“Los caballeros”, un buen regreso a las raíces de Guy Ritchie

El cineasta británico vuelve a echar mano del tipo de historias de crimen que lo lanzaron a la fama, con un relato creativo y enrevesado de una guerra fría en el submundo del narcotráfico en Inglaterra.

Los caballeros
Colin Farrell y Charlie Hunnam, en "Los caballeros".STX Films

(En cartelera en cines)

Luego de más de una década de haber probado suerte dirigiendo superproducciones de acción y/o fantasía, con resultados por lo general decentes pero nunca demasiado espectaculares –a excepción de la criminalmente infravalorada película de espionaje El agente de C.I.P.O.L., fácilmente su mejor película de los últimos diez años–, el cineasta británico Guy Ritchie regresa al tipo de historias con las que se puso a sí mismo en el mapa en primer lugar.

Su nueva película, Los caballeros, es un relato de mafiosos, criminales de poca monta y demás calaña del submundo marginal británico que, al igual que otras películas previas de Ritchie como Snatch y RocknRolla, hace malabares con un amplio elenco de coloridos personajes y una trama que parece simple al principio pero que va zigzagueando entre giros y curvas narrativas casi hasta el ridículo, todo con un sentido del humor seco y un ritmo enérgico apuntalado por una banda sonora que trata de emular el uso de canciones clásicas que hace Quentin Tarantino.

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Los caballeros
Michelle Dockery y Matthew McConaughey, como Mickey y Rosalind Pearson.

En otras palabras, más de lo mismo para el viejo Ritchie. Luego de sus años aventureros de la década pasada, que incluyó fantasías épicas, acción de época e incluso un musical, Ritchie vuelve a arroparse en lo que sabe, a darnos más de lo que nos hizo admirarlo en primer lugar, y prueba una vez más que “más de lo mismo” no tiene por qué ser algo malo.

La enrevesada historia de Los caballeros gira en torno a Mickey Pearson (Matthew McConaughey), un estadounidense radicado en el Reino Unido que construyó un lucrativo imperio de plantaciones secretas de marihuana, y planea retirarse del negocio vendiendo sus operaciones a un poderoso empresario, pero mientras el segundo al mando de Mickey, Raymond (Charlie Hunnam) debe lidiar con un investigador privado (Hugh Grant) que busca chantajear a su jefe, un joven heredero de la mafia china (Henry Golding) busca obligar a Mickey a que le venda el negocio a él.

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Ritchie claramente disfruta de la flexibilidad de volver a algo originalmente suyo luego de años trabajando en adaptaciones y remakes.

El director y guionista toma una historia que no sería particularmente compleja si se descompusiera en sus componentes clave, y la procesa a través de saltos atrás y adelante en el tiempo, con la ingeniosa decisión de hacer que la película se narre en su mayor parte a través de Fletcher, el personaje de Hugh Grant, mientras va explicando a Raymond por qué a Mickey le conviene pagarle para enterrar sus descubrimientos, amenazando con entregarlos a un tabloide cuyo editor tiene un rencor personal con el americano.

Los caballeros
Charlie Hunnam, como Raymond, y Hugh Grant, como Fletcher.

De forma admirablemente descarada, Ritchie hace que Fletcher presente su relato en la forma de un guión de cine, dándose a sí mismo carta blanca para explicar los antecedentes y el contexto de la historia – que incluye además a aristócratas en desgracia económica, mafiosos rusos y peleadores que al mismo tiempo son artistas amateur de hip hop, entre otros disparatados personajes – con cantidades de narraciones en off que harían sonrojar a Martin Scorsese.

La verdad es que fácilmente el resultado de todo esto podría haber sido insufrible, pero Ritchie se apoya principalmente en la fuerza de su elenco protagonista, y aunque McConaughey y Hunnam hacen un gran trabajo como los pilares de apoyo de la historia, el verdadero pilar de soporte de la película es Grant, que es sencillamente extraordinario como el avatar del verborrágico guión de Ritchie.

Fletcher está convencido de que es el tipo más listo en todo el meollo, y Grant lo interpreta como un tipo que está insoportablemente enamorado del sonido de su propia voz, e irritantemente convencido de la enormidad de su propio intelecto, del ingenio y la elegancia de sus palabras, volviéndolo cómicamente molesto para el pobre de Raymond pero altamente entretenido para el espectador; y no es difícil interpretar al personaje como una pieza de autocrítica – con un poco de egomanía - de parte del propio Ritchie.

La película está quizá un poco sobrecargada de personajes y giros, hasta el punto que algunos miembros del elenco como Michelle Dockery – como la implacable esposa de Mickey – y Colin Farrell como un entrenador de pelea que se ve obligado a involucrarse con los criminales por culpa de las acciones insensatas de sus pupilos, se quedan cortos de tiempo en pantalla, pero quienes recuerden al Ritchie de sus inicios sabrán que un exceso de personajes es parte del paquete.

Pero al final, Los caballeros es un bienvenido regreso del Guy Ritchie primordial, otra divertida historia de tipos duros enfrentados entre sí y obligados a vérselas en situaciones violentas, oscuramente cómicas y violentamente cómicas.

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LOS CABALLEROS (The Gentlemen)

Dirigida por Guy Ritchie

Escrita por Guy Ritchie

Producida por Guy Ritchie, Ivan Atkinson y Bill Block

Edición por James Herbert

Dirección de fotografía por Alan Stewart

Banda sonora compuesta por Christopher Benstead

Elenco: Matthew McConaughey, Charlie Hunnam, Hugh Grant, Henry Golding, Michelle Dockery, Colin Farrell, Jeremy Strong, Eddie Marsan, Chidi Ajufo, Jason Wong, Tom Wu, Samuel West

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