“King’s Man: El origen”

La precuela de la saga “Kingsman” toma un momento histórico propicio para la acción de primera y la aguda crítica política que caracterizaron a esta serie, y acaba desperdiciándolo en una historia confusa y carente de la ácida furia y el humor cáustico de las películas anteriores.

King's Man el origen película Ralph Fiennes
Ralph Fiennes en "King's Man: El origen", actualmente en cines de Paraguay.20th Century Studios

La saga Kingsman llega a lo que esperemos sea su final con todo el ímpetu de un maratonista que gastó toda su energía en un “sprint” inicial y llega a la recta final arrastrando los pies.

Tomando una sola línea de diálogo de la muy buena primera película como base para una precuela que explique los orígenes de la agencia de espionaje Kingsman, esta precuela aporta poco en materia de adiciones interesantes a la historia de la saga o en materia de acción memorable, sintiéndose completamente superflua para cuando llegan los créditos finales.

King’s Man trascurre a principios del siglo XX. El duque Orlando de Oxford (Ralph Fiennes) encabeza una red clandestina de espías dedicada a proteger al Reino Unido, pero a pesar de sus mejores esfuerzos no logra evitar que un asesinato político desencadene la Primera Guerra Mundial.

Al descubrir que la guerra está siendo manipulada por una siniestra sociedad secreta, Orlando, su hijo Conrad (Harris Dickinson) y sus sirvientes y agentes Polly (Gemma Arterton) y Shola (Djimon Hounsou) se ven obligados a intentar desenmascarar a la enigmática figura detrás del complot.

La primera película de Kingsman que el director Matthew Vaughn estrenó en 2014 era un filme crudo y caricaturesco de acción que guardaba bajo su descabellada trama, sobre un billonario que quería aniquilar a la mayor parte de la población mundial para salvar el planeta del desastre ecológico, un duro mensaje antielitista y anticlasista.

Vaughn claramente tiene opiniones fuertes sobre la forma en que unos pocos privilegiados se sienten con el poder de decidir sobre la vida y la muerte de los “comunes”, y sobre la naturaleza misma de esos privilegios, porque el tema vuelve a surgir en la segunda película, El círculo dorado, cuando el presidente de los Estados Unidos decide dejar que una narcotraficante elimine a todos los drogadictos del mundo.

En ese sentido hay cierto sentido de consistencia en la decisión que Vaughn y su co-guionista en King’s Man, Karl Gajdusek, toman de reescribir la historia para que la Primera Guerra Mundial sea también el producto de un complot maligno en vez de lo que realmente fue, el resultado de una catastrófica combinación de miopía política, ambición imperial y malos giros de dados en el juego de azar de las monarquías hereditarias, arrojando líderes ineptos en el peor momento histórico imaginable.

El problema es que la trama de complot secreto que ofrece la película es la versión más aburrida imaginable de una historia sobre una versión alternativa de los eventos de la Primera Guerra Mundial, con un villano central de motivaciones confusas y protagonistas poco interesantes a pesar de los mejores esfuerzos de un elenco de calidad encabezado por un Ralph Fiennes que intenta cargarse la película al hombro, pero que recibe muy poco con qué trabajar.

Lo cierto es que la relación entre Orlando y su hijo o entre el duque y sus sirvientes/colegas está lejos de ser explorada con el mismo cuidado y esmero que la de Eggsy y Harry en Kingsman, lo que es algo decepcionante.

De las tres Kingsman, esta tercera película es en la que el mensaje anti aristocrático es - irónicamente teniendo en cuenta la trama - menos prevalente, explícito y confrontativo, y por lo tanto la película tiene menos fuerza propusiva detrás de su argumento de espías caballerosos y caricaturas de figuras históricas como Rasputin, el káiser Wilhelm, el presidente estadounidense Woodrow Wilson o el zar Nicolás de Rusia.

Por momentos la película logra hacer algún chiste histórico ingenioso que sacará alguna risa a aquellos que saben de historia – como el hecho de que el rey Jorge V de Inglaterra, el káiser Wilhelm y el zar Nicolás son interpretados por el mismo actor, el gran Tom Hollander –, pero en general la película es sorprendentemente aburrida.

En cuanto a la calidad de sus secuencias de acción, por lo general King’s Man ofrece batallas y peleas decentes – siendo la mejor un frenético ballet de combate entre Orlando, Conrad, Shola y el Rasputin de Rhys Ifans que es un testamento de la calidad de las coreografías de pelea del legendario coordinador de artes marciales Bradley Allan, que en paz descanse –, pero nada que llegue cerca de los niveles de espectáculo de la ridículamente asombrosa batalla de la iglesia en la primera Kingsman o la persecución inicial de El círculo dorado.

Con una gran primera película y dos decepciones consecutivas, es seguro decir que la saga Kingsman probablemente agotó todo su combustible y es tiempo de que Matthew Vaughn dedique sus considerables talentos a otros menesteres.

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KING’S MAN: EL ORIGEN (The King’s Man)

Dirigida por Matthew Vaughn

Escrita por Matthew Vaughn y Karl Gajdusek (basada en un cómic de Mark Millar y Dave Gibbons)

Producida por Matthew Vaughn, Adam Bohling y David Reid

Edición por Jason Ballantine y Robert Hall

Dirección de fotografía por Ben Davis

Banda sonora compuesta por Dominic Lewis y Matthew Margeson

Elenco: Ralph Fiennes, Harris Dickinson, Gemma Arterton, Djimon Hounsou, Rhys Ifans, Matthew Goode, Charles Dance, Tom Hollander, Daniel Brühl, Aaron Taylor-Johnson, Joel Basman, Alexandra Maria Lara, Valerie Pachner, August Diehl, Ian Kelly, Stanley Tucci

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