“Nadie”

Bob Odenkirk hace un impresionantemente creíble salto al cine de acción en un filme entretenido y creativamente violento, aunque se siente algo derivativo de la fórmula de “John Wick”.

Bob Odenkirk en una de las imágenes promocionales de “Nobody”, la nueva película que protagoniza.
Bob Odenkirk en "Nadie".gentileza

(Disponible en cines)

Hay muchos factores que contribuyeron a que en 2014 John Wick se convirtiera en el fenómeno del cine de acción que acabó siendo, y los más obvios de esos factores probablemente son la clara, rítmica y elegante forma en que Chad Stahelski y David Leitch filmaban la acción y la dedicación de Keanu Reeves a hacer que esa acción sea lo más creíble posible por medio de un riguroso entrenamiento en combate armado y mano a mano.

Pero igual de importante – o quizá incluso más - que esos factores es el guion de titanio sólido que sostiene toda la estructura, cortesía de Derek Kolstad, que pintaba a John como una figura humana trágica y un ser mitológico al mismo tiempo, el temido ángel vengador de un inframundo criminal que existía y operaba bajo la piel de la sociedad.

En Nadie, Kolstad vuelve a tomar muchos elementos de la fórmula de John Wick – sinceramente, hasta el punto en que se siente como que hace trampa por momentos, como el alumno que copia la tarea de otro – pero dándole un giro mucho más ligero y menos complejo, sin las aspiraciones operáticas de la saga de Keanu.

El resultado es un filme entretenido pero no muy memorable más allá de la revelación que es Bob Odenkirk como estrella de acción.

Odenkirk interpreta a Hutch, que se considera a sí mismo un “don nadie”. Sus días como padre de familia y trabajador de oficina pasan con una monotonía rítmica hasta que esa rutina se ve violentamente interrumpida por un asalto a su casa en el que él decide no defenderse, una decisión que acaba detonando una serie de eventos que lo obligan a despertar una parte de sí mismo que se hallaba dormida.

Volvemos a tener en el centro de la historia a una leyenda de un submundo de violencia convertida en hombre de familia que se ve obligado a volver a su vieja vida de acción, y por ende una exploración de lo imposible que acaba siendo para nuestro protagonista cambiar quién es, por mucho que honestamente lo quiera o simplemente lo haya hecho a regañadientes.

Pero Odenkirk le da a Hutch una faceta de sutil “crisis de la mediana edad” que el trágico y sombrío John Wick nunca tuvo.

Al final es Hutch quien elije la violencia, y la encara con una creatividad y un ingenio joviales que le dan al filme un tono propio, aunque lastimosamente su relación con su verdadera naturaleza es algo que la película simplemente deja picando en medio de la cancha, sin explorarlo mucho más allá de una sola escena que deja claro por qué Hutch dejó de ser quien era y lo hace de forma tan interesante – principalmente gracias al gran trabajo de Odenkirk para plasmar sinceridad y amargura en su voz y rostro – que hubiera sido genial que la película se tome el tiempo de explorar un poco más la psique de su protagonista.

Donde no se le puede reprochar nada a la película es en la acción. En ese apartado Odenkirk es toda una revelación, portándose admirablemente bien a la hora de tener que repartir puñetazos y plomo en secuencias que carecen del dinamismo del ballet marcial de John Wick, pero que lo compensan con una mayor brutalidad y una más palpable fragilidad en los combatientes, en especial Hutch, ya que Odenkirk hace que cada uno de los moretones y huesos fisurados se sientan como tales luego de cada pelea.

El director Ilya Naishuller no es ningún Chad Stahelski, pero verlo pasar a un filme más tradicional luego del fallido experimento que fue la película de acción en primera persona Hardcore (2015) revela que bajo el desastre de aquella película de acción vía GoPro se ocultaba un director más que decente a la hora de hacer que sus escenas de pelea se sientan auténticamente dolorosas y tensas sin perder claridad o fluidez.

Y aunque no tiene un elenco tan colorido o un mundo tan detallado como el de su saga hermana, Nadie sí ostenta un divertido elenco secundario, desde el villano principal, un jefe mafioso ruso por Aleksei Serebryakov como un payasesco pero amenazador psicópata; hasta el legendario Christopher Lloyd que demuestra no estar demasiado viejo para meterse en algún que otro altercado.

No es nada extraordinario, pero Nadie es buen entretrenimiento sin demasiadas pretensiones. Y si Bob Odenkirk quisiera seguir el ejemplo de Liam Neeson y comenzar a hacer un montón de este tipo de películas una vez que termine de filmar Better Call Saul, los fans del género saldríamos ganando.

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NADIE (Nobody)

Dirigida por Ilya Naishuller

Escrita por Derek Kolstad

Producida por David Leitch, Braden Aftergood y Kelly McCormick

Edición por Evan Schiff y William Yeh

Dirección de fotografía por Pawel Pogorzelski

Banda sonora compuesta por David Buckley

Elenco: Bob Odenkirk, Connie Nielsen, Aleksei Serebryakov, Gage Munroe, Paisley Cadorath, Christopher Lloyd, RZA, Michael Ironside, Billy MacLellan, Colin Salmon