“La calle del terror Parte 2: 1978”

Aunque es un decente espectáculo de horror sangriento, la segunda parte de la trilogía “La calle del terror” carece de los personajes inmediatamente entrañables que le daban fuerza al primer filme.

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Netflix

(Disponible en Netflix)

La primera entrega de la trilogía La calle del terror que Netflix estrenó la semana antepasada fue una grata sorpresa, un entretenido homenaje a Scream y los demás filmes de horror que influyeron en el género en los ’90, con un diverso y carismático elenco de protagonistas y una historia de herencias satánicas y un pueblo maldito que no era lo más sofisticado del mundo pero sí era lo suficientemente atrapante como para que uno quiera ver cómo evolucionaba la historia en las secuelas.

Ahora la primera de esas secuelas ya está disponible y mantiene la calidad de la acción sangrienta de la primera – y aumenta el número de muertes – pero se queda algo corta al colgarse de un elenco de muy buenos actores que deben interpretar a personajes inicialmente algo genéricos y poco memorables, y una historia que tarda demasiado en ponerse en marcha.

Tras los acontecimientos del primer filme, Deena (Kiana Madeira) y su hermano Josh (Benjamin Flores Jr.) llevan a una poseída Sam (Olivia Welch) al hogar de C. Berman (Gillian Jacobs), la única mujer que se vio directamente tocada por la maldición de la bruja Sarah Fier y sobrevivió.

La mayor parte de la película es un “flashback” en el que se cuenta cómo fue el sangriento primer encuentro de las hermanas Cindy (Emily Rudd) y Ziggy Berman (Sadie Sink) con la maldición de Shadyside, mientras ambas se hallaban en un campamento de verano con decenas de otros niños y adolescentes de su pueblo y del vecino Sunnyvale.

Por un lado el filme no avanza demasiado en detallar el pasado de Shadyside y la maldición Fier – algo que claramente se están guardando para la última película - pero sí hace un gran trabajo a la hora de establecer la inquietante idea de que Shadyside es el equivalente sobrenatural de un área contaminada con radiación, cuya influencia perversa afecta de forma muy sutil pero innegable a sus habitantes (y solo a sus habitantes).

Varias veces los personajes se quejan de una fuerza abstracta de vampiresca negatividad que los ancla al pueblo, imposibilitándoles escapar a vidas mejores por mucho que lo deseen, como si la sola proximidad al área de influencia de Sarah Fier degrada a las personas, los envenena de forma sutil hasta que uno de los asesinos poseídos viene a terminar el trabajo.

El problema es que el filme tiene un arranque bastante lento y soso, y ni Ziggy ni Cindy, nuestras dos protagonistas principales, son tan inmediatamente interesantes como era el elenco de la primera película, dando una primera impresión demasiado genérica y unidimensional: Ziggy la rebelde contra el mundo y Cindy el bastión de la moralidad, ambos arquetipos muy populares en los filmes “slasher” de los ’80 de los que esta película claramente toma la mayor parte de su inspiración.

Eventualmente la película termina de arrancar y al llegar más o menos a los 40 minutos termina de entrar en ritmo, comienza la masacre y la directora Leigh Janiak finalmente tiene la oportunidad de darse rienda suelta con la acción, que es más copiosa y frecuente que la del primer filme, con todo un campamento de niños y adolescentes semi-anónimos para que el asesino de turno haga lo suyo en secuencias que por momentos son genuinamente chocantes - aunque acertadamente la violencia contra niños se mantiene fuera de cámara - y muy tensas.

Pasado ese arranque lento los personajes también van cobrando más profundidad a medida que comienza a hacerse evidente la influencia mental y emocional de la maldición, y la desesperación de las hermanas Berman por salir con vida, arreglar su relación y escapar de Shadyside acaba convirtiéndolas en determinadas heroinas.

Incluso el elenco de secundarios, en especial la cáustica Alice (Ryan Simpkins), transcienden sus arquetipos y se vuelven genuinamente entrañables a medida que la historia avanza.

Si uno es capaz de superar esos tediosos primeros cuarenta y tantos minutos de película, La calle del terror Parte 2 es un filme “slasher” decentemente entretenido con algunas ideas muy interesantes y perturbadoras que parecen prometer una interesante conclusión a esta trilogía.

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LA CALLE DEL TERROR PARTE 2: 1978 (Fear Street Part 2: 1978)

Dirigida por Leigh Janiak

Escrita por Leigh Janiak y Zak Olkewicz (basada en libros de R.L. Stine)

Producida por Peter Chernin, David Ready y Jenno Topping

Edición por Rachel Goodlett Katz

Dirección de fotografía por Caleb Heymann

Banda sonora compuesta por Marco Beltrami y Brandon Roberts

Elenco: Sadie Sink, Emily Rudd, Ted Sutherland, Ryan Simpkins, McCabe Slye, Jordana Spiro, Brandon Spink, Chiara Aurelia, Jordyn DiNatale, Drew Scheid, Kiana Madeira, Benjamin Flores Jr., Olivia Welch, Gillian Jacobs, Ashley Zukerman