegamos decía lluvia, pero estuvo bonito”, celebró Kevin, agradeciendo esa tregua meteorológica que permitió que la magia fluyera sin interferencias, ya que el pronóstico anticipaba tormentas para toda la semana.

Kevin Johansen, con traje oscuro y gafas, toca la guitarra mientras Liniers, en camiseta negra y gorra, lo asiste desde una mesa.
Liniers y Kevin Johansen en un tramo del espectáculo que ofrecieron, en el cual reinaron las risas por la alegría compartida.

Esa armonía se trasladó a las canciones, donde la realidad se filtró en la lírica. En “Es como el día”, un tema que celebra la luz cotidiana y el asombro ante lo simple, Kevin resaltó el verso: “y si se ríe se arregla hasta Palestina”, arrancando un aplauso que fue más un abrazo colectivo. Mientras, en el lienzo Liniers trazaba un fantasma, una figura que Kevin cuestionó con humor. “El arte me va a llevar a lugares, no voy a cuestionar”, replicó el dibujante con esa picardía que lo caracteriza, dejando que el trazo dictara su propio destino.

El show avanzó entre la gravedad y el juego. Durante “Baja a la tierra”, una invitación a la humildad y a reconectar con la raíz, Liniers lanzó avioncitos de papel hechos con sus propios dibujos hacia la audiencia. “En un acto de extraña generosidad porteña, tiró un avioncito”, ironizó Kevin, mientras los trozos de arte volaban sobre las cabezas del público. Esa ligereza se volvió introspección con “El palomo”, una canción melancólica que la gente acompañó con susurros, casi temiendo romper el cristal de la interpretación.

El homenaje llegó de la mano de “Modern Love”, la pieza de David Bowie que se transformó en una pizarra de juegos lingüísticos. En la pantalla, Liniers jugaba con los titulares: de “Emo Love” a “Demon Lover”, rindiendo tributo al Duque Blanco.

Hombre con gorra y gafas concentrado frente a un micrófono, con pinceles y pintura en un ambiente oscuro.
Ricardo Liniers Siri es la otra mitad de Kevin Johansen. El uno con el otro crean una dupla irrepetible.

Luego el clima se vistió de sensualidad con “Down With My Baby”, esa balada que evoca atmósferas de alcoba y suspenso cinematográfico, para luego dar paso a la calidez de “Tú ve”. Allí, Kevin recordó a su amiga Natalia Lafourcade, con quien comparte este tema sobre el amor libre, antes de hacer una pausa para confesar su amor por la gastronomía local: “No puedo creer que por primera vez nos dieron vorí vorí, la mejor sopa del mundo”, dijo, sellando su idilio con el público paraguayo y agradeciendo a amigos.

El segmento más lúdico de la noche apareció con “My Name is Peligro”, un homenaje a las bandas sonoras de Ennio Morricone. Liniers dibujó un vaquer del lejano oeste que cobraba vida con unos ojos móviles que terminaron siendo un único punto negro en el vacío. Entre bromas sobre aquella obra de la banana pegada en la pared y la democratización del arte, la música siguió con la vulnerabilidad de “No voy a ser yo”, “Ni idea” y la crítica social de “Mc Guevara’s o Che Donald’s”, donde Liniers alternó entre los pinceles y los colores de una armónica ante una ovación cerrada.

La nostalgia y la actualidad se mezclaron en “El círculo”, una canción sobre los ciclos de la vida. En la pantalla desfilaron círculos que contenían desde el recuerdo del fallecido Enrique “Zurdo” Roizner, baterista de Johansen, hasta la figura de Messi. Liniers bromeó sobre su foto con el astro del fútbol, mientras Kevin aprovechó para celebrar el buen momento de la selección paraguaya: “Felicidades por volver al mundial”, dijo, mencionando su admiración por Miguel Almirón.

Kevin Johansen, con anteojos y saco oscuro, toca la guitarra en un escenario iluminado, concentrado en su actuación.
Kevin Johansen entregó canciones brillantes de su repertorio.

La recta final fue un carrusel de emociones. Antes de “Vals de la luna”, un tema que evoca el romanticismo clásico, Kevin bromeó sobre sus nupcias: “Les recomiendo casarse, lo hice tres veces”. Luego se puso de pie para “La hamaca”, dedicándola a “la barra de Liniers”: los niños.

Hubo risas con “La Chanson de Prevert”, otro homenaje, esta vez a Serge Gainsbourg, donde el dibujante hacía de traductor literal y absurdo del francés, y un momento inédito cuando Liniers tomó un ukelele de dos mangos para interpretar “De música ligera” y “Creep”, mientras Kevin probaba suerte con los pinceles, antes de terminar rasgueando juntos en una pose que parodiaba una emblemática escena de Titanic.

La invitación a Stefy Ramírez par hacer “Desde que te perdí” aportó una frescura nacional, seguida por el pulso rioplatense de “Sur o no sur”. Entre verdades y bromas, se declararon “artistas comprometidos” antes de lanzarse al baile con “Sos tan fashion” y la infaltable “Anoche soñé contigo”.

Kevin Johansen, con gafas y camisa oscura, toca guitarra en el escenario mientras se proyecta arte colorido detrás.
La simbiosis entre música, colores y trazos hace de este un show que vale la pena presenciar en la vida.

El cierre fue un estallido de color: con sombreros pirí sobre sus cabezas y el escenario invadido por el público, la fiesta terminó con “Guacamole”, “Cumbiera intelectual” y “Fin de fiesta”, en tanto se colaba un beat de reggaetón, que Liniers usó para rapear algunas frases, entre ellas una donde se autodenominaba “los originales Paco y Ca7riel”. Fue un fin de fiesta donde el arte, la música y el humor demostraron que, cuando se trata de estos dos, no hay fronteras entre el papel y el escenario.

Para entonces, la idea inicial ya se volvió evidente. No era solo una frase de apertura. El concierto fue, efectivamente, un recorrido con curvas, desvíos y cambios de ritmo. Una narrativa en movimiento donde cada escena, ya sea una canción, un dibujo o un comentario al pasar, fueron construyendo algo sostenido en esa mezcla constante entre música, imagen y humor compartido.

El show de apertura estuvo a cargo del paraguayo Acho Laterza, quien aportó calidez con su guitarra, su voz y sus canciones propias e incluso algunos estrenos, y también con versiones de otros artistas, como “De mí”, de Charly García, y “Cambalache”, de Enrique Santos Discépolo.

Juan Ignacio "Ancho Laterza" con guitarra acústica, sentado en escenario iluminado con luces azules, luciendo vestimenta ligera y pulseras.
Acho Laterza iluminó el inicio con sus canciones propias y también algunas versiones.