Chicoplastic – Mundo Material: esa hermosa sensación de vacío

Arte de tapa de "Mundo Material"
Arte de tapa de "Mundo Material".Gentileza

Hace unos meses, Chicoplastic —banda nacional de shoegaze y noise rock— lanzó su EP debut, Mundo Material. Son canciones posta: potentes, pero sobre todo distintas, que le suman bastante al registro de esta nueva escena del rock local.

No sé en qué momento el shoegaze se cruzó con los guturales y los riffs pesados. Habrá sido a principios de los 90, cuando la distorsión etérea de bandas como My Bloody Valentine o Slowdive conoció a la pesadez de Deftones y la crudeza del grunge y el metal alternativo.

Pero no importa tanto el origen exacto ahora; lo que importa es que esa tradición de guitarras abrasivas y atmósferas densas viajó a través de las décadas hasta conectar directo con lo que se está gestando hoy en día en nuestra escena.

Quien escribe está más cerca de los 40 que de los 20 y en su momento -lastimosamente- no le dio mucha bola a este movimiento, pero acá estamos, con toda honestidad para hacer la mejor reseña posible.

Vamos al grano. Qué linda propuesta metió Chicoplastic, este grupo formado por Azul Duvivier, Agustín Encina, Nicolás Villalba y José Torales. Lo descubrí en septiembre del año pasado cuando me mandaron al privado el link de “Unánime”.

Ahí estaba esa agresividad que me mueve, en la dosis justa. La voz de Azul me transporta directo a unos Vans caño bajo y a un cuarto con piso ajedrezado en blanco y negro. Los riffs y la batería, por su parte, me dan ganas de meterle una patada a lo que sea que tenga enfrente dentro de esa habitación.

El trabajo arranca con “Woof”, cuatro minutos y pico que se dividen en dos partes. La primera es pura rabia, estrés y ganas de sacarlo todo en un pogo sin frenos. La segunda más como pausa de hidratación, cerrando con un final instrumental bastante elegante.

Luego llega “La vez que vi el nombre de Pupi en la Despensa”, un poema que funciona como preludio retratando el vacío profundo tras la ausencia del único ser vivo que nos motiva a seguir en este plano. Este intro le abre paso a “Escondidas”, donde entra de lleno la historia de Pupi, sus andanzas y el momento en que salió para no volver. ‘Y el otro dijo, no se halla, no se halla’. A partir de ahí, la nada misma.

En “Slaidin” volvemos al pogo, al choque y a ser feliz con eso. Te podés caer, pero no pasa nada, porque al menos por tres minutos volvemos a ser felices y sonreímos por dentro. Esos 18 segundos finales son la dosis de locura justa y necesaria para arrancar un lunes a las 7 de la mañana.

“Perro semihundido” aparece como un segundo preludio: otro poema dedicado a lo eterno de esos momentos compartidos con quien siempre estuvo al lado sin pedir nada a cambio.

Prepara la cancha para “Saltando Vallas”, un cierre de historia más chill, aunque no por eso menos ruidoso. Para culminar el viaje, “Gonzo I” entra como el outro definitivo que termina de marcar el adiós a Mundo Material.

Demasiadas emociones contenidas que se condensan de forma tremenda en un debut que, casi sin proponérselo, se vuelve ambicioso. Que viaja entre ingredientes del midwest emo, algo de post-hardcore y un toque de post-rock, como receta de este plato que nos presentaron en mayo pasado.

En lo personal, me quedé con ganas de seguir escuchando a Chicoplastic y de verlos crecer junto a otras bandas socias de esta misma onda, como Mi Sueño Póstumo o Invierno del 92. Mientras tanto, le doy play de vuelta al EP.