El viaje existencial de “Toy Story” llega a buen puerto

La entrega final de la saga que lanzó a Pixar al mundo es otra conmovedora reflexión sobre la vida desde la perspectiva de Woody y compañía, un final a la altura de la calidad de sus ilustres predecesoras.

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En 1995, Toy Story no solo marcó un cambio fundamental en la animación de Hollywood, plantando la primera bandera de la animación por computadora que unos diez años después había reemplazado casi por completo en Estados Unidos a la animación tradicional, sino también marcó el inicio de una racha absolutamente legendaria.

Entre 1995 y 2010, entre Toy Story y Toy Story 3, Pixar lanzó once películas de las cuales nueve podrían considerarse clásicos modernos, e incluso las dos que no están a la misma altura, Bichos y Cars, son filmes entretenidos y disfrutables.

Desde entonces su trayecto ha sido más mixto: una década con solo dos películas “cinco estrellas” - Intensa-Mente (2015) y Coco (2017) – es, para los estándares de Pixar, decepcionante.

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Pero creo que podemos mejorar un poco ese balance añadiendo un clásico más justo a tiempo antes de que acabe la década, porque Toy Story 4 es al menos igual de buena que sus predecesoras.

A pesar de los nueve años que separan a esta película de la anterior, esta vez en la historia no hay un salto de tiempo, más allá de un breve prólogo que trascurre entre Toy Story 2 y 3, y que explica la ausencia de Bo Peep (Annie Potts) durante los acontecimientos de la película anterior.

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Woody (Tom Hanks), Buzz (Tim Allen) y compañía ahora viven con Bonnie, la niña a la que los regaló su humano Andy, quien en su primer día en el pre-escolar creó un nuevo amigo, un rudimentario muñeco hecho de un “spork” (una cuchara-tenedor de plástico).

Este nuevo juguete, Sporky (Tony Hale), está convencido de que es basura y no un juguete, pero como es el nuevo favorito de Bonnie, Woody decide asegurarse de impedir que este vaya a parar al basurero, lo que se complica enormemente cuando Bonnie y su familia deciden irse de viaje.

Si bien película podría centrar en las fascinantes interrogantes existenciales que parten del hecho de que desde la perspectiva de los juguetes de este mundo cualquier niño es un dios con el poder de crear vida, el equipo de Pixar está más interesado en seguir usando a Woody y compañía como un medio para explorar la forma en que la vida va cambiando con el paso de los años; su motor sigue siendo eso que el villano de Toy Story 2 plasmó en una línea dicha precisamente a Woody: “¿Crees que Andy te va a llevar consigo a la universidad, o a su luna de miel?”

A estas alturas, Woody ya ha hecho las paces con el hecho de que los humanos crecen y van dejando a sus juguetes atrás, racionalizando que siempre habrá más niños, pero sigue teniendo una perspectiva más bien cerrada sobre los roles que uno puede tener en la vida, y el viaje (literal y metafórico) al que la película lo somete lo obliga a replantearse un poco su tendencia de hacer que su bienestar sea algo secundario y, más importante aún, su tendencia de presionar inintencionadamente a los demás a lo mismo.

Eventualmente la película lo confronta con una muy cambiada Bo Peep, que durante su ausencia de la casa de Andy se convirtió en una figura de liderazgo y un ser de enorme independencia, tomando un rol similar al que Woody tenía pero siendo su opuesto polar al mismo tiempo; y con Gabby Gabby (Christina Hendricks), una muñeca de una tienda de antigüedades con un séquito de aterradores guardaespaldas marionetas y que desea algo que Woody tiene.

Por medio de Bo y de Gabby es que la película plantea su conflicto central: si en Toy Story este era el miedo al cambio, en Toy Story 2 el miedo al abandono y en Toy Story 3 (en una forma más ambigua) el miedo a la mortalidad, Toy Story 4 gira en torno al miedo del final de las relaciones; es una historia de finales y comienzos, de finales que posibilitan comienzos.

Y si bien todo eso suena bastante pesado e intenso – y lo es –, Pixar, como siempre, tiene un gran talento para hilar esas ideas con historias entretenidas y divertidas, y Toy Story 4 está lleno de comedia de calidad. Forky es una gran adición al elenco, haciendo gran uso de su inocencia infantil en contraste con un Woody más fácilmente exasperable y sus interacciones con Gabby Gabby, que fácilmente es la mejor antagonista de toda la saga.

Y si bien Woody se queda con todo lo temáticamente interesante, y la mayor parte de los demás juguetes de Bonnie se quedan con casi nada qué hacer – salvo en una hilarante secuencia hacia el final –, Buzz tiene suficientes buenos momentos cómicos gracias a haber descubierto lo que cree es su “voz interior” y, luego, topándose con un par de belicosos peluches (el gran dúo de Keegan-Michael Key y Jordan Peele) que se quedan con algunas de las mayores risas de toda la película, con permiso del también divertido muñeco Duke Caboom (Keanu Reeves).

Como las tres películas anteriores de la serie, y como la mayor parte del maravilloso catálogo de Pixar, Toy Story 4 es una de esas películas envueltas en color y comedia que arropan un corazón enorme y un cerebro interesado en explorar la humanidad desde una perspectiva única, una de esas películas que se pueden apreciar a distintos niveles, a cualquier edad.

Películas como Toy Story 4 viven para siempre.

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TOY STORY 4

Dirigida por Josh Cooley

Escrita por Andrew Stanton y Stephany Folsom

Producida por Mark Nielsen y Jonas Rivera

Edición por Alex Geddes

Banda sonora compuesta por Randy Newman

Elenco: Tom Hanks, Tim Allen, Annie Potts, Tony Hale, Christina Hendricks, Keegan-Michael Key, Jordan Peele, Keanu Reeves, Madeleine McGraw, Ally Maki, John Ratzenberg, Joan Cusack, Bonnie Hunt, Kristen Schaal, Lori Alan, Jay Hernandez, Wallace Shawn, Blake Clark, June Squibb, Don Rickles, Carl Weathers, Timothy Dalton

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