“Ni un paso en falso”

Steven Soderbergh hace un triunfal regreso al cine de crimen con una cautivadora telaraña de dobles y triples traiciones en la que Don Cheadle y Benicio del Toro lideran un elenco maravilloso.

Don Cheadle y Benicio del Toro en "Ni un paso en falso".
Don Cheadle y Benicio del Toro en "Ni un paso en falso".Warner Bros. Pictures

(Disponible en HBO Max)

El siempre prolífico y asombrosamente multifacético cineasta Steven Soderbergh hace su regreso a un cine de criminales de un sabor un poco más amargo – luego de filmes más ligeros y picarescos dentro de ese subgénero como Logan Lucky, La lavandería o la trilogía La gran estafa – uniendo fuerzas con el gran Ed Solomon (guionista de la trilogía Bill & Ted o la excelente primera Hombres de Negro) en una película que inmediatamente se ubica entre las mejores de lo que va del año.

Ni un paso en falso trascurre en Detroit en el año 1955. Dos veteranos criminales, Curt (Don Cheadle) y Ronald (Benicio del Toro) son contratados por un mafioso (Brendan Fraser) para lo que parece ser un trabajo simple: ir a la casa de un oficinista (David Harbour), tomar de rehenes a su familia y obligarlo a que retire un importante documento de su oficina.

Sin embargo, Curt y Ronald no tardan en descubrir que el trabajo aparentemente simple para el que se anotaron es solo la fachada de una complicada y posiblemente mortal conspiración, y a regañadientes se ven obligados a trabajar juntos para salir con vida y, con un poco de suerte, ricos.

El agudo guion de Solomon, combinado con la maestría en edición de Soderbergh, hacen que una historia que está llena de giros y complicaciones – que francamente casi se les van de las manos por momentos y hacen que la película sea por momentos algo difícil de seguir, en especial hacia el final – sin embargo se sienta dinámica y propulsiva.

Hay cierto placer cruel en ver cómo un plan aparentemente limpio y sencillo de ejecutar se va deshilachando cuando sus hilos inevitablemente se enganchan en los clavos de variables impredecibles entre las que Curt y Ronald deben intentar navegar, desde los planes desconocidos de quien los contrató y quien quiera que está estirando los hilos detrás de él, o la naturaleza impredecible de su compañero en crimen (Kieran Culkin), o la volatilidad de un matrimonio que se cae a pedazos, amantes y políticas de oficina.

Eso sin mencionar los complicados pasados que tanto Curt como Ronald arrastran detrás suyo, y que podrían o tener incidencia en su trabajo actual.

Eventualmente, a través de todos los engaños y revelaciones, y los numerosos intereses que juegan uno contra el otro detrás del dichoso documento que todo el mundo busca, la película va poniendo las cartas sobre la mesa y revelándose como un inteligente homenaje a la ficción “noir” ambientada en las décadas en las que los Estados Unidos surfeaba la ola de bonanza económica que le llegó después de la Segunda Guerra Mundial, y poderosos magnates y políticos jugaban una partida de ajedrez con los destinos de ciudades enteras como tablero, y las vidas de miles de personas como piezas.

Curt y Ronald son dos peones en ese juego de ajedrez que acaban yendo cara a cara con reyes, reinas, alfiles y torres, y todo desemboca en un desenlace que ostenta toda la furia contra el “Sistema” que Soderbergh intentó plasmar en la totalidad de La lavandería, pero con mil veces más elegancia y efectividad.

Pero más allá del excelente guion de Solomon y la cautivadora forma en que Soderbergh presenta el filme, moviéndose con ligereza entre tantas historias y personajes vistas a través de una lente con ligero efecto de “ojo de pez” que distorsiona todo lo que no está en el centro mismo de la pantalla, o frente mismo a los protagonistas; la película se termina de elevar gracias a su brillante elenco.

Cheadle y Del Toro son, lógicamente, excelentes como una pareja de criminales de poca monta pero altas ambiciones, pero la revelación del filme es David Harbour en un papel muy distinto al del tosco tipo duro con corazón de oro que suele interpretar en cosas como Stranger Things; aquí se transforma en una caricatura del típico padre de familia de la propagandística “familia nuclear” estadounidense de la época, que se deshace bajo el peso de sus propias ansiedades y cobardía emocional.

Si a ellos sumamos a Jon Hamm como un perspicaz detective con sus propios objetivos, a Julia Fox como una esposa de armas tomar y Ray Liotta como su esposo, un temido jefe mafioso; o a cierto actor fetiche de Soderbergh que hace una aparición sorpresa hacia el final, tenemos una combinación maravillosa de gente talentosa interpretando a un memorable elenco de rufianes y/o mentirosos.

Mención aparte merece el gran Brendan Fraser en lo que ojalá sea solo el primer paso en un merecido resurgimiento en un Hollywood que injustamente le dio la espalda. Aquí Fraser interpreta al matón mafioso Jones con una energía similar a la de John Goodman, capaz de transmitir férrea calma y furiosa amenaza de un momento a otro, y es todo un placer verlo de vuelta en un papel destacado, donde pertenece.

El año aún es joven, nos quedan aún seis meses enteros de él, pero en lo que va de un 2021 tan complicado como el año que le precedió, Ni un paso en falso es una de sus mejores películas.

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<b>NI UN PASO EN FALSO (</b><i><b>No Sudden Move</b></i><b>)</b>

Dirigida por Steven Soderbergh

Escrita por Ed Solomon

Producida por Casey Silver

Edición por Steven Soderbergh

Dirección de fotografía por Steven Soderbergh

Banda sonora compuesta por David Holmes

Elenco: Don Cheadle, Benicio del Toro, David Harbour, Amy Seimetz, Ray Liotta, Julia Fox, Jon Hamm, Brendan Fraser, Kieran Culkin, Noah Jupe, Bill Duke, Frankie Shaw, Craig Grant, Hugh Maguire, Byron Bowers, Matt Damon

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